Liv Redpath (Tytania), Clive Bayley (Botton), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines en 'El sueño de una noche de verano'. Foto: Claire Egan

Liv Redpath (Tytania), Clive Bayley (Botton), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines en 'El sueño de una noche de verano'. Foto: Claire Egan

Ópera

Un hechizo llamado Shakespeare: el Teatro Real sucumbe al 'Sueño de una noche de verano' de Britten

Desembarca en Madrid esta producción de la versión lírica del clásico shakespeariano, con Deborah Warner al frente de la escena. Ivor Bolton gobernará el foso.

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Recientemente hablábamos de la ópera El Sueño de una noche de verano de Benjamin Britten con motivo de su representación en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Hoy volvemos a esta obra maestra con motivo de su presentación en el Teatro Real, en cuyo escenario ya habitó hace 20 años de la mano de Pier Luigi Pizzi, quien tuvo como colaborador musical a Ion Marin.

Las funciones están previstas para los días 10, 12, 14, 17, 20 y 22 de marzo y correrán en lo musical a cargo de Ivor Bolton, especialista en la música del compositor. La escena es territorio de Deborah Warner, de quien recordamos sendas magníficas producciones de otros dos grandes títulos salidos de la misma mano, Peter Grimes y Billy Budd, de ahí que estemos expectantes con motivo.

La visión de Britten de este fruto shakespeareano establece un juego entre inocencia y experiencia, moralidad e inmoralidad, sueño y realidad. Una óptica sin duda más feérica que la del dramaturgo: "He intentado poner en práctica una concepción particular de la pieza que hubiera podido expresar también con palabras", decía el compositor. "Las hadas son muy diferentes de los pequeños seres inocentes que aparecen en las obras de Shakespeare. Son, después de todo, las guardianas de Titania: tienen en consecuencia una música marcial. Como el mundo real, accidentalmente, el de los espíritus puede contener tanto el bien como el mal. Puck es muy diferente a todos los demás: absolutamente amoral y, sin embargo, inocente".

Todo servido con enorme riqueza musical y variedad de enfoques subsumidos en una mirada panabarcadora, en un paralelismo de diversas acciones, que se corresponde con la ágil, caleidoscópica y colorista escena, que mezcla y combina distintos y a veces sutiles planos, a los que la experta Deborah Warner se enfrentará con autoridad y conocimiento del métier.

Es ya una veterana en estas lides y alberga ideas muy claras. Para ella "tanto Shakespeare como Britten juegan con la idea de cuatro mundos diferentes que se fusionan y chocan: el Reino de las Hadas, los Enamorados, los Artesanos y la Corte. Además, está el mundo del sueño y de los sueños. Parte del placer y del desafío de crear una producción escénica de la obra o de la ópera consiste en encontrar un lenguaje visual para todos estos mundos. El elemento que sostiene todo es el bosque".

"El desafío es crear un mundo visual que no interfiera con la magia principal: las palabras y la música" Deborah Warner

Un planteamiento lógico y adecuado, que nos hará percibir aromas imprevistos. Porque para Warner "el bosque es ante todo, en la tradición del teatro isabelino, el escenario, el 'espacio vacío', como lo definió Peter Brook. En la época isabelina, la O de madera del espacio teatral, junto con el lenguaje de Shakespeare, contenía toda nuestra imaginación y todas las posibilidades. Entre 1590 y 1611 una plataforma de madera se convirtió, en los campos de Francia, en una isla mágica, en un bosque. Las palabras obraban la magia. Al hacerlo, Shakespeare marcó el desarrollo del teatro para siempre. Este es su legado y este es su genio".

Eso es: plantear la acción en busca de la imaginación del oyente-espectador; su complicidad, porque Britten "ha heredado esa tradición y se permite jugar de un modo similar, ofreciendo mundos musicales apasionantemente distintos y, en ocasiones —con alegría— fusionándolos y haciéndolos colisionar. El trabajo de fundir lo fantástico y lo realista lo realizan por nosotros tanto el dramaturgo como el compositor. Nuestro desafío es crear un mundo visualmente apasionante que no interfiera con la magia principal: las palabras y la música".

Una escena de la versión de 'Sueño de una noche de verano' de Deborah Warner. Foto: Sergio del Real

Una escena de la versión de 'Sueño de una noche de verano' de Deborah Warner. Foto: Sergio del Real

Y para ella no hay ningún problema al tener que combinar distintas acciones. "No estamos ante una narración que sitúe a una ópera dentro de otra ópera, sino más bien ante una obra de teatro dentro de una ópera".

Estamos ante una dramaturgia "tan rica e inteligente como la que se encuentra en el corazón de todas las decisiones musicales de Britten. No diría que sea una obra particularmente difícil para el público. Inspiradora y emocionante, sí".

Siempre es nuclear, a veces explicativo, a veces no, la época en la que se sitúa la acción. Ya sabemos que en los montajes de nuestros días se tiende a que todo transcurra en la que vivimos o en otra futura. En esta producción se varía la localización temporal según los casos: "Por un momento estamos aquí y ahora —los enamorados—; luego en la Inglaterra isabelina —Oberon y Titania—; después volvemos a una invención —el mundo de las hadas—; y bastante a menudo en algún lugar intermedio, sin llevar demasiada ropa encima…".

Para servir e ilustrar este proyecto operístico —que es, y esto tiene su importancia, una nueva producción del Teatro Real junto a la Royal Opera House y el Maggio Musicale Fiorentino—, se cuenta con un reparto muy ad hoc presidido por el contratenor Iestyn Davies (Oberon), ya conocido en la plaza, muy musical y dotado de una voz de soprano tirando a ligera. Titania es Lyd Redpath, gentil soprano lírico-ligera, más esto que aquello. Timbre claro y espejeante.

Entre los muchos nombres en distintos cometidos debemos destacar a dos barítonos: Simon Keenlyside (Bottom), ya muy rodado y presente en el Real en distintas ocasiones, y Jacques Imbrallo (Demetrius), que tan buena impresión nos dejara en Billy Budd. Ningún español, a no ser la experta directora del coro de niños de la ORCAM: Ana González.