Son los que están. La dramaturgia de nuestro país tiene relevo. Este 2022 va a ser su año. Con o sin pandemia. Con o sin subvenciones. Angélica Liddell, Sarah Kane y Sergio Blanco son algunos de sus referentes pero predomina la diversidad en fondo y forma. El teatro es para ellos una forma de relacionarse con los demás, un compromiso con su tiempo y con su gente. No es tópico. Es una divisa. Construyen historias, proponen experiencias y juegan con la técnica para parir nuevos formatos. Entienden pero no utilizan los términos "emergente" y "alternativo". Más difícil aún les resulta definir lo "público" o lo "comercial". Toca trabajar y mirar hacia adelante sin reparar ni en la edad ni en la competencia. Como generación llegan en una crisis, esta sí, que parece interminable. No son dóciles, no son domesticables. Aprenden sobre el campo de batalla. Y entienden el teatro como un ejercicio de libertad que no tiene comparación. Son los que están. Son los diez de 2022.

Tomás Cabané (Granada, 1993)

Escribió y dirigió para el CDN Querido capricho, protagonizada por Tomás Pozzi, y el 9 de enero lleva a El Umbral de Primavera Hay un agujero de gusano dentro de ti. Admirador del trabajo de Angélica Liddell y Alfredo Sanzol en lo nacional y de Sergio Blanco, Mariano Pensotti y Fernando Rubio en lo internacional, Cabané demanda más teatro de repertorio, más continuidad en el trabajo: "Hay demasiado estreno, demasiada exhibición y los tiempos de ensayo son muy concentrados. No hay tiempo para la investigación, por lo que parece que no se puede proponer proyectos de largo recorrido". Ha detectado las corrientes dominantes del teatro documento o de autoficción y le interesa "pero creo que a veces son términos que se manosean demasiado, se utilizan como una etiqueta o un complemento más". Próximamente podríamos ver Ibiza no es solo una isla, realizada bajo la "atenta y valiosa" mirada de Javier Daulte, y Las paracaidistas, escrita gracias a una beca de creación de textos teatrales de la Comunidad de Madrid.

Álvaro Caboalles (Ponferrada, 1994)

Carbón negro, desarrollada gracias a las ayudas de creación del INJUVE, y Generación Perdida son sus cartas de presentación. Influido por el movimiento in-yer-face, su teatro busca entre las agitadas aguas de Mark Ravenhill, Falk Richter, Milo Rau y Sarah Kane. En español se deja arrastrar por escenas tan diversas como las de Lorca, Eusebio Calonge, Liddell, María Velasco, Lola Arias, Marco Layera o Emilio García Wehbi. "Admito acudir a propuestas que propongan líneas que están más allá de un teatro de texto. No suelen abundar en la escena española", señala mientras reconoce a El Cultural no ver muy claro hablar de "autores/creadores emergentes". El tejido alternativo es una de sus más firmes apuestas, esencial para poner los pilares de la cultura de base: "Ocupa el lugar del riesgo, del compromiso y de la experimentación. En las salas off he aprendido cosas que aplico en la actualidad". Y para los teatros públicos, Caboalles pide riesgo y diversidad porque "seguimos produciendo un concepto de ‘teatro moderno pero sin pasarse’, aunque existen excepciones". Y por pedir, pues que llegue ya el Estatuto del Artista…

Marie Delgado (Cádiz, 1991)

Directora y fundadora de La Tarara, actualmente se encuentra trabajando en God Bless Tiny (sobre el cantautor estadounidense Tiny Tim) y este enero arranca los ensayos de El último acto de fe con la directora Laura Morales, que se estrenará en febrero en el Teatro Central de Sevilla. Ha impactado con títulos como El niño adefesio o La descomposición de Courtney Love y, además de reclamar más visibilidad para las mujeres creadoras, apunta que hay que incentivar la personalidad, "la peculiaridad, el alma, el ‘ángel’ de cada intérprete más allá del físico o de unas formas idílicas para que el panorama teatral sea más valioso". Se mira en el espejo de Fernando Arrabal, Liddell y Rodrigo García pero también en Kantor, Artaud, Beckett, Brecht y Sarah Kane. "Me inspira mucho la calle, sobre todo Cádiz, y mi familia. Me interesa también la cultura pop, la ‘telebasura’ como elemento esperpéntico de nuestra sociedad y siento atracción por las ‘celebrities’ y sus sombras". Y no solo, porque en estos momentos se encuentra revisando los programas de Jesús Quintero El perro verde y Ratones coloraos… Promete.

Itxaso Larrinaga (Bilbao, 1994)

Representa a la compañía Producciones Kepler, integrada también por Juan Carlos de la Vega, Berta Navas, Adriana Navarro, Leticia Ramos, David Alonso y María Elena Gallegos. Por eso le gusta hablar en plural. Tras su trabajo, hay un equipo. "Firmamos la dramaturgia y la dirección artística como compañía porque nos parece la manera más honesta de reflejar la realidad", aclara. Aparece un corazón en un descampado, Alaejos; pocos y lejos, Estación Recuerdo, Yo, la peor o Audioguías por la memoria son algunos de sus trabajos. Las compañías Grumelot, Sleepwalk Collective y Los números imaginarios son algunos de sus referentes ineludibles a la hora de gestionar sus procesos de creación aunque si hay que dar nombres propios surgen Lola Arias y Christiane Jatahy. Denuncia que en estos momentos parece más sencillo llegar a los 10.000 followers en Instagram que conseguir un contrato para hacer teatro y escasas oportunidades en el mercado laboral para los que salen de las escuelas superiores. "Quienes están ahora cumpliendo 40 años empiezan a acceder a puestos con más relevancia en el panorama teatral, pero los que vamos a cumplir 30 todavía seguimos en el banquillo". Y llega la gran pregunta, "¿Qué podemos hacer que Netflix no lo haga mejor?". Larrinaga y su equipo apuestan por las experiencias reales, los encuentros verdaderos aquí y ahora y hacer lo posible "para que la obra no muera en cinco funciones".

José Andrés López (Málaga, 1991)

Su vocación temprana fue la medicina pero pronto cambiaría el rumbo al sentir que el arte le ayudaba a "entender y soportar" el mundo. Ha firmado, junto a su compañía Vviseccionados, piezas como Los planes de Dios y Las palabras de la carne. En sus inicios teatrales el flechazo fue con Lorca pero fue Angélica Liddell quien consiguió blindarle contra el desaliento. La "verborrea" de Pascal Rambert, "un atropello de emociones", la "belleza de la genialidad" de Castellucci, la "luz" de Bob Wilson y el "sacrificio" de Jan Fabre han ido poniendo peldaños en su pasión escénica. "Y directores de cine. En mi corazón siempre hay directores de cine". Entre los defectos de nuestro teatro actual detecta superficialidad, frivolidad y buenismo pero se le olvida "al rato". Pronto surge el alivio que proporciona el escenario. "¡Qué alivios tan bellos!" No desvela el título de sus próximos proyectos pero acaba de cerrar una obra que arrastraba desde hace cuatro años en la que trata el tema de la salud de una forma patológica y acaba de empezar otra "sobre los fantasmas y sobre lo que nos queda cuando perdemos la compañía". ¿Y sobre el relevo generacional? "Quiero creer que estamos en ello. Ya sea por necesidad o por pura insistencia y fanatismo pero necesito creer en el concepto de esfuerzo y sacrificio. No me queda otra si quiero levantarme de la cama cada día".

Eva Mir (Valencia, 1996)

La última obra que ha escrito ha sido La Iona, fruto del IX Programa de Desarrollo de Dramaturgias Actuales del INAEM y ha estrenado, entre otras, Héroes en diciembre (Premio de Teatro Calderón de la Barca 2019), La conmoción (dentro del proyecto La pira), Antípodas y El latido mudo. De Lucía Carballal, Alfredo Sanzol, Antonio Rojano y Bárbara Mestanza salta a Ivan Vyrypaev, Rambert, Mark Ravenhill, Martin McDonagh y Sarah Kane. Echa de menos mayor inversión en los procesos artísticos porque "no hay una estructura verdaderamente fuerte que sustente a los creadores y creadoras para que generen el material de lo que algún día se exhibirá", aunque se empieza a apostar por la dramaturgia contemporánea. "Queremos que haya una renovación en nuestros espectadores, atraer a un público que será el público del futuro y debemos atender a sus necesidades". Mir solo le pide al teatro que mientras está en ese "espacio-tiempo" la golpee: "No estoy hablando de temas profundos, de tragedias o de violencia en escena. Hablo de esa magia que existe en el teatro cuando se hace desde la honestidad y con un propósito. Me decanto por las obras que tienen alguna brecha, que te dejan colgando, que no tienen por qué ser perfectos pero que asumen algún riesgo". En 2022 nos reescribirá una parábola bíblica "muy conocida" y la adaptación de una novela de un autor "que ahora está en auge". Prometedor.

Carla Nyman (Palma de Mallorca, 1996)

Autora residente en La Abadía, prepara con la coreógrafa Paula Quintana El huerto y ha escrito textos como Árbol quemado, Yo solo vine a ver el jardín (montado con el colectivo amor&rabia) y Taronges. Tocada desde muy joven por El público de Lorca le "obsesionan" Pablo Gisbert y la compañía El conde de Torrefiel, Esther Ferrer, Sleepwalk, Grumelot, Liddell, Peeping Tom, Sarah Kane, Martin Crimp, Ariana Harwicz y un largo etcétera que culmina con Antonio Rojano, Iñigo Guardamino y Sergio Blanco. Pero si hay que mirar atrás, mejor rescatar a Feliciana Enríquez de Guzmán, "dramaturga macarrísima que ya hablaba en el siglo XVII del deseo de la mujer, de la subversión del género y de relaciones poliándricas". Para Nyman el teatro español está "tremendamente" homogeneizado: "Es curioso que cuando se hacen rankings y antologías teatrales normalmente aparecen siempre los mismos dinosaurios o los discípulos de los dinosaurios. Está genial, y lo admiramos pero hay más propuestas y planteamientos". Duda si su generación tiene cosas que contar pero en lo que está completamente convencida es que tiene todas las ganas del mundo. "El teatro español tiene una cantidad de códigos y lenguajes, el peso viscoso de la tradición y esquizofrenias culturales que molaría exprimir más". Sus próximos proyectos hablarán del silencio y el ruido, del deseo femenino, de la pedofilia, de las relaciones de poder…

Adrián Perea (Madrid, 1997)

Participa actualmente en la segunda edición de las Residencias Dramáticas del CDN. Sin duda una de las promesas más firmes y originales del teatro que llega. Los nomeolvides hicieron historia en la Resad y es autor también de Ahora que nos dejan hablar (versión libre de El coloquio de los perros cervantino), que ha podido verse en el ClasicOff de Nave 73 y en el Festival de Almagro. Ambos títulos, auténticas declaraciones de principios, han sido dirigidos por Álvaro Nogales y su compañía Mudanzas López. Buenas noches y buena suerte, La bella Aurora PUF, Hasta Palomares, La princesa tiene cáncer y Los chicos de Baker-Miller son otros de los dispositivos escénicos de Perea, que trabaja con la mirada puesta Sanzol, Caryl Churchill, Carballal, Remón, David Mamet, Rafael Spregelburd, Sergio Blanco, Chiqui Carabante y Juan Vinuesa (estos dos últimos de Club Caníbal). "Los jóvenes emergentes todavía sentimos que el sistema teatral nos mantiene sentados en un banquillo donde, al final, acaba saliendo aquél que decide no tirar la toalla", explica. "No hay renovación generacional. Ni se la espera". Aun así destaca el respeto que se le tiene a nuestra dramaturgia, ya sea textual, de calle, danza o infantil: "Sin el texto el teatro no existiría y nosotros tenemos toda una variedad de dramaturgias. El respeto que se le tiene a la figura del dramaturgo no es comparable a la que se le tiene, por ejemplo, a la del guionista". En proceso, un trabajo para el CDN sobre las catástrofes climáticas desde la perspectiva de los jóvenes. "El futuro nos pertenece, sí, pero no tiene muy buena pinta".

Carlos Pulpón (Madrid, 1992)

Performer e intérprete, codirige actualmente el colectivo Quemar Las Naves, donde ejerce la dirección, la dramaturgia y la producción. Éramos unos niños que escuchaban música en su cuarto y Bob o Nunca nadie: La questione del consenso han podido verse en DT Espacio Escénico y Surge Madrid, respectivamente (aunque la segunda integrará la programación del Festival de Otoño de 2022). La Tristura, Liddell, Ana Vallés, Sarah Kane, Lola Arias y Rabih Mroué son algunos nombres que forman su ideal estético. "Tanto en producciones grandes como en el off, seguimos empeñados en hacer un teatro caduco o reiterativo en las fórmulas. Nos cuesta entender la dramaturgia como algo que trasciende la palabras y esto lastra la escena", señala. Lo importante para Pulpón no es la renovación generacional sino cómo mejoramos lo que nos han legado las generaciones anteriores y pensar qué dinámicas pueden cambiar los nuevos agentes culturales y cómo instaurar una política de cuidados… "En estos momentos, el teatro está respondiendo a cuestiones sociales de actualidad como el caso de la Manada, las cuestiones de género o la corrupción". Finalmente, la reivindicación que encabeza su guía de buenas prácticas ideal: "Ya basta de que el teatro público sea inaccesible".

Ana de Vera (Segovia, 1993)

Compatibiliza la escritura teatral con otras ocupaciones profesionales. "Mi mayor actividad vino cuando era la secretaria de un acaudalado y me pasaba nueve horas sentada frente al ordenador", reconoce con humor. Es autora de obras como 5 lobitos (estrenada en La Carme Teatre de Valencia) y Naughty Hands (traducida al ruso y estrenada en el Makaronka Theater de Rostov-on-Don) y del guión de la película El alborotador. A la hora de trabajar pesan apellidos como Liddell, Pallín, Koltès, McDonagh, Mayenburg, Ravenhill o Kane y le interesa de una manera directa los trabajos de Rimini Protokoll y su "búsqueda a partir del teatro relacional". Su teatro es el de las preguntas incómodas, el que se sitúa al filo de la navaja. "La clave está en las preguntas que se formulan". Del teatro que se exhibe en estos momentos observa "centralismo, estatismo ideológico y autocomplacencia". Casi nada. Y mantiene la esperanza en la renovación de "sus vicarios" en las instituciones. ¿El relevo generacional? Lento pero en marcha: "Este es un mundo muy pequeño y muy precario que vive de subvenciones y es lógico que la gente intente conervar sus pequeños logros".  En estos momentos se encuentra escribiendo una obra sobre el viaje que hizo su padre a la Antártida en el buque Hespérides. "No conocía esa historia. Me he enterado hace poco". Homérico.

@ecolote