Diseño: Rubén Vique.

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Letras

Substack, el refugio literario anti-ChatGPT que ya es una red social: "Aquí aún es posible leer sin todo ese ruido"

Esta plataforma de 'newsletters' se ha convertido en un oasis para escritores como Patti Smith o George Saunders y, por ahora, una alternativa a la toxicidad de redes como X.

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Recibir una carta de Patti Smith es posible. Quien dice carta, dice e-mail, pero como demostró Nora Ephron, ambos pueden ser igual de románticos. Smith, galardonada recientemente con el Princesa de Asturias de las Artes, envía prácticamente cada semana un texto por correo electrónico a quienes quieran leerla.

Solo hace falta suscribirse a través de Substack, una plataforma de boletines (newsletters) que se ha convertido en refugio de periodistas, escritores profesionales y aficionados, y en los últimos años también en una nueva red social, donde conviven desde Rosalía hasta Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York.

"En mi mundo de Substack, espero que tú, querido lector, seas mi libreta", escribió la poeta y artista visual al abrirse la cuenta en 2021, concebida como un diario íntimo en plena resaca pandémica, donde comparte desde entonces poemas, vídeos y textos inéditos.

Como Smith, miles de autores —desde Ottessa Moshfegh y Margaret Atwood, hasta George Saunders, Chuck Palahniuk o Nick Hornby— que, gratuitamente o con coste, llevan años subiendo sus textos a la plataforma, que en abril de 2026 superó los 50 millones de suscripciones activas en todo el mundo.

Creada en 2017 por los estadounidenses Chris Best, Hamish McKenzie y Jairaj Sethi, Substack es archiconocida en Estados Unidos y Reino Unido, pero su expansión a nivel internacional parece imparable. En febrero de 2026, la plataforma hizo su primer fichaje en España, nombrando a Marcos García Alonso director de Alianzas de Substack en nuestro país.

Mar Manrique, creadora de la newsletterFleet Street, fue una de las primeras españolas que desembarcaron en la plataforma hace ya cinco años. "Substack prometía poder dedicarte a escribir", cuenta a El Cultural la autora de Un trabajo soñado: El desencanto de una generación que quiso vivir de Internet (Península, 2026).

Manrique, galardonada con el Premio APM al Periodista Joven del Año 2025, se creó Substack como un camino paralelo al periodismo tradicional, un proyecto propio con el que estar en la órbita periodística y no prescindir de la escritura, el medio en el que más cómoda se siente.

"Empecé en un momento muy incipiente donde casi no había voces escribiendo en español. Entonces solo era una manera de saciar mi curiosidad e inquietud, porque pensaba: 'No me estoy dedicando a lo que yo quiero'. Ahora la plataforma está sobrepoblada y hay muchísima más gente". Coger la ola justo al principio, asegura, fue decisivo para crecer como lo ha hecho: su boletín, centrado en periodismo y medios de comunicación, lo reciben ya 11.000 personas.

Si Manrique encontró aquí una vía de entrada al periodismo, para muchos otros profesionales la plataforma se convirtió en una alternativa a los medios tradicionales. En sus inicios, Substack atrajo a firmas de grandes cabeceras con contratos fijos, y algunos de esos autores generan hoy millones de dólares en ingresos.

Pero todavía hay algo de la validación y la reputación que sigue ligada a los soportes de siempre. "Los periodistas y los perfiles creativos seguimos pasando por el aro de esos ritos de prestigio que son los medios analógicos. Por ejemplo, aunque las cifras de venta en papel sean muy bajas, publicar en papel continúa siendo el summum de los hitos que uno puede alcanzar como periodista".

Sin embargo, hay escritores que han renegado en parte de esos formatos clásicos. Lena Dunham, creadora de la serie Girls, optó por hacer la promoción de sus nuevas memorias en Substack, dejándose entrevistar en otras newsletters para presentar Famesick, que llegará a España en septiembre de la mano de Debate.

"Cada seguidor en Substack equivale a muchos más seguidores de Instagram o X, porque los usuarios de Substack son mucho más propensos a comprar un libro. Hay un aprecio por la palabra escrita que impregna todo este lugar", explicó sobre esta decisión en una de las entrevistas.

Mecenazgo literario

Parece que quien se toma la molestia en leer un boletín de 10 minutos tiene más predisposición a pagar por un libro que alguien que sencillamente da like a una foto en Instagram. Los datos no van desencaminados.

Según la consultora de análisis digital Backlinko, la plataforma cuenta con 17.000 escritores profesionales que generan ingresos directos de sus lectores y más de 8,4 millones de suscripciones de pago en todo el mundo. Las tarifas oscilan entre 5 y 15 euros al mes, de los que Substack se queda con un 10 % y el resto deriva al autor. Un sistema que se asemeja al usado por Medium, otra plataforma de escritura libre, o Patreon, sitio web de micromecenazgo.

Este tipo de sistema también genera dilemas en los autores. La escritora Marta Jiménez Serrano reconoce a El Cultural que inició una suscripción de pago en Substack porque le generaba "un poco de conflicto regalarle curro a las plataformas". "Creo que el trabajo hay que pagarlo y el trabajo cultural también".

No obstante, ha acabado desechando esta opción. "Al ser de pago, las personas que se suscribían a mi Substack eran personas muy fans de mi escritura. Y al cabo de un par de meses me di cuenta de que no me interesaba hablar solo para esos lectores, a los que estoy muy agradecida. Así que lo cancelé, devolví las suscripciones y ahora mismo lo tengo en abierto", apunta la autora de Oxígeno (Alfaguara, 2025) y No todo el mundo (Sexto Piso, 2023) a esta revista.

La periodista y escritora Anna Pacheco comparte esta ambivalencia. "En algunas ocasiones, he publicado algún texto solo para Substack y al momento me ha sobrevenido la misma pregunta: ¿por qué he hecho esto gratis? ¿Podría haber recibido algo de dinero, por poco que fuera, de algún medio, de alguna revista? ¡Aunque me diera para una cena, o dos!", admite a El Cultural. "Pero se me hace muy raro pedir dinero a la gente por mis artículos, creo que prefiero pedírselo a las empresas. Por suerte tengo otros trabajos que me permiten vivir tranquila".

Regreso al blog

Mientras Jiménez Serrano utiliza Substack para publicar textos que, si cupieran, podrían ir en un pie de foto de Instagram — "Si tengo una idea muy buena, prefiero guardármela para un libro"—, a Pacheco le sirve como un repositorio de su trabajo en otros medios de comunicación y un estímulo para escribir con más regularidad y libertad.

"Escribir un poco 'desde el calentón' tiene cosas muy buenas y es lo que creo que ando buscando", asegura la autora del ensayo Estuve aquí y me acordé de nosotros (Anagrama, 2024). "Tener una herramienta que te permita, cuando lo deseas, escribir algo, sin consultar con nadie, sin pedir permiso, sin pensártelo demasiado y con el atractivo añadido de poder editar tantas veces como tú quieras. Como una fanática de los blogs de principios de los dos mil, esto es lo más parecido".

Sobre si el auge de Substack supone el regreso de la cultura blogger, Manrique tiene claro que todo es cíclico. "La diferencia es que hace 20 años íbamos activamente al blog de alguien, ahora llega al correo. Es un consumo más pasivo, pero el foco es el mismo: leer a quien te gusta", sostiene la especialista en cultura digital. "La nostalgia nos ayuda a entender lo que pasa, pero la esencia sigue siendo la escritura, solo que con distinto envoltorio".

Para Luna Miguel, su newsletter es un pequeño espacio donde ordenar textos sobre literatura acumulados a lo largo de los años. "Quise abrirlo como una suerte de antología de pensamiento literario que me permitiera compartir ideas con otras lectoras", explica a El Cultural.

Como lectora, señala la editora y poeta, casi todas sus cuentas preferidas son las que ahondan en obsesiones propias: "Como la de la traductora Tana Oshima o la de la poeta Laura Rodríguez Díaz. También me encanta recibir cada semana un poema de la cuenta de Munir Hachemi, donde el escritor difunde literatura china contemporánea". Además, la autora ha abierto junto a sus alumnas de los talleres de escritura que imparte una suerte de microrrevista de poesía semanal dentro de Substack (@estabanlocxs).

Leer sin ruido, ni banners

En esta plataforma, Miguel cree que es más fácil encontrar recomendaciones o ensayos personales que muestran "un entusiasmo genuino por la vida y el arte", sin caer en la repetición, ni en la enésima fotografía de la mano que sostiene la cubierta del libro de moda. "En Substack todavía es posible sorprenderse, leer algo que no has leído en otra parte".

Sin embargo, Pacheco echa en falta que la plataforma sea más juguetona con el lenguaje. "A veces me pone un poco triste el exceso de academicismo o cierta burocratización sentimental del lenguaje. Todo el mundo hablando de afectos y vínculos. Ojalá un Substack más feíllo, más desordenado, con gente escribiendo mal, con faltas, con párrafos locos, con construcciones marcianas y con palabras mal dichas".

"En Substack no prima el ansia de querer demostrar cuántos libros hemos comprado esa semana", Luna Miguel

Aun así, ambas encuentran una voluntad distinta a la de la prensa u otras redes sociales. "No prima la prisa de la actualidad, tampoco el ansia de querer demostrar cuántos libros hemos comprado esa semana, y menos la tendencia a divulgar cada vez con menos ideas propias como ocurre con muchos vídeos de redes. Siempre digo que la obsesión por el vídeo breve que no ahonda en nada y lo repite todo —a veces, incluso, con ideas copiadas y pegadas de ChatGPT— nos ha llevado a decir 'y es que' por encima de nuestras posibilidades", señala Miguel.

Substack, considera la autora del reeditado El funeral de Lolita (Lumen, 2018), "nos devuelve el placer de la lectura larga frente a la divulgación sonora de los podcast o los vídeos breves y anecdóticos de otras redes. Por no hablar de los anuncios y banners de los medios de comunicación. Aquí aún es posible leer sin todo ese ruido alrededor".

Un ambiente "amable de recepción y lectura", añade Pacheco, donde "no hay mucho odio, ni tampoco bots enseñándote tetas o penes; ni es, todavía, un gran poste publicitario. Ya es muchísimo. Aunque quizás es que el listón de Internet está demasiado bajito".

Un jardín vallado ante la IA

Internet ha pasado de ser un lugar de unión y colectividad, sobre todo en la década de los noventa, a estandarte del individualismo más feroz. "Desde que Elon Musk compró Twitter y se convirtió en X, ha habido una desbandada de usuarios que no acaban de encontrar su lugar en el espacio digital", opina Manrique.

En este intento de volver a entender las redes como un patio de recreo, prosigue, Substack está funcionando para un grupo en concreto de personas que están muy desencantadas con el feed algorítmico, con el slop (contenido basura) y con el generado por inteligencia artificial.

"El verano pasado, me salió un post de alguien que publicaba con muchos emoticonos y se veía que el contenido podía haber estado escrito por IA. Alguien le puso un comentario diciendo: 'Por favor, este lenguaje LinkedIn aquí no'. Todo el mundo se puso en pelotón enfrentándose a este tipo de contenido porque se ve muy mercantilista y utilitario", relata Manrique.

Además, aunque la plataforma es prácticamente paritaria respecto a los usuarios, "Substack está funcionando como oasis para todas esas creadoras y lectoras mujeres que buscan ritmos más pausados y poder leer experiencias similares a las suyas", opina Manrique. "Hay muchas mujeres reflexionando sobre las relaciones, la tecnología, el trabajo, el amor o la belleza, y se está convirtiendo en un espacio donde la comunidad femenina está agrandándose en comparación con otros nichos".

A pesar de ello, tener ya su propia app donde poder scrollear e ir adoptando cada vez más las herramientas de otras redes sociales —como las notas de X— puede acabar desvirtuando la idea de que la escritura esté en el centro.

De hecho, Anna Pacheco no piensa que sea "la plataforma del arcoiris o una alternativa seria al monopolio de las tecnológicas". "Lamentablemente, forma parte de lo mismo, orientada a otro nicho. Puede perfectamente convertirse en aquello contrario para lo que supuestamente nació. Hemos visto esta película miles de veces", garantiza. "Los tóxicos somos nosotros. No tardaremos en destrozar lo que amamos, como hacemos con todo", añade Luna Miguel.

"Vemos Substack como un jardín vallado, un lugar hermético donde estamos solo quienes buscamos este ritmo concreto. Pero si algún día se abriera la veda a todos los usuarios de Internet, se llenaría de toxicidad". Aunque, por ahora, opina Manrique, en España a Substack todavía le queda camino para ser mainstream. Y eso quizás sea una buena noticia.