Una dolorosa agresión sexual en 2015 es la espoleta que hará estallar sobre el escenario del Teatro La Abadía, a partir del próximo 6 de mayo, Sucia, obra con la que Bàrbara Mestanza (Barcelona, 1990) intenta indagar en las secuelas de aquella dramática experiencia. “Es un pequeño viaje a esa parte de mi cerebro donde se encuentra el abuso”, señala la directora a El Cultural. “En esa zona reside de forma permanente, día sí y día también, la camilla donde hace cinco años sufrí un momento horrible. En ella como, sueño, río, deseo cosas, aborrezco…” Producida por Bella Batalla y La Abadía, Sucia nace de las entrañas de La mujer más fea del mundo, el montaje con el que Mestanza hará doblete en la cartelera madrileña a partir del 11 de mayo en las Naves del Español dentro del ciclo Plataforma (encuentro en el que, entre otros títulos, encontraremos también, el día 4, Dados, de José Padilla).

"Hasta que no te has arrastrado por el fango durante cincuenta años, aquí nadie te entiende como creadora sino como creadora emergente"

“Se complementan absolutamente. Coinciden en el tono, el lenguaje, el carácter y el tipo de humor. Ponen el foco en heridas hermanas pero analizadas en momentos distintos”, señala la directora, que reconoce que en La mujer más fea del mundo ya aparece el suceso que luego se convertiría en Sucia. “Se menciona pasando por encima, ya que La mujer… se hizo en un momento en el que yo todavía estaba en fase de negación, y ese gesto, el de empezar a poner la mierda sobre la mesa, empezó con ese proyecto. Sucia es la evolución directa de esa “mujer” que retraté junto a Ana Rujas, pero las dos obras nos hablan de algo que todavía, por desgracia, está demasiado vigente”, explica Mestanza, que prepara una versión “punk” de Medea y cuyo trabajo, admite, recibe las influencias de compañías como Vertebro y El Eje y de nombres como Nazario Díaz, Núria Guiu, Laia Alberch, Nao Albet, Manuel Borrás y Judith Colomer.

Mestanza se muestra agradecida a la capital por esta doble coincidencia de dos trabajos suyos en un momento en el que la crisis estrecha el cerco a la cultural en general y al teatro en particular: "Madrid me está acogiendo como una sopita caliente de madre en un día de fiebre y frío. Tengo muchas ganas de ver cómo reciben aquí estas piezas y de compartirlas". También desliza cierta crítica al término "emergente" para referirse a los autores que, como ella, despuntan en estos momentos y cuyo trabajo ya tiene cierto recorrido: "En el siglo XX los (y no las) grandes artistas tocaban el cielo con mi edad, los treinta, o incluso antes, y no sé si se les etiquetaba como emergentes. Creo que es por culpa de la precariedad a la que se nos somete en este país (y no tanto en otros países vecinos como Francia) que una no logra ser vista, tomada en serio, hasta que no llega a una etapa mucho más madura. Hasta que no te has arrastrado por el fango durante cincuenta años, aquí nadie te entiende como creadora sino como "creadora emergente". Parece que la palabra "emergente" dé menos miedo, suponga una menor amenaza y nos proteja de la posibilidad de entender que no somos solo una nueva moda sin la realidad actual de la cultura de este país exclamando más que nunca".

@ecolote