El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. EFE

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España ofrecerá a Marruecos "un diálogo sin límites" sobre el Sáhara, Ceuta y Melilla

La devolución de los menores de Ceuta fue el primer paso de la distensión con el vecino del sur a la que ha dado carta de naturaleza Mohamed VI. 

23 agosto, 2021 07:21
Mariano Alonso Carlos Frías

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En poco más de un mes en el cargo, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha dado un viraje radical a la política con respecto a Marruecos. Un cambio profundo en relación a lo que supuso el mandato de un año y medio de Arancha González Laya al frente de la diplomacia española. 

La gestión de su antecesora estuvo marcada por un total desencuentro con el vecino del sur que culminó con el asalto migratorio a Ceuta de mayo, después de la operación por la que España acogió en secreto en un Hospital de Logroño al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Ahora, en cambio, el trabajo larvado que desde hace semanas se lleva en Exteriores con respecto al vecino del sur comienza a dar sus frutos, pese a estar siendo eclipsado mediáticamente por la crisis en Afganistán y el repligue de nuestro país.

Primero con el acuerdo para la devolución de menores del pasado 13 de agosto -paralizado judicialmente ante las posibles irregularidades en el mismo del ministerio de Interior- y luego, justo una semana después, con las palabras que pronunciaba este viernes Mohamed VI durante su discurso anual. "Con sincero optimismo, expresamos el deseo de seguir trabajando con el Gobierno español y su presidente, Pedro Sánchez, con el fin de inaugurar una etapa inédita en las relaciones entre nuestros dos países" afirmaba el monarca alauí. 

Lo dicho por el jefe de Estado de Marruecos no es baladí, ni se producen sus palabras de manera unilateral. Al contrario, lo que hace Mohamed VI es recoger el guante lanzado en conversaciones discretas desde la llegada de Albares para abrir una etapa de "diálogo sin límites ni tabúes sobre Ceuta, Melilla y el Sáhara Occidental", tal y como confirman a EL ESPAÑOL fuentes de la diplomacia española. 

Es decir, se abordarán de frente, con sinceridad por las dos partes, los asuntos nucleares que enfrentan a ambos países desde hace décadas. 

En concreto, sobre la antigua colonia española nuestro país estará dispuesto, recalcan estas fuentes, a "escuchar lo que Rabat quiera de nosotros con respecto al Sáhara". O dicho de una manera más nítida aún, en el Palacio de Santa Cruz cunde la sensación de que si se reciben garantías sobre Ceuta y Melilla, nuestro país no sería un problema en relación al Sáhara. Unas palabras de peso viniendo de la potencia descolonizadora, según establece la misión MINURSO de las Naciones Unidas (ONU). 

Esta nueva etapa -"inédita" según Mohamed VI- aspira, según fuentes de Exteriores, a tener la envergadura de un nuevo acuerdo de cooperación y amistad que siente las bases de una relación estable al menos durante la próxima década. Y que deje atrás la conflictividad que desde la Marcha Verde durante la agonía del franquismo hasta el reciente asalto a Ceuta, pasando por Perejil en 2002, ha marcado las relaciones bilaterales. 

Encuentros discretos

De todo ello se lleva semanas hablando en encuentros discretos, los mismos que han propiciado el acuerdo sobre los menores que aún permanecían en Ceuta desde la crisis migratoria de mayo. Pero en Exteriores confían en que este episodio sea solo el comienzo de una entente de fondo que supere las diferencias de este último año.

El traspaso de carteras entre Laya y Albares.

El traspaso de carteras entre Laya y Albares. EFE

También sobre otros asuntos de vital importancia como la cooperación antiterrorista, las cuestiones comerciales o la relación con la Unión Europea, dada la condición de España como frontera sur del continente. 

A corto plazo, se tratará de que Rabat devuelva a su embajadora en Madrid, Karima Benyaich, retirada en el punto álgido de la crisis en primavera. Se trabaja también en una visita a Marruecos del propio Albares para reunirse con su homólogo marroquí, Nasser Bourita, algo que podría producirse coincidiendo con el comienzo del curso político. Para entonces su equipo espera que haya avances considerables en las negociaciones bilaterales.

Más adelante, y si todo transcurre según lo previsto, se podría preparar una próxima Reunión de Alto Nivel, la RAN que en principio iba a tener lugar a finales del año pasado, luego a principios de este 2021 y que se fue aplazando hasta hacerlo sine die.

A finales de 2020, la entonces portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, se escudó en la pandemia (España estaba aún bajo estado de alarma y sufriendo los estragos de la tercera ola) para justificar ese aplazamiento, pero la realidad era muy distinta. Los gestos desairados y unilaterales del entonces vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, que no dudaba en empuñar Twitter para defender un referéndum de autodeterminación para el Sáhara Occidental, supusieron, además de los tropiezos de Laya, una importante piedra en el camino. Ahora Sánchez y Albares confían en el perfil más discreto e institucional con el que se desempeña la actual vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz.

Menor hostilidad

Lo cierto es que desde la llegada de Albares al Ministerio todo parece en calma. Ya no hay escritos por parte de su homólogo marroquí, que se repetían casi cada semana tras la acogida de Ghali y los medios de comunicación afines al régimen han dejado a España fuera de su punto de mira. Las labores realizadas lejos de los focos, por ahora, han dado resultado al menos rebajando el nivel de tensión dialéctica.

Otro aspecto en el que se ha notado la distensión es en el papel de Felipe VI, dada la especial importancia que ha tenido tradicionalmente la Casa Real en todo lo referente a la monarquía alaui, desde los tiempos de Juan Carlos I y Hassan II

Felipe VI y Mohamed VI.

Felipe VI y Mohamed VI. EFE

El Rey no hizo ninguna declaración pública durante el enfrentamiento de mayo. No era el momento. Las primeras palabras llegaron casi dos meses y medio después de la crisis, el 31 de julio. Albares llevaba en el puesto 21 días.

El jefe del Estado resaltó la "profunda amistad" que le une con Mohamed VI. La afirmación llegaba con motivo del vigésimo segundo aniversario del monarca en el trono. La vuelta a los halagos públicos por parte de la Casa Real española es otro síntoma de que se están haciendo bien las cosas para retomar las buenas relaciones.

En la misiva, Felipe VI, que se expresa en su nombre "y en nombre del Gobierno y el pueblo españoles", trasmitió al soberano alauí "los mejores deseos de salud y prosperidad al muy querido pueblo amigo marroquí".

Asimismo, el rey de España expresó sus "más sinceras felicitaciones y mejores deseos de bienestar para el soberano y la Familia Real" marroquí, según MAP.

La última RAN entre ambos países (se han celebrado seis en total, en virtud de un Tratado firmado por nuestro país con Marruecos, Argelia y Túnez) tuvo lugar en 2015 en Madrid, con el Gobierno de Mariano Rajoy, del que era ministro de Exteriores José Manuel García Margallo. Una década antes, en 2003, se celebró otra RAN en Marruecos, en la que Mohamed VI recibió a José María Aznar justo un año después del incidente del islote Perejil.

Las relaciones con el vecino del sur llevan, por tanto, más de un lustro congeladas. El nuevo titular de Asuntos Exteriores se dispone ahora a enmendar el camino y ya cuenta con el aval público de Mohamed VI.