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Jorge Pardo: "El jazz clásico fue fusión en su momento. Toda pureza es una mezcla olvidada"

Premio Nacional de las Músicas Actuales, Jorge Pardo ha dado identidad al jazz hispano a través de la fusión. Ahora vuelve al aroma de los clásicos con el álbum 'Brooklyn Sessions'

7 diciembre, 2020 10:57

¿Qué libro tiene entre manos?

Siempre Tao te King.

¿Qué le hace abandonar la lectura de un libro?

Una música.

¿Recuerda el primer libro que leyó?

Mortadelo y Filemón era una gozada. Después, Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda.

¿Cómo le gusta leer, cuáles son sus hábitos de lectura?

Cuando no tengo una música en mi cabeza o una buena compañía, es momento de la lectura, aunque sea en tabletas de arcilla…

¿Qué acontecimiento cultural le hizo cambiar su manera de ver el mundo?

Mis primeros encuentros de adolescente con el mundo del flamenco.

¿Qué hay de “atrevimiento” en Brooklyn Sessions?

¡¡El hacerlo!!

¿Qué standard le ha sorprendido más al interpretarlo?

Lush Life, tiene misterios difíciles de combinar.

¿Cómo se ha llevado con el piano de Gil Goldstein?

Gil lo hace sonar como las arpas de los ángeles. Su sonido se te mete en los huesos.

¿Qué ha aportado la fusión al jazz clásico?

El llamado ‘jazz clásico’ fue fusión en su momento. Toda pureza es una mezcla olvidada.

¿Qué tipo de música escucha habitualmente y en qué soporte?

Vivo rodeado de música. La que más escucho es la que está en mi cabeza, por eso agradezco mucho los espacios públicos sin música ambiental. Luego, ya metidos en materia, escucho cómo mueve el aire los instrumentos de mis compañeros interactuando con los míos. Lo demás, son tapitas de bar, que las hay riquísimas…

¿Ve el futuro de la música en streaming?

No es que yo lo vea, es que ya está ahí.

¿Qué sintió al ver a los músicos tocar en las terrazas durante el confinamiento?

Fue como una voz clamando su soledad, su solidaridad y su generosidad.

¿Le importa la crítica, le sirve para algo?

La crítica sirve principalmente para dar a conocer la actividad de un artista. Lo peor es quien se endiosa y se cree un nuevo mesías que alumbra, con su luz, el futuro artístico de la humanidad. La versión actual son los influencers.

¿Entiende, le emociona, el arte contemporáneo?

El arte tiene un elemento de provocación. Para que te miren hay que poner algo llamativo, que sea insólito, decir “¡eh, tú!, ¡sí, tú… mírame!”. A veces se queda en eso y otras encuentras el hueco para adentrarte en algo más profundo e interesante…

¿Cuál ha sido la última exposición que ha visitado?

Klimt en Viena. Sin palabras.

¿De qué artista le gustaría tener una obra en casa?

¿Me regala un Velázquez?

¿Se ha enganchado a alguna serie?

No. De momento puedo sobrevivir sin ellas…

¿Qué libro le recomendaría al presidente del Gobierno en estos momentos?

Las mil y una historias del Pericón de Cádiz, de José Luis Ortiz Nuevo.

¿Le gusta España? Denos sus razones.

De España me encanta mi calle, mi barrio, mi ciudad, mi comarca, mi país, mi continente, mi mundo, mi universo, aunque a veces sea Mi bemol y quieras cambiarlo todo.

¿Qué medida urgente tomaría para superar la actual crisis del sector cultural?

Empezaría por remunerar a los profesionales a los que no le dejan ejercer su trabajo, en muchas ocasiones ya precario. Las artes son siempre la última asignatura para las administraciones, en contra de lo que pregonaban los grandes maestros de la antigua Grecia de donde dicen que viene nuestra cultura. ¿Será que ahora sabemos más? O quizá creemos que sabemos más…