Fachada de la librería ‘Tipos Infames’ a 26 de enero de 2026, en Madrid (España). Foto: Eduardo Parra / Europa Press

Fachada de la librería ‘Tipos Infames’ a 26 de enero de 2026, en Madrid (España). Foto: Eduardo Parra / Europa Press

Letras

España lee y las librerías cierran: los problemas de la venta de libros más allá de la gentrificación

Además del precio de los alquileres, los libreros se enfrentan a otros obstáculos, como la difícil relación con las cadenas y las plataformas 'online'.

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El pasado jueves 22 de enero el sector cultural de nuestro país recibió dos titulares aparentemente contradictorios.

En uno se celebraba el dulce momento que estaba viviendo la afición lectora en nuestro país. El Barómetro de Hábitos de Lectura que cada año publica sobre estas fechas la Federación de Gremios de Editores de España informaba de que se había alcanzado un nuevo récord en este ámbito: el 66,2 % de la población —apuntaba el informe— leyó libros por ocio el pasado año.

Una aparente buena nueva para el sector librero. Y, sin embargo, otra noticia publicada unas pocas horas antes encendía las alarmas sobre el estado de salud de este tipo de negocio. Tipos Infames, una de las librerías más conocidas de la capital y de mayor repercusión en redes, anunciaba su cierre.

Gonzalo Queipo y Alfonso Tordesillas, propietarios del negocio, señalaban la gentrificación como principal culpable del final de esta librería que llevaba 15 años abierta en el barrio de Malasaña. Pero ¿en qué sentido afecta este fenómeno social al sector del libro?

En conversación con El Cultural, Tordesillas desglosa el fenómeno en dos factores principales. Por un lado, la pérdida de tejido social: "Conforme las personas se van o los vecinos de toda la vida fallecen, a estos vecinos no los reemplaza gente nueva que haga barrio".

El descenso de las ventas, por tanto, sería uno de los motivos que explicaría el cierre de una librería de aparente éxito como Tipos Infames.

Viene de la mano esto, además, con uno de los datos que compartía el Barómetro de Lectura. Según el informe, aunque las ventas de libros habían aumentado ligeramente, este incremento se debía a la buena salud de las grandes cadenas, que crecen un 3 %. Por el contrario, las librerías independientes han vivido un decrecimiento del 4 % con respecto al año anterior.

Sin embargo (y pese a que puede resultar contradictorio señalar la falta de tejido social como uno de los culpables y, a la vez, negar problemas en lo referido a los ingresos), el copropietario de la librería insiste en que el cierre no se debe al descenso de las ventas.

Arguye el librero: "El sector del libro no es constante, suele tener temporadas ligeramente malas seguidas de momentos ligeramente buenos. Hemos tenido un par de años en negativo, pero nada que no se hubiera podido solucionar si el resto de cosas hubieran estado bien".

Es en el aumento desbocado del alquiler del local donde incide principalmente Tordesillas para explicar el cierre de la conocida librería. "Los locales, al contrario que la vivienda, no están topados por nada, así que pueden subir infinitamente".

En concreto, habla de un incremento del alquiler de un 50 % desde el año de apertura, en 2010, sin revelar la cuantía específica. "Las gestiones con los propietarios estaban, además, siendo cada vez más complicadas".

Tipos Infames contaba con dos locales, por lo que el problema se multiplicaba por dos. Detalla Tordesillas que alquilaron este segundo espacio en la misma calle en una época de incertidumbre en la que no sabían si se renovaría el contrato del primer local.

Los alquileres inasumibles, los propietarios intransigentes y otros factores relacionados con la gentrificación son obstáculos a los que se han enfrentado ya varios establecimientos en los últimos años. Famoso es el caso de Desperate Literature, la librería que en 2024 tuvo que trasladarse desde su ubicación original en la calle Campomanes (Ópera) por imposición del fondo de inversión que había comprado el edificio.

No obstante, preguntado si se plantean el cambio de local, el copropietario de Tipos Infames sostiene que no es algo que entre en sus planes.

Álvaro Manso, portavoz de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) confiesa que fue toda una sorpresa para la asociación el anuncio del cierre de Tipos Infames, pues era opinión generalizada que el de la librería y vinoteca de Malasaña era un claro ejemplo de éxito en el sector.

Pese a ello, Manso cree que nos encontramos ante un caso sintomático de algo que está sucediendo en toda España: "Hay zonas que evidentemente están más tensionadas, pero muchas librerías de nuestro país están pasando por algo parecido. Muy pocas se pueden permitir la compra del local, así que son vulnerables a subidas desmesuradas del alquiler en contextos económicos sensibles como el que estamos viviendo ahora mismo".

Para solucionar esta situación, adelanta el también librero de Burgos que desde CEGAL están preparando una propuesta para blindar el negocio librero con un modelo similar al que se ve en Francia, país de referencia en la protección de los espacios culturales: "Nos planteamos un beneficio fiscal como el que se está barajando para frenar el aumento del precio de la vivienda, bonificando con un IRPF al 0 % a los arrendadores que congelen el precio del alquiler".

Sería, según Manso, un paso más para reconocer las librerías como espacio que es algo más que un negocio. "Son un lugar de encuentro y transmisión cultural. Es un caso singular que, si no se tiene en consideración, repercutirá de forma negativa en el conjunto de la población".

También el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, tuvo reservadas unas palabras al respecto del cierre de Tipos Infames y el problema de la gentrificación durante la presentación del Barómetro de Hábitos de Lectura en la también emblemática Librería Alberti: "Las administraciones tenemos la obligación de tomar medidas contra la gentrificación que muchas veces pone en peligro estructuras culturales tan fundamentales".

Más allá de la gentrificación

Marisa Somoza es propietaria de la librería Reno, un establecimiento que lleva cerca de 65 años abierto en la Calle de Monteleón, en Malasaña. Sobre el fenómeno que Tipos Infames ha señalado como principal motivo para su cierre, opina: "La gentrificación claro que está estrangulando a las librerías independientes. Pero no es un caso particular. Está sucediendo con todos los pequeños comercios".

Pero para ella esto no es algo nuevo. Por el contrario, es una segunda ola de un fenómeno que ya vivió el barrio justo en la época en la que Tipos Infames abrió sus puertas.

Con respecto al incremento de lectores que se ha celebrado en el Barómetro de Hábitos de Lectura, Somoza está de acuerdo con lo que más tarde detalla el informe. "Que haya más gente que lea no significa que esos lectores se traduzcan en clientes de librerías como la nuestra. Normalmente se los llevan las plataformas online o las grandes cadenas".

"Ahora hay otro tipo de consumo que penaliza mucho al modelo de la librería independiente tradicional. El comprador quiere el libro para ya y, si no lo tienes, tiende a comprarlo online", concluye la librera.

Preguntado también sobre esto, el portavoz de CEGAL está de acuerdo con lo que plantea la propietaria de la librería Reno, a lo que añade: "Hemos venido de años muy buenos de crecimiento. Pero ahora estamos viendo que las librerías independientes han dejado de crecer como en los últimos ejercicios y, frente a ellos, las cadenas sí que están consiguiendo muy buenos números. Hacen unas inversiones que solo son sostenibles si eres una cadena. Costes de instalación, de personal...".

La otra cara de la moneda

El mal ecosistema que refleja el ejemplo de Tipos Infames no evita que sigan floreciendo nuevos proyectos libreros. Es el caso de Celia Rodríguez, que está preparando la apertura de su librería Fika. Coffee & Books para el próximo mes de marzo en la calle José Silva de Madrid.

"A nosotros no nos inquieta tanto el tema de los alquileres porque estamos en una zona mucho menos tensionada". De hecho, el de Fika es un modelo de negocio similar al que proponía Tipos Infames, repartiendo su espacio entre una zona de cafetería y otra de librería. "El nuestro es un barrio que no está tan saturado con este tipo de servicios. Además, prestaremos una atención equitativa a ambas partes. No es una librería que también ofrece café. Es una cafetería y, a la vez, una librería".

Al ejemplo del proyecto de Celia se suman otras recientes aperturas que están funcionando. Es el caso de la librería Lasai de los creadores de contenido Ariane Hoyos y Beñat Azurmendi. Situada en el barrio madrileño de La Latina, lugar que sufre un problema de gentrificación equiparable al de Malasaña, está viviendo un muy buen comienzo.

Éxito que es fácil de comprender, claro está, si atendemos a la repercusión mediática de sus dos fundadores, conocidos divulgadores de la cultura en redes (Hoyos cuenta con más de 500.000 seguidores en Instagram y Azurmendi, con 64.000).

No son los primeros rostros conocidos que abren su propia librería. Famoso es el caso, por ejemplo, de La librería de Doña Leo, el negocio que el escritor Máximo Huerta dirige en Puzol.

Pero cabe preguntarse si la notoriedad (en redes o fuera de ellas) es la única fórmula adecuada para sobrevivir a la vorágine de los precios del alquiler y a los gigantes del sector del libro. ¿Hay lugar, en este ecosistema, para los amantes de los libros anónimos que sueñan con abrir un espacio en el que compartir su devoción por la lectura?