Antonio Rojano

El dramaturgo charla con El Cultural para despedir Dios K, la versión escénica de la novela Karnaval de José Francisco Ferré, que este domingo se pondrá sobre las tablas de Matadero Madrid por última vez.

Antonio Rojano (Córdoba, 1982) forma parte de una nueva y prometedora generación de dramaturgos, entre los que se encuentran nombres como Marta Buchaca, Jordi Casanovas, José Manuel Mora, Denise Despeyroux o José Padilla, que está dotando a la escena española de un interesante pulso contemporáneo. Su último proyecto, Dios K, adaptación de la inadaptable novela Karnaval de Juan Francisco Ferré, se despide este fin de semana de Matadero Madrid tras estar en cartel desde el 24 de febrero. La obra, interpretada por Alberto Jiménez y Mona Martínez y dirigida por Víctor Velasco, analiza el caso del exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn, acusado de abusar de una camarera de un hotel de Nueva York para acabar presentando "un viaje alucinatorio a través de los excesos, pecados y males de la sociedad contemporánea". Tras este trabajo, Rojano estrenará en julio en Nave 73 Winsord, obra sobre el incendio del famoso rascacielos de Madrid.



Pregunta.- Las dos últimas representaciones de Dios K en Matadero... ¿Aquí acaba el trayecto de la obra o va a viajar a otros escenarios?

Respuesta.- En principio esta etapa acaba mañana. La producción es del Teatro Español y la continuidad de la obra depende más bien de ellos, no está en nuestras manos. Por nuestra parte sí que había interés en que la obra continuara en otros espacios pero no está claro que pueda ocurrir. Para nosotros el domingo es por tanto una especie de punto y aparte.



P.- ¿Y qué sensación os deja este punto y aparte?

R.- Los creadores estamos acostumbrados a estas situaciones ya que el mundo del teatro tiene un carácter efímero. Trabajas durante largo tiempo en un proyecto y al final el tiempo de exhibición del mismo es menor del que te ha costado desarrollarlo. Es la naturaleza del mundo del teatro. Unos proyectos terminan para que otros puedan empezar, es la dinámica de la creación.



P.- ¿Qué nos enseña el caso de Dominique Strauss-Kahn sobre nuestra sociedad?

R.- En Karnaval Juan Francisco Ferré utiliza la caída de Dominique Strauss-Kahn, paradigma del hombre poderoso e insignia divina de la sociedad actual, como pretexto para hablar de otros temas como la crisis económica, las relaciones de poder, la desigualdad entre géneros, el sexo, la economía, la sociopolítica, la nueva política emergente... El texto llega a presentar a Dominique Strauss-Kahn como otro indignado, golpeado por la crisis económica y víctima de poderes económicos que se sitúan incluso por encima del FMI. La ficción puede en muchos casos rebasar la realidad y acercarnos a esta figura que plantea Ferré nos permitía tratar ámbitos y temas muy diversos.



P.- Dios K es el ejemplo del hombre poderoso, intocable, que vive casi por encima de los mortales...

R.- Strauss-Kahn refleja el clásico perfil del tipo triunfador que tanto demanda nuestra sociedad en la esfera profesional. Sin embargo, en la esfera personal y privada tiene muchas manchas que en definitiva son manchas propias de la condición humana, algo de lo que tradicionalmente se ha ocupado el teatro. No tiene por qué ser necesariamente Dominique Strauss-Kahn, en España tenemos tipos parecidos como Rodrigo Rato. Sin embargo con Strauss-Kahn las connotaciones eran mayores a todos los niveles.



P.- ¿Por qué?

R.- Strauss-Kahn abusó de una camarera negra de un hotel, que además no tenía papeles. Que el hombre más poderos del mundo abusara de una trabajadora sin papeles refleja un enfrentamiento de polos opuestas de la realidad social.



Una imagen de Dios K

P.- ¿Cómo afecta a una persona encontrarse en una posición de poder tan obscena?

R.- Precisamente una de las cosas que queríamos mostrar era esa impunidad. Durante años este tipo de personajes se han sentido como reyes de monarquías absolutas del siglo XVI. Tenían libertad para acometer lo que quisieran y sentían que eran intocables. Pero la sociedad está cambiando y en este período de vacas flacas hemos apuntado la mirada hacia los centros del dinero. Nos hemos puesto las pilas y de algún modo los poderosos están empezando a sentir que en cualquier momento les puede pasar lo que le pasó a Strauss-Khan y que sus conductas pueden tener una repercusión pública e incluso social. Los poderosos, aunque también en cierto modo la gente normal, han tendido a cosificar los sentimientos e incluso la sexualidad. Las relaciones se han convertido en una transacción.



P.- ¿Cómo se metió en este proyecto?

R.- El proyecto surgió por azar en un taller de Fringe impartido por Juan Francisco Ferré. Los participantes teníamos que proyectar una puesta en escena muy resumida de su novela Karnaval y el festival se comprometía a organizar una lectura dramatiza de uno de los trabajos. Eligieron el mío y junto con Víctor Velasco, el director, decidimos transformar la lectura dramatizada en una especie de work in progress, una representación de unos 40 minutos. La dirección del Teatro Español, tras ver el espectáculo decidieron darnos luz verde para que lo terminásemos y lo incluyeron en la programación.



P.- ¿Cómo se traduce la intensidad intelectual de Ferré en códigos dramatúrgicos?

R.- Ese ha sido el gran reto. La novela es muy densa y son más de 500 páginas en las que Ferré trata de alcanzar la verdad utilizando las armas de la ficción de manera extrema, bordeando el delirio. Inventa hechos plausibles e hipótesis alternativas e incluso durante más de 100 páginas introduce a tertulianos, de Philip Roth y Slavoj Zizek a Lady Gaga, que comentan de manera discursiva el asunto, cada uno desde su parcela. En la versión escénica tuvimos que encontrar el modo de acometer estos discursos y armamos un dispositivo para trufar la obra de voces en off que comentaban las escenas y distintos aspectos del caso. Pero es cierto que trasladar la profundidad y la densidad narrativa de un premio Herralde al escenario era una gran dificultad.



P.- ¿Ha tenido ocasión de hablar con Ferré sobre la obra?

R.- Siempre estuvimos en contacto. Vio la muestra inicial de 40 minutos en Fringe y después vino al estreno y estaba muy satisfecho con el resultado. El entendió que había que sintetizar y concretar muchísimos pasajes pero le gustó el tono y la irreverencia del espectáculo. Él considera la novela como una máquina de guerra y creo que la versión también se puede considerar así.



@JavierYusteTosi