Música

Rodrigo pone música a Lope

El teatro de la Zarzuela reestrena "El Hijo Fingido"

31 enero, 2001 01:00

A partir de mañana, el Teatro de la Zarzuela de Madrid recupera El hijo fingido, comedia lírica escrita por Joaquín Rodrigo a partir de textos de Lope de Vega, en un montaje de Gerardo Malla que se ha programado para festejar el centenario del nacimiento del célebre compositor valenciano, que se conmemora este año.

Esta partitura, definida por su autor como "comedia lírica en un prólogo y dos actos", fechada en 1960 y cuya intermitente escritura se extendió a lo largo de cinco años, fue estrenada en el mismo coliseo de la calle de Jovellanos el 5 de diciembre de 1964. En el foso estaba Odón Alonso, siempre adicto a lo nuevo y partidario de aventuras arriesgadas, y la escena era cosa de Luis Escobar, otro francotirador de la época. La coreografía de las partes bailadas la firmaba Alberto Lorca, y se contó con voces importantes del momento: Inés Rivadeneira como la viuda doña Bárbara, Isabel Penagos como su hija ángela, Luis Villarejo como Leonardo -oficial de los tercios de Flandes-, Esteban Astarloa como capitán Fajardo -hermano de doña Bárbara-, Venancio Muro como Beltrán -el criado urdidor del enredo- y Antonio Riquelme, ilustre actor, como don Octavio.

La acción y la mayor parte de la letra de esta comedia con música provienen de sendas obras de Lope de Vega, De dónde acá nos vino y Ramilletes de Madrid. La primera constituía, en principio, la única base de la obra y fue adaptada por Jesús María de Arozamena; la segunda, de la que se insertan unos cuantos versos, fue empleada en la revisión del libreto llevada a cabo por Victoria Kahmi, esposa del compositor. La obra no tuvo gran éxito y la crítica no la trató, en general, demasiado bien, lo que dolió mucho a Rodrigo. Federico Sopeña, que estimaba que la partitura no había estado bien defendida, fue uno de sus más animosos defensores, al referirse a ella como "canción escénica sobre una orquestación sencilla pero sutil, de primerísima categoría, merecedora de mucha más atención".

Un injusto olvido

"Nos dolió también a nosotros", continuaba el musicólogo, "que esas canciones espléndidas pasaran un poco al desván del olvido, pero sobre todo que ello influyera en la gran obra que estaba y está en el telar: La azucena de Quito, sobre libro nada menos que de José María Valverde". Hacía mención aquí a un oratorio iniciado en 1960 y del que sólo quedan esbozos de un primer acto a cargo de una soprano, oboe, corno inglés y celesta, si bien quedó terminada el aria Despedida de Azucena, estrenada en noviembre de 1962 por Isabel Penagos con motivo del 60 cumpleaños del autor.

Joaquín Arnau destaca, entre las "canciones espléndidas" de las que hablaba Sopeña, la de Bárbara, un Allegro moderato balanceante en compás ternario, muy melodiosa y tonalmente sencilla (Vivo y es mucho deciros). Su hija, la núbil ángela, de la que se enamora Leonardo, tiene una arietta, Adagio en sol mayor en 4/4, que enuncia el soneto Mal empleados sentimientos. Estas dos páginas, junto a otras dos intervenciones a cargo de la joven (Canción y Romanza), personaje muy obsequiado por el autor, y a otros dos números (Coplillas del alférez y Cabaletta de Leonardo), forman parte de una reducción para voz y piano titulada Seis arias de "El hijo fingido". En todas brilla esa capacidad de Rodrigo para la utilización de materiales de época, en un delicado trabajo de estilización.

Una música, pues, bella y suelta, sencilla y tonal que engarza los diálogos y que dota de animación, sin un peso excesivo, al trenzado libreto. Rodrigo explota su fácil vena lírica, ya puesta en evidencia con anterioridad en obras como Cuatro madrigales amatorios, para soprano y orquesta, y Ausencias de Dulcinea, para bajo, cuatro sopranos y orquesta, ambas de 1948.

La versión que se va escenificar el próximo día 1 ha sido confeccionada por Ramón Sobrino y en la que colaboran Ediciones Joaquín Rodrigo y el Instituto Complutense de Ciencias Musicales. Ha intervenido en el repaso del texto Rafael Pérez Sierra, la coreografía es de Natalia Viñas, la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y la escenografía de Joaquim Roy.
La responsabilidad principal corre a cargo de Miguel Roa, director musical, y de Gerardo Malla, director de escena. Son hombres avezados y conocedores, que están poniendo mucho esfuerzo y talento para que el espectáculo funcione y no se aprecien demasiado las debilidades del libreto y las flojeras dramáticas de la música.

El extenso reparto está encabezado por María Rodríguez y María Rey-Joly, jóvenes en pleno ascenso, sopranos de buena planta, que se alternan en el papel de ángela, que, como se ha podido apreciar, lleva gran parte del peso de la obra. Eneida García Garijo es doña Bárbara. ángel ódena y Miquel Ramón, dos barítonos de talante muy lírico, más aguerrido el primero, más templado el segundo, figuran asimismo en partes estelares. Otros personajes son servidos por Fernando Conde (Beltrán), Elisa Belmonte, Pedro Valentín, Luisa Maesso o Miguel Sola.