Montserrat Caballé

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Ópera

Montserrat Caballé, la última diva del bel canto

6 octubre, 2018 02:00

"No, la gente no me conoce. Tampoco he dejado que me conozcan, tengo que reconocerlo. He llevado una vida muy austera y eso puede haber influido. No he sentido ninguna necesidad de boato ni de conseguir esas cosas que mucha gente precisa". De este modo se explayaba en una entrevista concedida en 2001 a El Cultural la soprano Montserrat Caballé, que volvía a los escenarios del Liceu tras un retiro de casi una década. Ya entonces era una figura sobradamente reconocida y admirada a nivel mundial por su técnica vocal y sus interpretaciones del repertorio del bel canto.

A pesar de sus palabras, el intenso cariño del público es palpable hoy, cuando se ha conocido la noticia de su fallecimiento esta madrugada a los 85 años en el hospital Sant Pau de Barcelona, donde se encontraba ingresada desde mediados de septiembre por un problema de vesícula, según han informado fuentes hospitalarias. El funeral de la artista se celebrará el lunes al mediodía en el tanatorio de Les Corts, mientras que el velatorio será este domingo a partir de las dos de la tarde en ese mismo recinto funerario.

Considerada, incluso a su pesar, como última diva del bel canto, y elegida sucesora por una Maria Callas en el otoño de su carrera, por encima de otra grande como Joan Sutherland, Caballé recogió el testigo de la diva consolidando una fecunda trayectoria en la que interpretó más de un centenar de personajes operísticos que van desde la ópera barroca, hasta Verdi, Wagner y Puccini, entre otros. Además, su fama se expandió más allá del ámbito de la ópera cuando hizo su incursión en la música rock junto al cantante y compositor Freddie Mercury, lider de la banda Queen, con Barcelona, título que se convirtió en el himno de los Juegos Olímpicos de 1992 en la ciudad condal y momento fijado en la retina de generaciones de españoles.

La carrera de Caballé cobra mayor mérito si se atiende a sus orígenes. Nacida en Barcelona en 1933 logró ingresar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, a pesar de su extracción humilde, gracias a su madre, que le enseñaba conceptos básicos de solfeo, y a una adinerada familia barcelonesa. Allí estudió con Napoleone Annovazi, que le enseñó el secreto del canto, y con profesoras como Conchita Badía o la húngara Eugenia Kemény, a quien atribuye el desarrollo de su espectacular técnica respiratoria. Debutó oficialmente en el Teatre del Liceu en 1956 con la representación de La flauta mágica, de Mozart.

Éxito internacional

En el templo barcelonés interpretó también la Arabella de Strauss y encarnó a las protagonistas femeninas del Don Giovani de Mozart y de la Madame Butterfly de Puccini. Por esa época comenzó a cantar en el extranjero, en Suiza y Alemania, donde afianzó su incipiente repertorio con más de cuarenta papeles. Sin embargo, su primer gran éxito internacional tuvo lugar ya en la década de los 60 cuando su nombre brilló en todo el mundo y abrazó el éxito. Fue en el 1965 en el Carnegie Hall de Manhattan, cuando sustituyó a la mezzosoprano estadounidense Marilyn Horne en la Lucrecia Borgia, de Donizzeti, actuación que le aportó veinte minutos de aplausos y la hizo famosa en el mundo de la ópera.

Tras aquella deslumbrante actuación en Nueva York, la carrera de Caballé se disparó, y los grandes templos internacionales contaron habitualmente con ella a lo largo de los años: el teatro Colón de Buenos Aires, la Ópera de Viena, el Metropolitan de Nueva York, el San Carlo de Nápoles, la Arena de Verona, el Covent Garden de Londres, la Scala de Milán, la Ópera de París... Así hasta más de 4.000 actuaciones salpicadas a lo largo de cinco décadas.

Montserrat Caballé caracterizada como Lucrecia Borgia para su icónica actuación en el Carnegie Hall

En los primeros años de la carrera de Montserrat Caballé se discutía si era una soprano dramática o una ligera. Durante años se la consideró belcantista por excelencia, pero más tarde sorprendió con sus interpretaciones de Gioconda y, con el paso del tiempo, Norma se convirtió en Isolda y doña Ana en Elektra. No ha habido soprano en los últimos cincuenta años capaz de abordar un repertorio tan extenso en papeles y de exigencias tan diversas.

Riesgo y humildad

"La huella de su canto es profunda. Fue una diva que deslumbró durante décadas. Tersura, nitidez, aplomo, pureza, suavidad... Son los rasgos que elevaron el fenómeno vocal de Caballé", argumentaba nuestro crítico Arturo Reverter en un artículo con motivo del homenaje que el Teatro Real brindó a la cantante a finales de 2014. "Mi versatilidad viene por la extensión de mi voz y por mi facilidad técnica que me han permitido abordar ciertos personajes a lo largo de mi carrera. De lo contrario no hubiera sido posible", reconocía con humildad la soprano.

Fue una cantante arriesgada, y buscó siempre ampliar su repertorio y recuperar óperas. Cuestionada por su contribución a la historia de la lírica, la soprano hacía gala de esa timidez y humildad características. "¡Huy!¡ Nada, nada! Bueno tal vez las obras que he sacado del olvido, que han sido muchas y también cientos de composiciones de cámara. Creo que enriquece un poco el patrimonio musical, pero igual que yo lo han hecho infinidad de personas".

Aunque nunca anunció una retirada oficial, desde principios de los 90 Caballé comenzó a espaciar sus actuaciones por una insuficiencia cardiaca sufrida en 1983 y un tumor cerebral benigno descubierto en 1985. Sus últimos años estarían marcados por problemas de salud y conflictos con Hacienda. En 1996 fue operada de hernia epigástrica, una dolencia que la volvió a llevar al quirófano en 2000 y 2001, y en 2012 sufrió un ictus en Rusia que le causó fractura de húmero. Finalmente en diciembre de 2015 fue condenada a seis meses de cárcel por fraude fiscal. Caballé ratificó el pacto al que llegó con la fiscalía y la Abogacía del Estado en unas declaraciones que, por motivos de salud, realizó desde su casa y a través de videoconferencia. Su última actuación se produjo en agosto de 2014, dentro del Festival de Música de Cambrils, donde actuó junto a su hija Montserrat Martí.

La nómina de premios y distinciones obtenidos por la soprano a lo largo de su carrera es copiosa, e incluye el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, recibido en 1991 ex aequo con otros grandes de la lírica española: su admirada Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus, Plácido Domingo y Josep Carreras.

Condolencias

Tras su fallecimiento, fueron innumerables los testimonios de duelo. La Casa Real la ha recordado con estas palabras: "Era la Caballé, la gran señora de la ópera, leyenda de la cultura universal, la mejor entre los mejores y capaz de descubrir nuevos espacios de creación con los más grandes", han expresado los Reyes en la cuenta oficial de Twitter. Por su parte el ministro de Cultura, José Guirao se ha referido a la cantante como "la más reconocida e importante representante del bel canto español, cuya imagen siempre estará unida a la de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992". Aludiendo a su ""voz única e irrepetible" y afirmando que "su pérdida deja una enorme orfandad en el mundo de la lírica", asegura que "la recordaremos siempre no solo por sus grandes papeles en la ópera, sino por gestos emocionantes, como cuando cantó sobre las cenizas del Liceo de Barcelona, que fue una de las casas en las que desarrolló su carrera y su vida".

También los dos grandes coliseos nacionales han querido recordar a la artista. En un comunicado, el Teatro Real afirma, que le dedicará la función de Faust de esta noche, afirma lamentar "profundamente el fallecimiento de Montserrat Caballé, sin duda una de las más grandes sopranos de todos los tiempos cuya asombrosa carrera artística es una de las más brillantes de la historia de la interpretación lírica universal y ha colocado su nombre en la exclusiva galería de los más grandes cantantes de la segunda mitad del siglo XX". Su casa durante décadas, el Teatre del Liceu también ha expresado sus condolencias por "una de las sopranos más importantes de la historia y pieza clave de la memoria del Teatro, donde actuó en más de 200 ocasiones y donde ha cantado casi todo su repertorio. Caballé no faltó nunca a su cita anual con el público del Liceu, con quien siempre mantuvo una relación y apoyo recíproco, incluso en los momentos más difíciles para la Institución".