La compositora surcoreana Unsuk Chin. premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Foto: Fundación BBVA.

La compositora surcoreana Unsuk Chin. premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Foto: Fundación BBVA.

Música

Unsuk Chin, la compositora que conquista los auditorios mundiales: "La música necesita envejecer"

Ganadora del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, la surcoreana repasa con El Cultural los hitos de una carrera construida a fuerza de trabajo.

Más información: La música universal de Unsuk Chin

Publicada
Actualizada

Odiada por su nivel de exigencia, Unsuk Chin (Seúl, 1961) es una de las compositoras a las que directores como Rattle o Nagano recurren una y otra vez. Nacida en la Corea del Sur de posguerra en una familia sin recursos, aprendió a leer partituras de forma autodidacta en un país donde acceder a música occidental era casi imposible.

Tras ganar el concurso Gaudeamus, consiguió una beca para estudiar con György Ligeti en Hamburgo, una experiencia decisiva que la obligó a replantearse su lenguaje. Desde entonces ha construido una de las obras más originales de nuestro tiempo, un universo tímbrico en permanente transformación que la ha llevado a los principales auditorios del mundo.

Con motivo del concierto en el que la Euskadiko Orkestra, dirigida por Lucas Macías, interpretará su Concierto para violonchelo junto a obras de Bach, Beethoven y Strauss, la reciente ganadora del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Música y Ópera, que será también la compositora residente del CNDM para la temporada 26/27, habla en su alemán fluido con El Cultural sobre los desafíos de construir una voz propia.

Pregunta. En la Corea del Sur de posguerra, acceder a partituras o grabaciones de música occidental era una tarea casi imposible. ¿Cómo vivió aquellos años de formación bajo la dictadura?

Respuesta. Nací ocho años después de la guerra. En aquella época no existía ninguna información sobre música contemporánea, pero tampoco era fácil acceder a la música clásica en general. Empecé tocando pequeñas sonatinas de Clementi y, poco a poco, fui descubriendo otros compositores. En los años sesenta y setenta no teníamos televisión, radio ni discos. El contacto con la música clásica europea era muy limitado.

P. ¿Cómo una niña pobre en Seúl termina convirtiéndose en una de las compositoras más influyentes de nuestro tiempo?

R. Ha sido una transformación gradual. He trabajado muy duro, pero también he tenido muchísima suerte. A lo largo del camino han aparecido personas que me han ayudado mucho. Por ejemplo, cuando necesitaba dinero, en ese momento aparecía un premio. He tenido algo parecido a ángeles de la guarda. A eso hay que añadir el trabajo constante. Así he ido construyendo mi vida, paso a paso.

P. ¿Puede señalar tres hitos en los que ese trabajo duro la llevó a otro nivel?

R. Creo que el primero fue mi admisión en la universidad en Corea. Eso fue un golpe de suerte, porque había suspendido dos veces el examen de acceso. Algunos años después llegué a Alemania, y ese fue otro punto de inflexión. El tercero llegó cuando tenía alrededor de cuarenta años y tuve a mi hijo. A partir de entonces inicié colaboraciones artísticas muy importantes con directores como Nagano y Rattle.

Unsuk Chin. Foto: Fundación BBVA.

Unsuk Chin. Foto: Fundación BBVA.

P. ¿Qué lugar ocupa el piano en su vida? ¿Alguna vez se ha preguntado qué habría ocurrido si su familia hubiera podido permitirse darle una formación pianística?

R. El piano y yo… Vi un piano por primera vez cuando tenía dos años. Empecé a tocar a los tres. Desde el primer momento surgió una relación emocional y física muy intensa con ese instrumento. Me habría encantado ser pianista. Si mi familia hubiera tenido los medios para proporcionarme clases, estoy convencida de que habría acabado siéndolo. Porque yo sé que, si yo hubiera sido pianista, habría sido mucho más feliz de lo que soy ahora.

P. Compone en “un estado de trance”, directamente sobre el papel. ¿Cómo condiciona eso el "juego de ilusiones" que el jurado ha destacado en su música?

R. (Se ríe) Es verdad que esa es mi forma de trabajar, es lo que denomino "mesa sobre mesa", directamente sobre el papel. No toco mi música al piano; no lo necesito. Pero no es que no escuche: en mi oído interno voy imaginándome la combinación de timbres y sonidos, y no sabes qué alegría es cuando llega el primer ensayo y aquello suena exactamente como yo lo había escuchado por dentro.

P. En su ensayo Dios lo ve, Oscar Tusquets reivindica la búsqueda de la perfección incluso en los detalles que nadie llegará a ver. ¿Algo así sucede en su forma de componer?

R. Sí. Creo que esto no ocurre solo en mi música, sino en la composición en general. La música es abstracta, tiene una arquitectura que no se puede ver ni tocar. Pero posee una estructura muy sólida, que permite que el tiempo tome una forma reconocible. Y tiene muchas dimensiones, hay esquinas, pilares y toda clase de elementos que no vemos, pero que, de manera abstracta, contribuyen a que funcione.

P. Puede dedicar una semana entera a perfeccionar apenas siete segundos de música. ¿Es ese rigor extremo, herencia de Ligeti, una forma de garantizar el control sobre la partitura?

R. Una semana para componer o refinar siete segundos… Una se adentra tan en detalle, que estamos hablando casi de un nivel cuántico. Por eso hay que ser consciente de que, por muy profundamente que uno se adentre en la música, sigue tratándose solo de un instante. Mantener el equilibrio entre el detalle y el conjunto no siempre es fácil.

La compositora surcoreana Unsuk Chin. Foto: Fundación BBVA.

La compositora surcoreana Unsuk Chin. Foto: Fundación BBVA.

P. Algunos intérpretes han reconocido que la dificultad extrema de sus partituras puede resultar frustrante. ¿Es esa exigencia física el precio necesario para alcanzar la belleza?

R. Absolutamente. Si pensamos en la música clásica encontramos innumerables versiones a lo largo de la historia, y también es un mundo en el que hay una enorme competencia. Pensemos en las sinfonías de Beethoven o de Brahms: son obras que se han interpretado una y otra vez y que han alcanzado los más altos niveles de excelencia. Pero en el caso de la música contemporánea no es así, porque es una música muy nueva. Por eso, a menudo nos contentamos con que las notas están afinadas y con que el tempo sea el adecuado. Pero eso todavía no es música. La música contemporánea necesita envejecer; las obras deben interpretarse más veces para perfeccionarse.

P. Detrás de su música hay influencias tan distintas como Lewis Carroll o Olafur Eliasson. ¿Qué le fascina de ellas?

R. Hablando de inspiración, Lewis Carroll y Olafur Eliasson han sido muy importantes para mí. Cuando leí Alicia en el país de las maravillas me pareció muy musical, tanto por los textos como por las bromas y las asociaciones. En el caso de Olafur Eliasson, vi una instalación en la que la luz se reflejaba sobre una pared. Era algo imposible de atrapar, un fenómeno efímero que se transformaba permanentemente. Nada permanecía. Eso me inspiró a la hora de hacer la música [de Rocaná en 2008].

"Si yo hubiera sido pianista, habría sido mucho más feliz de lo que soy ahora"

P. Esa idea conecta también con el mundo de los sueños...

R. Sí, exactamente. Precisamente esas imágenes que vi en la instalación de Olafur Eliasson que me gustaron tanto empezaron a aparecer también en mis sueños y se traducían en colores, en visiones y en luz que luego he volcado en mi música.

P. Durante años ha defendido una estética cosmopolita y ha evitado etiquetarse como “coreana”. Sin embargo, ahora está empezando a trabajar con un cantante de pansori. ¿Qué ha cambiado?

R. Cuando era más joven, en Alemania, recibí muchas críticas porque no usaba mi propia cultura. No era que no quisiera, era consciente de que necesitaba experiencia para poder llegar a ese punto. Nunca quise utilizar elementos tradicionales de una manera tópica o superficial para abrirme camino. Ahora, con la experiencia que tengo más de treinta años después, veo más posibilidades de desarrollar un lenguaje propio en relación con la tradición. De hecho, pronto empezaré a hacerlo. Todavía no sé qué dirección va a tomar, pero será algo completamente diferente de todo lo que he hecho hasta ahora.