Sílvia Pérez Cruz. Foto. Alex Rademakers

Sílvia Pérez Cruz. Foto. Alex Rademakers

Música

Sílvia Pérez Cruz: "Componer es la manera que tengo de vivir, lo hago por necesidad"

La cantante y compositora estrena 'Oral_Abisal', un disco en el que revisita universos acogedores pero también se zambulle en las profundidades de lo desconocido.

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Sílvia Pérez Cruz (Palafrugell, Girona, 1983) entiende la música como una celebración colectiva. Su lista de colaboraciones no tiene fin.

Recientemente ha participado en La rumba del perdón de Rosalía y se ha llevado el Goya a la mejor canción original –ya tiene tres– por Flores para Antonio, compuesta con Alba Flores. Sus dos últimos discos son proyectos a dúo, con Juan Falú y con Salvador Sobral.

Pero ya tocaba un nuevo álbum en solitario, y llega con una importante carga conceptual. Oral_Abisal es un trabajo dual, con una sinestésica combinación de rosa y azul, donde se intercalan lo familiar y lo ignoto, lo cálido y lo frío, la ligereza del aire y la profundidad del mar.

Pregunta. ¿En qué consiste la dualidad que propone en Oral_Abisal?

Respuesta. Oral es una palabra que siempre me ha acompañado: el canto, lo que se traspasa boca a boca, la sabiduría popular… Las canciones de esa parte del álbum están hechas con guitarra y cuerdas y pertenecen a un mundo conocido, suenan a algo familiar. También hay en ellas una invitación al canto colectivo.

"En estos tres años he atravesado los mares abisales y ahora tengo la sensación de florecer"

»En cambio, Abisal viaja a profundidades desconocidas. Hay trompas, hay flautas traveseras, los arreglos y la producción nos llevan a un mundo más irreal. Hay menos armonías y todo es más cercano al trance. Muchas canciones hablan del mar, pero no el mar romántico que me ha acompañado siempre, sino una profundidad con otras sonoridades y otras emociones. Oral es cantar con los ojos abiertos y Abisal, con los ojos cerrados.

P. ¿Esa dualidad ya la tenía en mente antes de componer las canciones o fue surgiendo a partir de estas?

R. Yo voy componiendo de manera natural, es algo que me ayuda a entender mejor la vida. A veces lo hago para traducir una emoción hermosa y preservarla del olvido, o a veces para transformar un dolor. Componer es la manera que tengo de vivir, lo hago por necesidad y en ello hay un aprendizaje continuo.

»Así me di cuenta, hace ya dos años, de que había dos colores diferenciados en lo que iba componiendo: el rosa y el azul. Una vez entendido ese concepto y esa dualidad, fui completando las canciones sabiendo adónde quería llegar. También me interesa cómo se une esa dualidad, y por eso compuse Líquido, que nace de la voluntad de borrar los límites entre las cosas.

P. Si componer es igual a vivir, ¿cada disco es la fotografía de un momento vital?

R. Sí, pero me doy cuenta cuando pasa el tiempo y miro hacia atrás. Los discos suelen coincidir con renacimientos, en cada uno hay duelos, alquimias y transformaciones. Ahora mismo estoy muy bien, pero en estos tres años he atravesado los mares abisales. He tenido la valentía de cruzar esa niebla y ahora tengo una sensación muy primaveral, como de florecer. Gracias a la música vas entendiendo cómo estás, y ahora es un buen momento.

P. Ya ha estrenado el proyecto sobre los escenarios. ¿Cómo es la puesta en escena?

R. En la escenografía también se cuenta esa dualidad. Oral es intimidad, empezamos con el cuarteto, hay unión y contacto físico, vamos vestidos de rosa. Y, de repente, pasando por la soledad, llego a la inmensidad de Abisal, donde aparecen todos los músicos y el espacio es mucho más grande.

"La música para mí es amparo, y un lugar donde me reencuentro con todas las Sílvias que he sido, que soy y que seré"

»También me he inspirado en el ciclo del agua: Oral son los ríos, el compartir, hasta llegar a los mares de Abisal. También están la evaporación, la lluvia y la nieve. Me gusta mucho dibujar la escenografía, el vestuario, hago listas de la energía que tiene cada momento del concierto... Pienso mucho en la puesta en escena para después no tener que pensar nada y ser un animal en el escenario.

P. ¿Cuál es el hilo conductor en las letras del disco?

R. Oral es una historia de amor y desamor. En Abisal hay ecos de esa historia, y se habla de aprendizajes, de la sensibilidad y la fortaleza de las mujeres, de los misterios y del dolor de los mares, donde tanta gente arriesga su vida en busca de una mejor.

P. Dice en Líquido que cuando canta es otra persona. ¿Cómo experimenta esa disociación?

R. Esto es algo muy profundo, difícil de expresar con palabras. La música para mí es amparo, y un lugar donde me reencuentro con todas las Sílvias que he sido, que soy y que seré. Por otro lado, cuando canto siento como si el público fuera una sola persona que también soy yo. Por eso digo que “no canto mi pena, canto la pena de todos”. Y ahí me encuentro a mí. Todo el rato hay una voluntad de unión, la idea de Parménides de que todos somos parte de una única esfera, la belleza de sentir que estamos hechos de lo mismo.

P. ¿Cómo nacen sus canciones?

R. Lo primero suele ser una idea muy orgánica e impulsiva. Con el tiempo he aprendido a valorar las cosas que salen de manera fácil y natural. Y en los últimos años, la letra también me viene así, casi no borro nada de lo que escribo. Las ideas me vienen en el momento más inverosímil, y ser madre me ha hecho quitarle romanticismo a la creación, que puede suceder mientras conduzco.

Sílvia Pérez Cruz. Foto: Alex Rademakers

Sílvia Pérez Cruz. Foto: Alex Rademakers

»Luego vienen los arreglos, que pueden darse de varias maneras. Si quiero hacer la canción con guitarra, paso bastante tiempo con ella. Con el grupo de cuerdas llevamos tanto tiempo que algunas canciones las creamos colectivamente mientras ensayamos. En cuanto a la producción, soy muy visual. Veo la música como si fuera un cuadro que late con unos colores, unas amplitudes y unas profundidades. Creo que es porque me crie con mi madre, que tenía una escuela de arte y me enseñó a mirar la vida así.

P. Su padre era músico y su madre, poeta y directora de una escuela de arte. Qué suerte haberse criado en un ambiente tan artístico.

R. Absolutamente. Con mi padre aprendí a comunicar las emociones más profundas a través del canto cercano, junto a una mesa y sin micrófonos. Y mi madre es la que me ha criado y con quien más feliz he sido. Me enseñó a sentir, me dio confianza, recursos, libertad… Creó una escuela de arte en la que aprendí mucho, era toda una inmersión en la que se eliminaban los límites entre disciplinas, por eso para mí la creación puede traducirse en un poema, una danza, una película, un cuadro o un concierto.

Sílvia Pérez Cruz. Foto: Alex Rademakers

Sílvia Pérez Cruz. Foto: Alex Rademakers

P. ¿Por eso ha hecho sus pinitos también en el teatro, la danza o el cine?

R. Sí, en un momento en el que ya no podía sentir más cantando, me fui con Rocío Molina a trabajar danza, a componer bandas sonoras de cine... Me encanta involucrarme en otras disciplinas.

P. ¿Con qué etiqueta se identifica más: cantautora, cancionista, música de raíz… o se inventaría una propia?

R. Justamente mi búsqueda consiste en evitar las etiquetas, en borrar los límites. Como dice el poema que grabé de Pablo Messiez, “nombrar es imposible, y puede ser bello intentar lo imposible”.

P. Tuvo una formación musical muy amplia: varios instrumentos, canto, jazz, flamenco… ¿Cómo influyó en su manera de entender la música?

R. Aparte del aprendizaje de la música como algo natural en mi casa, a los tres años me apuntaron a la escuela de música de mi pueblo y estuve allí hasta los 18. Hice piano y saxo clásicos, solfeo, armonía, coral, orquesta… Iba de lunes a sábado, y aparte daba clases de arte con mi madre y también de danza. Supongo que era y soy hiperactiva, mi hija me lo dice. Cuando estudiaba clásico, cambiaba mucho las melodías porque me aburría, y mi profesor de saxo me dijo: “¿Sabes que existe el jazz?”, y me enseñaron a improvisar un poco.

»A los 18 me voy a Barcelona pensando estudiar filosofía o antropología, porque la música ya formaba parte de mi vida y no lo entendía como una carrera. Y de repente se inventa ESMUC, la Escuela Superior de Música de Cataluña, que es como una universidad musical. Lo que tenía de especial es que, aparte de clásico, que es lo que se enseñaba hasta ese momento, también se hace flamenco, jazz, música moderna y música antigua.

»Allí hice la carrera de canto jazz, con saxo como segundo instrumento. También recibí clases de canto flamenco, estudié armonía, arreglos de big band, hice algo de música antigua, había asignaturas muy bonitas de composición, me mezclaba con otros músicos... Terminé a los 25 años porque me quedé embarazada a los 24 y alargué un año más. Después he seguido aprendiendo, sobre todo con otros compañeros músicos, que son como clases magistrales.

P. ¿Siempre supo que se dedicaría a la música?

R. No pensaba en eso porque la música para mí era algo natural, no imaginaba la vida sin ella. Sabía que cantaría toda la vida, pero nunca la vi como un oficio, aunque me contrataron por primera vez cuando tenía 13 años.

P. ¿Se imaginaba, por ejemplo, hacer tres llenos seguidos en el Liceu, el Teatro Real y el Olympia de París, como los que acaba de hacer?

R. No. Desde muy pequeña lo que quería era ser como esos humanistas de barba larga que saben astronomía y otras muchas cosas. Ya de mayor, al conocer a artistas como Chavela Vargas, Edith Piaf, Lola Flores, Caetano Veloso, Enrique Morente y Björk, detecté en ellos algo que me llamaba mucho. Son artistas que te atraviesan, conectados con la tierra y la memoria, pero lo suficientemente valientes y locos para seguir buscando por las estrellas.