Cartel con el eslogan 'Spain is different'. A la derecha, logotipo creado en 1983 a partir del diseño de Joan Miró para el Mundial de Fútbol de 1982.

Cartel con el eslogan 'Spain is different'. A la derecha, logotipo creado en 1983 a partir del diseño de Joan Miró para el Mundial de Fútbol de 1982.

Historia

'Spain is not different': el libro que desmiente los topicazos que pintan a España como el país de la siesta y el baile

El hispanista Nigel Townson analiza la historia española desde el Desastre del 98 hasta el año 2000 para demostrar que somos tan semejantes al resto de Europa que aburrimos.

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Con el tiempo, hasta los más conspicuos detractores de España han tenido que aceptar que ni África comienza en los Pirineos ni nuestra Inquisición fue más cruel que la del resto de Europa ni la colonización española es comparable en sadismo a la desalmada belga en el Congo...

Spain is not different

Nigel Townson

Traducción de Amaya Boal
Espasa, 2026
294 páginas. 21,90 €

Tampoco somos el país de la siesta y el baile (¿quién puede permitírselo con la jornada intensiva?), ni por nuestras calles corretean felices los toreros o las flamencas y manolas, salvo en carnaval y en muy señaladas fiestas.

No, somos tan semejantes al resto de Europa que aburrimos, especialmente en el periodo al que el hispanista Nigel Townson (Kent, 1959) dedica su último libro, este corrosivo Spain is not different (Espasa) que analiza nuestro pasado reciente, desde el Desastre del 98 hasta el año 2000.

Nos hemos acostumbrado a vernos históricamente como una anomalía o un fracaso, pero, para empezar, Townson rechaza el pesimismo de la generación del 98, que consideraba que una de las causas del Desastre era el hecho de que España, con su agricultura estancada y su escasa industria, estaba “muy por detrás de Europa”. ¡Ni mucho menos!, proclama Townson: la agricultura se diversificó y contribuyó a equilibrar la balanza comercial. Tampoco podía considerarse un fracaso el sector industrial, dado que tuvo un crecimiento constante y sostenido.

Solemos pensar que en 1898 España vivió la pérdida de los últimos restos de su Imperio como una tragedia única que cuestionó sus más hondos cimientos políticos, éticos, sociales y culturales, pero, ay, tampoco en esto fuimos excepcionales.

Aunque se cree que fue Manuel Fraga el creador del eslogan 'Spain is different', su origen se remonta a los años 40

Portugal vivió en 1890 como una tragedia el fracaso de su imperio transcontinental en África, frustrado por Gran Bretaña y Bélgica, y del mismo modo, a finales del XIX, Italia vio naufragar su imperio africano. Después de establecerse en Abisinia, crear Eritrea e intentar conquistar Somalia, en 1896 sufrió una derrota catastrófica en Adowa, con la pérdida de 5.000 vidas.

No solo fue la primera vez en la era contemporánea que un ejército africano aplastaba a uno europeo, sino que, en palabras de Townson, “la vergonzosa derrota dio lugar a una conciencia de inferioridad nacional”. Y aún más traumático fue el final del sueño griego de integrar en un Estado-nación a todos los griegos que vivían fuera de sus fronteras, dispersos en su mayoría por tierras del Imperio otomano.

Las guerras balcánicas de 1912 y 1913 permitieron ganar numerosos territorios, como Salónica, Creta, y casi todas las islas del Egeo, hasta que en septiembre de 1922 la contraofensiva turca aplastó al ejército griego, sumiendo al país en una crisis comparable a la española. La única diferencia es que en vez de hablar de Desastre, la denominaron la Catástrofe.

Aunque se cree que fue Manuel Fraga quien inventó el eslogan Spain is different, Townson señala que en realidad su origen se remonta a los años 40, cuando el régimen franquista quiso subrayar el “excepcionalismo español”, haciendo más humillante el abismo que separaba la retórica imperialista de la realidad de un país “incapaz de superar sus propias deficiencias”.

Lo que sí hizo Fraga, ministro de Información y de Turismo en los años 60, fue contratar a las mejores empresas estadounidenses de relaciones públicas. Así, en la Feria Mundial de Nueva York (1964-1965) el pabellón español costó siete millones de dólares, más que todo el presupuesto de la película ganadora del Oscar en 1964, Mary Poppins. El resultado fue excepcional, ya que 27 millones de personas visitaron el pabellón y la revista Life lo aclamó como “la joya de la feria”.

Al tiempo, para incentivar el acercamiento de nuestro país a Europa y a Estados Unidos, a partir de 1961 el Spain is different fue eliminado de los nuevos carteles turísticos y la guía oficial Spain is you, traducida a diez idiomas, insistía en que Spain is not so different (España no es tan diferente).

Además, se fomentaron los rodajes internacionales de películas como Doctor Zhivago, El Cid, 55 días en Pekín, La caída del imperio romano o El feo, el bueno y el malo.

Mientras la España oficial pugnaba por conquistar a europeos y estadounidenses, la otra, la que combatía en la clandestinidad, tampoco era distinta de la del resto del mundo. De hecho, la protesta estudiantil en España tenía mucho en común con la del resto del mundo. La diferencia fundamental era que el objetivo de los españoles era sustituir el sindicato oficial del Estado por uno de su elección, algo que los segundos daban por sentado.

Tras la Transición, periodo en el que el mundo volvió a asombrarse del nuevo “milagro” español de tolerancia y modernidad, Occidente se ha ido uniformizando gracias en parte a las redes y a los medios de comunicación. Las peculiaridades nacionales se han desdibujado en todo el mundo, aunque aún haya quien dude de si nuestro país está al sur de México o, como en los tiempos de Juan Valera, se pregunte si se pueden cazar leones en España.