El globito rojo
Lela Mari
Kalandraka. 2006. 40 páginas, 11’90 euros. (A partir de 4 años)
El libro sin palabras constituye un universo de experimentación visual y narrativa donde la ausencia de un texto rector evidencia la pluralidad de interpretaciones y sentidos. Frente a este tipo de obras resulta revelador que el niño suela elaborar lecturas más ricas e imaginativas que el adulto. Lamentablemente, aún hoy persiste el prejuicio de que un libro donde "sólo" hay ilustraciones "sólo" sirve para quien no sabe leer y es un libro que tiene una "sola" lectura.
El globito rojo, originalmente publicado en 1967, evidencia cuán equivocada y contraproducente resulta esta idea. Su meditada economía de medios, su apuesta por la simplicidad o la presencia que tiene el espacio en blanco en la página son recursos a partir de los cuales esta ilustradora italiana transforma un mundo cotidiano en el reino cambiante de la imaginación. Nos invita a volver a él porque siempre nos reserva una nueva lectura.
El método del Doctor Alquitrán y el Profesor Pluma
Edgar Allan Poe
Libros del Zorro Rojo. 33 págs., 13’90 e. (A partir de 12 años)
Al interés que suscita entre los padres y profesores la necesidad de conseguir que los adolescentes se acerquen a los clásicos y formar su cultura literaria, se opone un marcado prejuicio de los chicos por toda obra que sea calificada de universal. Este enfrentamiento tiene causas que escapan de las explicaciones maniqueas y de las resoluciones unilaterales. Por eso, celebramos la creación de una colección juvenil que publica textos cuidadosamente escogidos, de autores magistrales, bien traducidos y en un formato seductor. En este caso, un extraordinario cuento de Poe es interpretado por el ilustrador argentino Pablo Páez, recreando el trazo de época y haciendo un uso del color con ciertas resonancias pop. Así, consigue plasmar la tensión entre la vigencia y la madurez que caracterizan a los clásicos y propone un atractivo señuelo.
Viruta
Carmen Martínez Gimeno.
Edelvives. 2005. 144 páginas, 6’50 euros. (A partir de 8 años)
La voz narrativa en primera persona es empleada en la literatura infantil para asumir la perspectiva del niño. Sin embargo, no tiene como finalidad reflejar el modo en que los chavales ven el mundo. Por el contrario, su objeto consiste en desarrollar el punto de vista de un protagonista infantil como contrapunto o contraposición al de los adultos. En este sentido, la identificación que se persigue con la voz en primera persona no radica en que el joven lector se reconozca en los hechos narrados sino que se trata más bien de que sienta empatía con la tensión que se ha elaborado entre lo que dice el niño y lo que piensa el adulto, entre la visión transgresora del chico y la conducta ya asentada de sus padres.
Viruta - con ilustraciones de Ignacio González- parte de una imagen que recoge muy bien la especificidad del género. El perro callejero que Javi, el protagonista, lleva a casa es invisible a los ojos de sus padres aunque él, sus mejores amigos y alguno que otro adulto lo puedan ver. De esta situación parten los momentos cómicos de la novela de Martínez Gimeno, el matiz crítico que subyace y el aprendizaje que Javi experimenta.
M
Lolita Bosch
S.M. 2005. 120 páginas, 7’25 euros. (A partir de 14 años)
El rótulo de novela realista se emplea en la literatura juvenil para designar libros que tocan temas "actuales" como las drogas, la discriminación, el aborto, las penalidades del Tercer Mundo o la violencia en sus múltiples manifestaciones. Tienen a su favor que captan el interés tanto del maestro como del adolescente; pues mientras que uno ve la excusa para tratar pedagógicamente un tema difícil, el otro se siente cautivado por una narración que está más cerca del reality show que de la literatura.
M es de las pocas novelas que dentro de este subgénero está bien escrita y destaca por su calidad. Con apariencia de ejercicio literario, Bosch consigue con éxito articular la experimentación y la intriga. De un modo diáfano le permite al lector que tome conciencia de la estructura narrativa sin por ello sacrificar el interés por la lectura. Así advierte que no sólo es importante lo que se dice sino también cómo se dice. Ahora bien, después de leer sus magníficas Tres historias europeas (Caballo de Troya) nos preguntamos ¿por qué una autora que al escribir para adultos teje un mundo ficcional tan sugerente e ilusorio cuando escribe para jóvenes se ancla en la referencia inmediata a la realidad?, ¿leeremos algún libro suyo para jóvenes con la calidad de éste?
Lela Mari
Kalandraka. 2006. 40 páginas, 11’90 euros. (A partir de 4 años)
El libro sin palabras constituye un universo de experimentación visual y narrativa donde la ausencia de un texto rector evidencia la pluralidad de interpretaciones y sentidos. Frente a este tipo de obras resulta revelador que el niño suela elaborar lecturas más ricas e imaginativas que el adulto. Lamentablemente, aún hoy persiste el prejuicio de que un libro donde "sólo" hay ilustraciones "sólo" sirve para quien no sabe leer y es un libro que tiene una "sola" lectura.
El globito rojo, originalmente publicado en 1967, evidencia cuán equivocada y contraproducente resulta esta idea. Su meditada economía de medios, su apuesta por la simplicidad o la presencia que tiene el espacio en blanco en la página son recursos a partir de los cuales esta ilustradora italiana transforma un mundo cotidiano en el reino cambiante de la imaginación. Nos invita a volver a él porque siempre nos reserva una nueva lectura.
El método del Doctor Alquitrán y el Profesor Pluma
Edgar Allan Poe
Libros del Zorro Rojo. 33 págs., 13’90 e. (A partir de 12 años)
Al interés que suscita entre los padres y profesores la necesidad de conseguir que los adolescentes se acerquen a los clásicos y formar su cultura literaria, se opone un marcado prejuicio de los chicos por toda obra que sea calificada de universal. Este enfrentamiento tiene causas que escapan de las explicaciones maniqueas y de las resoluciones unilaterales. Por eso, celebramos la creación de una colección juvenil que publica textos cuidadosamente escogidos, de autores magistrales, bien traducidos y en un formato seductor. En este caso, un extraordinario cuento de Poe es interpretado por el ilustrador argentino Pablo Páez, recreando el trazo de época y haciendo un uso del color con ciertas resonancias pop. Así, consigue plasmar la tensión entre la vigencia y la madurez que caracterizan a los clásicos y propone un atractivo señuelo.
Viruta
Carmen Martínez Gimeno.
Edelvives. 2005. 144 páginas, 6’50 euros. (A partir de 8 años)
La voz narrativa en primera persona es empleada en la literatura infantil para asumir la perspectiva del niño. Sin embargo, no tiene como finalidad reflejar el modo en que los chavales ven el mundo. Por el contrario, su objeto consiste en desarrollar el punto de vista de un protagonista infantil como contrapunto o contraposición al de los adultos. En este sentido, la identificación que se persigue con la voz en primera persona no radica en que el joven lector se reconozca en los hechos narrados sino que se trata más bien de que sienta empatía con la tensión que se ha elaborado entre lo que dice el niño y lo que piensa el adulto, entre la visión transgresora del chico y la conducta ya asentada de sus padres.
Viruta - con ilustraciones de Ignacio González- parte de una imagen que recoge muy bien la especificidad del género. El perro callejero que Javi, el protagonista, lleva a casa es invisible a los ojos de sus padres aunque él, sus mejores amigos y alguno que otro adulto lo puedan ver. De esta situación parten los momentos cómicos de la novela de Martínez Gimeno, el matiz crítico que subyace y el aprendizaje que Javi experimenta.
M
Lolita Bosch
S.M. 2005. 120 páginas, 7’25 euros. (A partir de 14 años)
El rótulo de novela realista se emplea en la literatura juvenil para designar libros que tocan temas "actuales" como las drogas, la discriminación, el aborto, las penalidades del Tercer Mundo o la violencia en sus múltiples manifestaciones. Tienen a su favor que captan el interés tanto del maestro como del adolescente; pues mientras que uno ve la excusa para tratar pedagógicamente un tema difícil, el otro se siente cautivado por una narración que está más cerca del reality show que de la literatura.
M es de las pocas novelas que dentro de este subgénero está bien escrita y destaca por su calidad. Con apariencia de ejercicio literario, Bosch consigue con éxito articular la experimentación y la intriga. De un modo diáfano le permite al lector que tome conciencia de la estructura narrativa sin por ello sacrificar el interés por la lectura. Así advierte que no sólo es importante lo que se dice sino también cómo se dice. Ahora bien, después de leer sus magníficas Tres historias europeas (Caballo de Troya) nos preguntamos ¿por qué una autora que al escribir para adultos teje un mundo ficcional tan sugerente e ilusorio cuando escribe para jóvenes se ancla en la referencia inmediata a la realidad?, ¿leeremos algún libro suyo para jóvenes con la calidad de éste?