Rajoy y Sánchez, hace tan solo quince días en el Palacio de la Moncloa.

Rajoy y Sánchez, hace tan solo quince días en el Palacio de la Moncloa. Emilio Naranjo Agencia EFE

España PEDRO SÁNCHEZ

Sánchez llega a su moción de censura: o sale rumbo a Moncloa o a la enfermería

  • Si triunfa, Sánchez habrá probado que su determinación es capaz de superar la fragmentación y sacar partido a tan solo 84 diputados. 
  • Si naufraga, será la segunda vez en dos años tras dos elecciones generales con los peores resultados de la Historia. 

Cuando Pedro Sánchez presentó su moción de censura a Mariano Rajoy, los comentarios se sucedieron en su partido. La mayoría coincidía en una conclusión, que un líder territorial resumía así: "Lo único que no podíamos hacer es nada".

En el equipo de estrategia del candidato del PSOE añadían que la moción, en realidad, no tiene riesgos para él. "Siempre ganamos. O Pedro es presidente y entramos en otro escenario, o sigue siéndolo Mariano Rajoy. Y en ese caso, el que pagará el pato será Ciudadanos y Albert Rivera", explicaba un miembro de la Ejecutiva. 

Han ido pasando los días y a Sánchez se le ha ido poniendo cara de presidente a falta de tres escaños que espera obtener del PNV. En este tiempo, Pablo Iglesias ha comprometido su apoyo inequívoco y tanto PDeCAT, con más dudas, como ERC, más clara, han enviado la señal de que por ellos no quedará. Podrían abstenerse si el PNV lo hace pero, en ese caso, ya no importará demasiado. 

Rajoy acusa a Sánchez de "chantajear " a los partidos

Nervios en el PP y Ciudadanos

Los nervios en el PP y en Ciudadanos han ido en aumento. El PP ha elevado el tono y ha acusado a Sánchez de venderse al independentismo o convertirse en "un enemigo del Estado", en palabras de la número dos del PP, María Dolores de Cospedal.

Ciudadanos ha acusado a Sánchez de vetar incluso a presidentes de su propio partido, propuestos por Rivera, como el eurodiputado Ramón Jáuregui o el exministro Javier Solana, a los que el partido naranja vería como presidentes instrumentales sin más fin que llamar a las urnas. Pero esa propuesta no podrá ponerse sobre la mesa hasta que el viernes se dirima el futuro de Sánchez.

Sánchez cree que, o gana la Moncloa o unos cuantos puntos en las encuestas, dándole una patada a la tendencia que sitúa a Ciudadanos en cabeza en todos los estudios demoscópicos. 

Posible descontento en su partido

Sin embargo, su operación comporta muchos riesgos. El primero y más claro es despertar el descontento en su partido, que puede pasar del "no podíamos no hacer nada" a "pudimos haber hecho otra cosa".

Ya se escucha, con sordina, en algunas filas de la bancada socialista. "Si Sánchez quisiera echar a Rajoy, hubiera pactado elecciones con Podemos y Ciudadanos. Pero le importa más ser él el presidente que echar a Rajoy, así que a lo mejor acaba quedándose" el actual jefe del Ejecutivo, explica uno de los más críticos. 

"A nosotros esto nos viene fatal", explica un diputado andaluz. "Tanto si es presidente como si no, aquí se nos va a echar en cara haber pactado con independentistas y nacionalistas", según él. En ese sentido, la moción de censura ha obligado a reevaluar los planes de Susana Díaz, que afronta unas elecciones antes de marzo. Hace semanas corrían insistentes rumores de un adelanto para otoño que ahora ha quedado aparcado a la espera de ver cómo el electorado metaboliza la nueva situación. 

La apuesta de Sánchez es a todo o nada. Si es presidente, repartirá ministerios y su popularidad puede experimentar un ascenso meteórico que le haga olvidar todas las encuestas de los últimos meses. Habrá demostrado que su determinación por ser presidente venció incluso a una escuálida fuerza parlamentaria, a todos los dirigentes críticos de su partido e incluso a millones de ciudadanos. 

Los riesgos de fracasar

Pero si Sánchez fracasa, está por ver si será capaz de rentabilizar el intento. Especialmente si, como parece, los demás grupos llegan a forzar nuevas elecciones o en el PP cunde la convicción de que hay que adelantar elecciones. En ese caso, Sánchez se quedaría sin su efecto Moncloa y las elecciones podrían beneficiar a Ciudadanos. En el Congreso, estos días, lo que diputados de todo signo tenían claro es que, aunque Rajoy siga, no podrá hacerlo por mucho tiempo. 

Si Sánchez no es investido, acumulará dos investiduras fallidas en dos años. Lo habría intentado tras obtener, por segunda vez consecutiva, los peores resultados de la historia del PSOE. Desde que fue elegido en mayo y las encuestas le otorgaron un meteórico repunte, Sánchez ha ido perdiendo fuelle. ¿Y si no ser presidente devuelve al PSOE a esa tónica o la acentúa?

Muchos críticos con su gestión creen que sería el momento de empezar a pensar en la época postsánchez, elegido secretario general por primera vez en julio de 2014. "Si vuelve a fracasar, ¿cuántas veces tendrá que intentarlo hasta darse cuenta de que no es posible?", se pregunta un diputado que apoyó a Susana Díaz. Las primarias para elegir presidente del Gobierno en el PSOE podrían pasar de ser un mero trámite al objetivo de una nueva guerra interna socialista.