Luis García Montero

Luis García Montero Daniel Hidalgo

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Luis García Montero: "Almudena leyó esta novela y me hizo muchas sugerencias. Al reescribirla, le hice caso"

Director del Instituto Cervantes, el poeta, vuelve a la novela con 'La mejor edad', un libro sobre el reencuentro de un expresidiario y el juez que le condenó injustamente.

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¿Qué libro está leyendo?

El sauce oscuro, una novela de Mauro Caffaratto.

¿Cuál es el libro que más le ha “autoayudado”?

Pues quizá una antología muy popular en mi infancia y en mi casa, Las mil mejores poesías de la lengua castellana.

Si no hubiera podido ser poeta, profesor y gestor cultural, ¿qué hubiera querido ser?

Dudo entre médico y futbolista.

Un acontecimiento que le habría gustado vivir in situ.

La reunión de poetas en Sevilla que dio nombre a la generación del 27. Un buen modo de acercarme, con personas que admiro, a la proclamación de la Segunda República.

Los años han vuelto “más prudente, más cínico o menos libre” a Benítez, el protagonista de La mejor edad (Tusquets). ¿Y a usted? ¿Conserva la misma libertad de hace 30 años?

Uno aprende a habitar los contextos con la propia conciencia. La libertad y el compromiso son inseparables. Creo que España vive un buen momento para comprender por qué Machado, Azaña, García Lorca, María Zambrano, Alberti o María Teresa León se comprometieron con la gestión cultural y las ilusiones políticas.

Acaba de morir Beatriz de Moura. ¿Qué le debe?

Le debo su amistad, su apoyo y su apuesta por una literatura de calidad. No le bastaba con vender libros, quería que fuesen buenos. Con ella y Barral y Gil de Biedma, heredé lo que fue la Barcelona de los 60 y 70.

Dicen que Almudena Grandes llegó a leer la novela. ¿Qué es lo que más añora de ella?

La leyó, y me hizo muchas sugerencias. Al reescribirla, le hice caso, y me hubiera gustado que me hiciese más sugerencias al ver el nuevo resultado. Pero lo que más añoro de ella es su sentido de la vida cotidiana y el nosotros. Ahora que he sido abuelo, echo mucho de menos que no conozca a nuestras nietas.

¿No le gustaría ser miembro de la RAE? ¿Qué aportaría?

Admiro a poetas que fueron académicos, como Luis Rosales y Ángel González. Y a poetas que no lo fueron, como Rafael Alberti y Gil de Biedma. El mérito que me importa está más en los libros que en un carné de académico. Yo no sé qué podría aportar a la Academia, quizá nada. Ella a mí, muy poco.

¿Qué ha quedado de su polémica con Muñoz Machado?

Pues mi escandalosa idea de que conviene que una Academia de la Lengua Española sea dirigida por un filólogo que sepa de la Lengua española. Y mi admiración por Alvar, Lázaro Carreter o Víctor García de la Concha.

¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría un minuto?

En Los lunes al sol de Fernando León. Un peliculón. Y no resistiría ver otra vez Apocalypse Now, otra gran película pero que me recuerda demasiado el mundo salvaje al que nos quieren conducir.

¿Ha experimentado alguna vez el síndrome de Stendhal?

En los últimos años, en algunos paseos solitarios por las orillas de Rota en los atardeceres de la Bahía de Cádiz.

Díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

La degradación de los periodistas culturales que se someten al pseudoperiodismo reaccionario. Y las envidias ante el éxito de los demás.

Una obra sobrevalorada.

Sobre todo, para mí, lo que yo hago. Siempre me leo con ojos muy críticos, más de corrector que de lector.

Un placer cultural culpable.

Me siento muy culpable cuando no acabo un libro. Mis clases en la universidad me acostumbraron a terminar de leer todo lo que empiezo.

¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

Espero que no. La creación humana seguirá siendo una forma de rebeldía ante cualquier dictadura programada.

España es un país…

Me contaron Alberti y Pepín Bello algo que cantaban con Buñuel y Lorca cuando se tomaban una copa: “España, país psicodélico, / qué gran nación cultural”. Seguimos vivos.