Muy pocos autores han conseguido poner una obra en lo más alto de la escena con tan solo un acto. Comedia sin título lo ha hecho desde los años ochenta con más de una docena de versiones, entre ellas las realizadas por Juan Carlos Corazza en la sala Cuarta Pared y la de Alejandro Quintana en el Berliner Ensemble. ¿Qué tiene este drama social que García Lorca dejó inconcluso frustrado por su asesinato en 1936? Seguramente un boceto del teatro del futuro que ahora interpretan las nuevas generaciones, como la que representan Marta Pazos y José Manuel Mora.

A partir de este viernes, 12, llevan al Teatro María Guerrero su propia visión de esta “herida abierta” que nacía, junto a El público y Así que pasen cinco años, con una teatralidad liberada de las servidumbres del naturalismo. “Respetando su carácter incompleto –señala Mora a El Cultural– evidenciamos la barbarie que mató la posibilidad de la belleza, aún hoy presente entre nosotros”. Para Pazos, “es una obra que conecta directamente con el ímpetu de la juventud, con su fuego interno y con su deseo de cambiar el mundo; con una fuerte pasión por la vida y el teatro”.

La obra está compuesta por tres movimientos: el primero es el texto inconcluso del poeta, que sucede en el mismo edificio del teatro. El segundo y tercero, inspirados en los recuerdos de Margarita Xirgu, tienen lugar, según le contó el propio poeta, en la morgue y el cielo. A partir de estos señuelos imaginarios que nunca pudieron ser materializados Pazos y Mora han construido dos espacios donde el cuerpo de los intérpretes, la plástica visual y la caja escénica adquieren prevalencia frente a la palabra. Al mismo tiempo, la dramaturgia y el texto, un tercio de la función, se asientan en los ámbitos político, sexual y espiritual.

Los tres pilares de 'Comedia sin título' se desarrollan en el edificio del teatro, en la morgue y en el cielo, tal como lo ideó Lorca

“Lo más difícil es siempre ser capaces de establecer un diálogo creativo con el texto a partir de lo que verdaderamente somos y no de lo que nos han hecho creer que somos”, añade Pazos sin defraudar a su habitual sentido de la rebel día. Guillermo Weickert (coreografía), Max Glaenzel (escenografía), Hugo Torres (música), Nuno Meira (iluminación) y Rosa Tharrats (vestuario) forman un equipo que completan catorce actores, entre ellos Marc Domingo, Cristina Martínez, Alejandro Jato, Clara Mingueza, Koldo Olabarri y Paula Santos.

“Se podría pensar –reflexiona Mora– que esta pieza ya ha sido superada a través de la llamada autoficción, pero para hacer una ficción de nosotros mismos primero hemos de saber quiénes somos. De lo contrario, estaríamos construyendo fábulas de ‘poetas embusteros’ con ‘versos bien hechos’ y esto es lo que precisamente viene a denunciar el Autor de la obra. Por eso, Comedia sin título sigue siendo absolutamente necesaria; porque, más allá de su carácter metateatral, nos invita al autoconocimiento”.

Para Marta Pazos y su compañía Voadora no es la primera incursión en el universo lorquiano. En febrero de este mismo año llevó a La Abadía Viaje a la Luna, un montaje que dramatiza el único guión cinematográfico del autor de Yerma. “Los espectáculos son paréntesis de un proceso de creación donde vida y obra confunden sus límites. Sus ciclos tienen que ver con pulsiones y deseos muy profundos”, finaliza la directora.

@ecolote