Xabier Anduaga como Werther. Foto: Paco Amate
Las tribulaciones del joven Werther encarnado por Xabier Anduaga estallan de nuevo en el Liceu
El Liceu acoge la ópera de Massenet compuesta a partir del clásico de Goethe sobre el amor no correspondido. Christof Loy, a cargo de la escena, cuenta con la voz del tenor donostiarra.
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Massenet hizo muy bien la transición hacia un lenguaje no exento de delicadeza, conectado con el naturalismo que había asomado en las obras de Balzac o Zola.
Pese a ciertos efectos facilones, de un localismo o un carácter doméstico un tanto banal, de peroraciones melódicas extremadamente superficiales, el compositor de Saint-Étienne supo plasmar reconocibles aspectos de la sociedad de su tiempo.
Lo asombroso de nuestro autor es su versatilidad, su capacidad para abordar todos los géneros: bufo, histórico, costumbrista, fantástico, épico, comedia musical, drama verista…
Y eso sólo por lo que se refiere a la música operística, porque en lo instrumental o sinfónico dejó una obra de lo más rica y abundante, extendida a lo largo de una carrera larga que había empezado bien pronto. A los 21 años, en 1863, había obtenido ya el Premio de Roma —galardón que ha marcado el destino de más de un músico francés— con la cantata David Rizzio.
Un buen ejemplo de esta versatilidad y facilidad para cambiar de estilo y aún de estética lo tenemos en esta breve secuencia, en la que Werther figura de remate: Manon (1884)-Le Cid (1885)-Werther (estrenada en 1892, pero terminada en 1887). Es decir, dos dramas íntimos enmarcando una ópera épica, de evidente ascendencia meyerberiana, una grand-opéra.
Curioso este aparente desequilibrio, esta caprichosa alternancia en un artista que, al parecer, era un maniático del orden, de la puntualidad, del sistema, un enamorado de las ciencias exactas y un respetuoso servidor de las costumbres. ¿Qué le hace, tras ese operón sobre Rodrigo Díaz de Vivar, escribir esa tragedia recogida y delicada, intimista, sobre Las tribulaciones del joven Werther de Goethe?
Escribimos estos apuntes con motivo de la reposición en el Gran Teatro del Liceu —con diez representaciones entre el 2 y el 17 de mayo— de esta última, en la que va a ser protagonista masculino el tenor donostiarra Xabier Anduaga, de carrera ascendente y meteórica.
Pese a ciertos efectos facilones, Massenet supo plasmar reconocibles aspectos de la sociedad de su tiempo
Su voz es ahora, tras la correspondiente evolución, la de un lírico-ligero con tendencia a lo lírico puro. Sobre todo en una primera octava de mayor densidad, de sano colorido, con reflejos soleados y una apreciable firmeza. Asciende hacia la segunda octava como un tiro, sin aparente esfuerzo. Tiene solucionado el pasaje de registro y los sonidos no se apagan o pierden posición en esa franja —Mi-Fa-Fa sostenido—, lo que hace igual la emisión.
A su lado estarán la mezzo Kristina Stanek, de oscuro espectro y, como Sophie, la soprano lírico-ligera, de tan satinado timbre, Sofía Esparza. Hay secundarios de altura, y todos españoles —¡Bravo!— como David Oller (Albert), Stefano Palatchi (Alcalde), Josef Fadó (Schmidt), Enric Martínez de Castignani (Johann), Cristofol Romaguera (Bruhlmann) y Marta Esteban (Katchen). Buenos nombres protagonistas también en el segundo reparto: Mathew Polenzani, Elmina Hasan y Leonor Bonilla.
La dirección de escena corre a cargo del competente y metafórico Christof Loy. La musical estará en manos de otro experto en estos menesteres: Henrik Nánási, vigoroso y expresivo.