Alma Guillermoprieto. Foto: PRHGE

Alma Guillermoprieto. Foto: PRHGE

Letras

Alma Guillermoprieto: "América Latina no es violenta, pero la coca ni se cultiva ni se consume sola"

Charlamos con la cronista mexicana, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018, por la publicación de 'Esta improbable tierra prometida', una selección de artículos publicados en lo que va de siglo.

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Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) lleva contando la historia de América Latina desde el inicio de la revolución sandinista de Nicaragua, en 1978. Antes de esa cobertura, prolegómeno de una trayectoria reconocida en 2018 con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, estuvo a punto de ser bailarina en Nueva York, donde vivió desde niña. No en vano, casi toda su obra periodística está escrita en inglés y ha sido publicada en medios como The Guardian, The Washington Post, The New Yorker y The New York Review of Books.

De visita en España, nos recibe con motivo de la publicación del libro Esta improbable tierra prometida (Debate), una selección de artículos y reportajes publicados en lo que va de siglo. De México a Venezuela y de El Salvador a Bolivia, sin olvidar Nicaragua, la cronista mexicana desciende al barro –o al asfalto si, en lugar de en un pueblo perdido de los Andes, la historia brota en el corazón de una urbe– para tomar el pulso a la sociedad latinoamericana, que desde hace décadas se encuentra en una encrucijada de violencia y corrupción política.

Su audacia para acudir a lugares recónditos –casi siempre peligrosos– y los testimonios de algunos protagonistas, de incalculable valor, nos permiten conocer, por ejemplo, los pormenores de la fuga de prisión del Chapo Guzmán, la fascinante historia de las FARC colombianas, desde su nacimiento hasta su rendición en 2017, o el siniestro modus operandi de las maras en El Salvador. Amén del trauma del narcotráfico, que depara hondas reflexiones, y el examen de figuras como Evo Morales, Hugo Chávez y Daniel Ortega, a quien se refiere como "un pedófilo y un violador", no pocas veces emerge en los textos un personaje luminoso o un gesto redentor que humaniza incluso las escenas más descorazonadoras.

Pregunta. El propio título del libro enuncia una contradicción. ¿Siente que esa "tierra prometida" es más una ilusión que una posibilidad real? A pesar de que habla de una "fe perdida", ¿sigue confiando en su futuro?

Respuesta. Sí, hablo de una posibilidad real que al mismo tiempo parece imposible. Cuando hablé de la "tierra prometida" estábamos en un gran momento de esperanza, se había firmado la paz en Colombia, y yo contemplaba a un grupo de desplazados por la violencia que habían decidido volver a la tierra donde habían sido masacrados sus hermanos, sus esposos, sus hijos, en las circunstancias más espantosas. Sin embargo, creían que tenían que defender su tierra [El Salado, en Colombia].

Cubierta de 'Esta improbable guerra prometida' (Debate)

Cubierta de 'Esta improbable guerra prometida' (Debate)

»Igual que en la propia foto de la portada del libro, que vemos a gente que se baja de un bus descompuesto y, no obstante, lo sigue empujando. Yo creo que en América Latina seguimos empujando el bus, porque creemos que nuestra tierra es la prometida. Seguimos, mal que bien, luchando por eso.

P. ¿Cómo ha ido cambiando su mirada de la región desde que cubriera el derrocamiento de Somoza hasta los textos más recientes de este libro?

R. Yo creo que, más que yo, lo que ha ido cambiando ha sido la historia. Cuando empecé, todavía las dictaduras eran el fenómeno de gobierno en América Latina: Brasil, Argentina, Nicaragua... Pero como todo régimen inflexible, se agotan y se rompen. Después viene una época muy esperanzadora, en la que no hay tanta violencia, salvo en Colombia. Fue un momento de gran expansión y mucho optimismo, sobre todo en México y en Brasil. En los años que yo recojo en este libro hay demasiados países alterados profundamente por la violencia del narcotráfico. Muy a mi pesar, es un tema predominante en este libro.

P. ¿Esa pulsión de violencia que arrastra se podría explicar a partir de alguna causa concreta?

R. Lo curioso es que América Latina no es violenta. Te diría que, en los años 50, cualquier país de América Latina es tan violento como Kansas, en Estados Unidos. Son tasas bajísimas, de verdad, muy bajas. ¿Qué pasa? La coca no se cultiva sola y no se consume sola. Hay un mercado para los diferentes narcóticos y en Estados Unidos se decidió que ese mercado se debía clausurar porque las drogas no se deben de consumir.

"Si no fuera por la guerra contra las drogas, quizás seguiría habiendo mucho consumo, pero no habría violencia"

»¿Cuál es el resultado de eso? Que la droga se vuelve económicamente rentable, que la prohibición hace que la idea de su consumo sea más sexi para los adolescentes y que, dados los niveles de pobreza y desigualdad, cultivar la droga se haga sumamente atractivo a pesar de todos los peligros. Si no fuera por la guerra contra las drogas, esta violencia que hoy domina gran parte del mundo no existiría. Tampoco los actuales niveles de consumo y demanda. Por ejemplo, en España son altísimos.

P. Esto lo apunta en repetidas ocasiones. Pero ¿qué otra alternativa se le habría ocurrido?

R. ¿A la guerra contra las drogas? Bueno, es que potenció el consumo y el narcotráfico. Hoy día es muy tarde, pero si no se hubiera ilegalizado el consumo en ese momento, quizás tendríamos los mismos niveles de consumo, pero sin la violencia.

P. Ahora sí, hablemos de las dictaduras. ¿Diría sin ambages que Cuba, Venezuela, Nicaragua y El Salvador son dictaduras?

R. Lo de El Salvador no lo tengo claro. Ha habido elecciones y Nayib Bukele ha sido reelecto con un voto masivo. Él dijo que quería ser el dictador cool, eso no significa que sea un dictador. Nicaragua y Cuba son, evidentemente, dictaduras. Y respecto a Venezuela, ahora ni los venezolanos entienden qué ocurre. Creo que ni Delcy Rodríguez sabe el papel que está jugando. Yo, ciertamente, no tengo idea.

"En México asesinan periodistas para controlar la realidad. Es absurdo, asesinar a un periodista no cambia la realidad"

P. A propósito, el artículo más reciente del libro está dedicado a la detención de Maduro por parte de Trump. Mejor dicho, usted habla de secuestro.

R. Yo lo llamo secuestro porque fue ilegal, no había orden de captura. Si una potencia extranjera invade otro país para eliminar o extraer a su gobernante y viola todas las leyes del derecho internacional, entonces es un secuestro.

P. Y mirándolo con la perspectiva que dan estos meses, ¿consideraría que fue un mal necesario o es definitivamente injustificable?

R. Aclaro que yo soy reportera, no soy política. Claro que tengo opiniones, pero no tengo dictámenes. Yo reporteo llena de preguntas y cuando termino de reportear estoy todavía más llena de preguntas. Así que no tengo idea de qué está pasando en Venezuela. No sé si será bueno o malo, no sé quién es Delcy Rodríguez ni qué pasa en su cabeza, no sé cómo los venezolanos están reaccionando ni si es por miedo o si es por satisfacción, o si es porque están a la expectativa. No sé, es un misterio.

P. También es extraña la posición actual de María Corina Machado.

R. Ella justificó el asesinato de venezolanos y latinoamericanos en lanchas a motor de personas cuyo nombre ni siquiera conocían en el momento de lanzar los misiles. Lo justificó y, de alguna manera, invitó a la invasión, diciendo que las medidas de fuerza eran innecesarias. Regaló a Trump su premio Nobel pensando que así la iba a querer más. No funciona así. La gente que no se respeta a sí misma no se hará respetar.

"Los medios no han logrado competir con las redes sociales y el presupuesto que me ofrecen para hacer este tipo de reportajes cada vez es menor"

P. Volviendo a las dictaduras, América Latina no consigue ahuyentar ese fantasma…

R. En este momento, no veo que surjan dictaduras, aunque haya dictaduras añejas. Lo que sí surgen son gobiernos populistas, elegidos a veces por mayorías abrumadoras, porque prometen soluciones fáciles a problemas que tienen soluciones imposibles. Por lo tanto, están destinadas a fracasar más o menos rápidamente. Bukele no, yo creo que Bukele va para largo, pero qué sé yo.

P. En un momento, cuando habla de los indígenas bolivianos, refiere "la brutal opresión de la conquista". ¿Qué piensa cuando asiste al debate de si aquello fue o no un genocidio, si España debe pedir perdón a México, etc.?

R. Me parece que fue un debate en términos absurdos y me alegra que se haya terminado, aunque a veces sea avivado cuando ya no quedan más que las cenizas. La historia de la conquista es una historia terrible, pero sucedió hace 500 años. Utilizarla ahora para fines políticos me parece un acto de cinismo, de una y otra parte.

P. De todas las historias que ha reunido en este libro, ¿cuál es la que más le ha afectado personalmente?

R. Obviamente, el asesinato de Javier Valdez me sigue doliendo porque era amigo mío y era un buen hombre, y porque en México asesinan periodistas para controlar la realidad. Es absurdo, asesinar a un periodista no cambia la realidad. Lo que más me duele es que a nadie le importe. Cuando matan a un colega, los que salimos a protestar somos solo los periodistas.

Y me duele Monseñor Romero [Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador] porque lo conocí, porque siempre me pareció que era un santo. El Vaticano, por cierto, lo canonizó. Me duele la forma de su muerte y me duele el papel que jugó Juan Pablo II para impedir que su nombre se diera a conocer. Sí, me duele la violencia estúpida de El Salvador, que se personifica en Monseñor Romero. Y me duelen tantos jóvenes que se meten al narcotráfico y saben que van a terminar mal, como cuento en uno de los textos. Lo saben, pero sienten que no tienen otro futuro. Eso me duele mucho.

P. ¿Qué le diría hoy a un joven mexicano que quiere ser periodista?

R. Que no arriesgue la vida a tontas y a locas, pero que sea valiente. Yo creo que hay épocas en la historia en que la gente que menos lo piensa necesita ser héroe. No porque quiera, sino porque le tocó. La Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Y yo creo que estamos en una época en que va a haber muchos héroes entre los jóvenes, porque les va a tocar. Y los reporteros no han sido la excepción. ¿Qué se le puede decir a un joven que es idealista y que quiere dejar testimonio del mundo? Que se cuide, que sea terco, pero no demasiado. Y que procure ser equitativo…

"Los grandes cambios de la sociedad en general los están potenciando las mujeres más humildes"

P. La inteligencia artificial jamás podrá sustituir un oficio como el suyo, que implica acudir al lugar de los hechos, por peligroso que sea, y recoger el testimonio de la gente. Pero ¿le parece tan peligrosa la injerencia de la IA en el periodismo como se dice?

R. Me parece muy peligrosa, absolutamente, en la medida en que genera confusión entre lo que es realidad y lo que es invento. Yo misma el otro día vi que Trump había puesto una estatua de oro en su Mar-a-Lago. No he logrado comprobarlo, pero durante 15 minutos yo dije: ¡guau! Es muy difícil distinguir entre la realidad perceptible y comprobable y lo que nos cuenta la inteligencia artificial hecha por niños tontos que seguramente ganan un sueldo miserable por producirla. Se vienen 20 años de confusión y creo que de ahí vamos a salir fortalecidos.

P. También en esto es optimista.

R. Sí, mucho, porque estoy convencida de que los seres humanos necesitan la realidad para pensar en el futuro de sus hijos o para crear una empresa. No se puede crear a partir de la fantasía y si antes hicimos falta, creo que vamos a hacer más falta que nunca. Sí, convencidísima.

P. ¿Y la dichosa inmediatez, signo ineludible de nuestro tiempo, terminará definitivamente con la crónica de largo aliento?

R. Pues no sé si definitivamente, pero es obvio que ya vamos en retirada, porque esto cuesta mucho dinero y ya no hay medios que cuenten con ese dinero. Los medios no han logrado competir con las redes sociales, entonces el presupuesto que a mí me ofrecen para hacer este tipo de reportajes cada vez es menor.

P. Por último, ¿cómo ve el papel de la mujer en la construcción de esa "tierra prometida"?

R. Los grandes cambios para las mujeres en América Latina no han venido de la teoría, ni siquiera de algunos movimientos tan importantes como los que luchaban contra la violencia sexual cotidiana. Pienso que los grandes cambios de la sociedad en general los están potenciando las mujeres más humildes por reivindicar los derechos para sus hijos, para sus esposos o hijos desaparecidos, para el derecho a la tierra, para la necesidad de proteger la naturaleza… Son las mujeres las que están a la cabeza de esos movimientos y son las mujeres las que están cambiando la sociedad en su conjunto.