Una escena de For Rent, de la compañía belga Peeping Tom. Foto: Herman Sorgeloos.

Ha llegado la hora del movimiento. Madrid en Danza vuelve el lunes con un sabroso catálogo de montajes y compañías que se desplegará hasta el 4 de diciembre. Un mes de actividades, entre las que destaca For Rent, de la compañía belga Peeping Tom. Su codirectora, la coreógrafa argentina Gabriela Carrizo, habla con El Cultural sobre la búsqueda de nuevos universos.

En un paisaje congelado por las ventanas de unas caravanas precarias discurre la vida de unos seres excéntricos que forman parte de una peculiar comunidad. Contra toda lógica, un joven oriental sale en calzoncillos en medio del frío polar. Se empieza a acariciar y, en medio de su encuentro erótico privado, aparecen tras él tres hombres con grandes abrigos, gorras y esquís, como recién salidos de una escena invernal siberiana. Los encuentros insólitos -de gran belleza- no logran romper el aislamiento de estos personajes que fascinan por sus detalles y su autenticidad surrealista. Así conoció el público madrileño a Peeping Tom hace dos años, cuando presentaron 32 rue Vandenbranden en el Festival de Otoño en Primavera, un espectáculo en el que la compañía incluía duras estructuras, grandes fotografías y un sonido peculiar (con partitura original de Juan Carlos Tolosa) para plantear preguntas sobre el individuo, la vida cotidiana, la seguridad, las normas sociales del hombre y las leyes que rigen su comportamiento.



El colectivo belga, capitaneado por Gabriela Carrizo y Franck Chartier, llega el 16 de noviembre a Madrid en Danza para presentar su última creación, For Rent (Se Alquila), una de las producciones más esperadas del festival que tiene como motivos centrales de reflexión las ideas de lo transitorio y de lo precario. La argentina Carrizo y Chartier, francés de nacimiento, se conocieron en 1995 en Les Ballets C de la B, cuando coincidieron en Tristeza cómplice de Alain Platel. Los dos tenían trayectorias sólidas como intérpretes y un gran deseo de contar historias. "Como bailarines trabajamos con personajes, pero nos quedábamos con las ganas de desarrollarlos más, de aprender de todo ello, de contar historias más humanas, más íntimas", explica Carrizo.



Precisión cinematográfica

Se juntaron con otros bailarines de la compañía de Platel y con muy pocos medios crearon en 1999 Caravana, obra que se desarrolló dentro de un roulotte. Desde ese primer trabajo una de sus señas de identidad sería la creación de peculiares espacios escénicos elaborados con una precisión cinematográfica que subraya su especial dramaturgia de la realidad cotidiana. Al año siguiente nacía Peeping Tom, un término anglosajón que significa voyeur. "Como artistas somos curiosos, nos gusta observar, espiar", matiza la coreógrafa y bailarina argentina.



Su trilogía sobre la familia, Le Jardin (2002), Le Salon (2005) y Le Sous Sol (2007), establece la identidad creativa del colectivo, que dedica unos cinco meses de ensayos y montaje a cada obra. A partir de la trilogía, Carrizo y Chartier dejan de salir en escena para dedicarse a la creación. La directora retrata así las claves de sus creaciones. "Lo nuestro es un trabajo de fusión entre danza, teatro, canto... no creo mucho en las fronteras. Nuestro trabajo físico fuerza los límites del virtuosismo. Nos preocupamos mucho por la búsqueda de universos, ficcionando cosas que son reales. Nos metemos en la cabeza de los personajes y hacemos visible lo que uno no logra ver. Vemos lo que están soñado e incluso contemplamos sus miedos...".



Los personajes que pueblan los mundos de Peeping Tom no distinguen en el tiempo entre estos aspectos, más internos, y la realidad cotidiana. Como precisa la coreógrafa, "parten de una realidad que se bifurca hacia algo más fantástico, más surrealista". Además, las obras de la compañía tienen un fuerte componente cinematográfico. "Empleamos la idea del zoom cinematográfico para acercarnos a un momento, un detalle. Aceleramos y detenemos el tiempo", explica Carrizo. "En nuestros trabajos podemos ampliar a dos minutos un detalle que en la vida duraría cinco segundos. Un personaje realiza una acción pero queremos hacer visible también lo que está pensando en ese momento. Trabajamos con la visión que tiene la gente, e intentamos materializar las cosas que ocultan, sus deseos por ejemplo. Ese pensamiento paralelo intentamos trasladarlo al escenario. Eso nos lleva a nuevas dimensiones y forman mundos nuevos: lo que vemos y lo que pasa por dentro de cada personaje".



Los integrantes de Peeping Tom crean una danza personal, un movimiento exquisito y extremo que forma parte integral de la dramaturgia de sus personajes, dibujados desde un equilibrio sutil, fuera de eje. Esa capacidad de crear un mundo propio, sus habitaciones, jardines, todos con su particular textura, colorido y temporalidad forma gran parte de la atracción de los trabajos del colectivo. Recuerdan a los sueños febriles de nuestra infancia, por eso están poblados de personajes de enorme riqueza. Son como cualquier familia, pero más extremos, perturbadoramente excéntricos. Carrizo explica las líneas maestras de For Rent: "Empezamos con la idea de gente que se marcha de un lugar y otros que llegan a ocuparlo. Leímos un tratado de sociología que estudiaba lo que uno se lleva y lo que se deja cuando se muda de casa. Planteamos juegos," continúa. "Por ejemplo, ¿qué pasaría si todo fuera de alquiler, si no pudiéramos conservar nada? Si los objetos, las personas y las relaciones se alquilasen... ¿Qué pasa si yo desaparezco?¿Todo seguirá igual sin mí?".



Teatros en alquiler

Aunque no se propusieron hablar directamente de la crisis, la evocación de la precariedad y de lo efímero no deja de despertar reflexiones sobre la situación que vivimos en estos momentos: "Es muy probable que fuera inconscientemente. Uno ve lo que pasa a su alrededor", explica la coreógrafa. "En 2001, la crisis nos golpeó mucho. Todos éramos conscientes de la precariedad de nuestro trabajo. Vimos cómo los teatros se pusieron en alquiler, cómo se convirtieron en centros comerciales. Nos preocupamos por tener un trabajo, por cursar una carrera. A lo mejor lo conseguimos pero, pese a todo, nos quedamos sin las personas que amamos. O no había trabajo o el teatro se alquilaba. Todos estos temas salieron durante el proceso de creación de For Rent. Por eso volvemos a ese tiempo tan efímero".



Atlas, lamentos y gloria





El Festival Internacional Madrid en Danza se enfrenta cada año al reto de confeccionar una oferta de programación plural, de equilibrar la presentación de artistas veteranos con talentos emergentes y asegurar una distribución entre públicos y espacios: Teatros del Canal, Matadero, Pradillo, Cuarta Pared, La Abadía... Su línea artística está ligada a un concepto de servicio público a través de una variedad de perspectivas y de estéticas. Todo ello en un momento en el que la cultura en España se ve obligada a revindicar un valor que se creía asumido hace tiempo: el diálogo, ahora más importante que nunca.



La danza española, el flamenco y el folclore se nutren cada vez más de creadores de otros estilos. Es el caso de Federico Reloaded (Malucos Danza), de las coreografías que ha encargado Kukai Dantza Konpainia a Damián Muñoz y Virginia García, de La Intrusa (presente en el festival con su espectáculo Ataraxia) y de Petí Comité, de Teresa Nieto en Compañía. También mantienen esta inspiración Daniel Doña y Manuel Liñán en el recorrido de la historia de la danza española escénica en Rew. Interesante también es la mirada de Elena Córdoba con Atlas, el gigante y la vértebra, o la multiplicidad de conexiones entre el cuerpo y la cámara que propone Olga Mesa y Hors Champs/Fuera de Campo en El lamento de Blancanieves. Desde Canadá vienen dos compañías veteranas y emblemáticas, la de Marie Chouinard (Body remix/Goldberg Variations) y O Vertigo, esta última con un estreno absoluto: Khaos. La Compañía Nacional de Danza estrena un programa de coreógrafos españoles que empiezan a dejar huella a nivel internacional. Cabe señalar el apoyo que Juanjo Arqués e Iván Pérez han recibido en Holanda. ChoreoRoam Europe está dando sus frutos, como demuestra Inner, la nueva colaboración entre Sharon Fridman y la italiana Silvia Gribaudi, o el estreno de Eject, de Pablo Esbert. La compañía Losdedae hará kilómetros por la Comunidad para acercar Trátame como me merezco on the road en formato camión-teatro. Avalanche, de Pannullo Dancetheatre combina danza urbana con el football free-style. Finalmente, Provisional Danza celebra 25 años de vida con el espectáculo, Sin pena y sin gloria.