Fotograma de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'.

Fotograma de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'. HBO

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'Ultras', la vergonzosa historia de las hinchadas futboleras más violentas de España: "Para mí Franco fue un héroe"

Una serie documental de tres capítulos radiografía el fenómeno 'hooligan' en nuestro país a partir de tres asesinatos muy simbólicos.

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El fenómeno hooligan en nuestro país está más que tratado en libros, reportajes, películas... Era difícil que Ultras. Pasión y muerte, serie documental dirigida por Pedro García Campos y disponible en HBO Max, aportara nuevas revelaciones acerca de las fechorías perpetradas por hinchas futboleros en las últimas décadas.

De hecho, habrá quien 'eche en falta' imágenes tan icónicas –por vergonzosas– como la de los Ultras Sur del Real Madrid derribando la portería del Bernabéu en 1998 y la de los aficionados sevillistas apaleando en 2002 a un vigilante de seguridad en el Sánchez Pizjuán. Por cierto, que las imágenes de archivo –algunas muy valiosas– tienen en general una duración brevísima en esta serie, lo que impide al espectador disfrutar plenamente del visionado. Será la querencia actual al montaje frenético, en cuyo auge han sido tan decisivas las redes sociales, por cuanto se erigen en caladeros de vídeos menos vertiginosos que espasmódicos.

Claro que cuesta pensar que, en tres capítulos de no más de 45 minutos, hubiera tiempo para mucho más, sobre todo cuando la gran mayoría del metraje está dedicado a pormenorizar tres asesinatos esenciales para comprender la evolución del crimen organizado entre las aficiones ligadas a clubes deportivos. Las víctimas: Frédéric Rouquier, Javier Romero Taboada 'Jimmy' y Aitor Zabaleta.

La violencia en el fútbol arraiga en nuestro país durante el Mundial de Naranjito, celebrado en 1982. Recién estrenada la democracia, buena parte de la juventud se repartía en bandas urbanas, con frecuencia belicosas. La causa no era tan importante como el objetivo innegociable de subvertir las normas del sistema, así que cuando muchos postadolescentes ven por televisión a los hooligans ingleses destrozando el mobiliario urbano sienten una llamada tribal.

"Había que ir a la contra de todo lo que venía", dice a propósito José Luis Ochaíta, exlíder de Ultras Sur, grupo neonazi cuya actividad se desarrolló más intensamente en los 90 y los 2000. Se refiere a que el sentimiento de pertenencia estaba determinado por la rivalidad deportiva. Verbigracia: si la Real Sociedad venía con la ikurriña, ellos sacaban la bandera de España.

"Yo no me enteraba de qué era eso de los neonazis", asegura también el prócer ultra, por más que el grupo que lideraba se viera implicado tantas veces en acciones racistas. Y, al mismo tiempo, reconoce que siempre ha pensado que "Franco fue un héroe".

Su testimonio, en todo caso, es la novedad más reseñable de la serie, toda vez que su presencia en los medios de comunicación es residual, como puede comprobar el lector si rastrea los buscadores. Reacio a las entrevistas, su nombre normalmente ha aparecido asociado a distintos altercados, como ese que protagonizó él mismo en la final de la ACB entre Real Madrid y Barcelona, tras el que acabó detenido.

La complicidad de los clubes

La creación de Ultras Sur, en 1980, coincide con el origen del movimiento skin en España. Solo un año después se funda Boixos Nois, grupo de filiación culé nacido al calor de la presidencia de José Luis Núñez. Aquí cabe resaltar la connivencia de los clubes con sus hinchadas en los albores del fenómeno. La tibieza de Joan Gaspart, entonces directivo del Barça, a la hora de condenar sus actos es lamentable: "Teníamos que encontrar a jóvenes chiflados como yo que estuvieran todo el partido gritando", dice, pero también que "educar a la sociedad no es obligación de los clubes".

Seguramente esto último sea cierto, pero escuchar estas declaraciones en el marco de un documental que evoca crímenes como el cometido en Barcelona por Boixos Nois en 1991, solo un año antes de las olimpiadas, no deja de ser impactante. Hablamos del apuñalamiento mortal de Frédéric Rouquier, de las Brigadas Blanquiazules del Espanyol, y por aquí cabe mencionar la complicidad de algunas directivas, que facilitaban entradas, promovían viajes e incluso cedían instalaciones a los ultras.

Imagen promocional de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'

Imagen promocional de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'

Es una de las controversias que resalta Ultras, donde vemos a Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid desde 1985 hasta 1995, despojarse de cualquier tipo de responsabilidad "si alguno se da una torta por ahí", por más que hubiera permitido en su estadio la exhibición de pancartas con simbología nazi.

El nazismo es también la ideología que profesan las facciones más severas del Frente Atlético, en cuyo seno se fraguaron los asesinatos de Aitor Zabaleta, aficionado de la Real Sociedad sin relación alguna con grupos violentos, y Jimmy, de los Riazor Blues del Deportivo de la Coruña.

Cartel promocional de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'

Cartel promocional de la serie documental 'Ultras. Pasión y muerte'

El del primero corresponde a Bastión, una célula escindida del Frente. Como respuesta al apedreo de su autobús tras el partido de ida de una eliminatoria de la UEFA entre colchoneros y txuri-urdines, celebrado en Guipúzcoa, un destacamento de ultras salieron a la calle sedientos de venganza el día de la vuelta, un 8 de diciembre de 1998.

En los aledaños del desaparecido Vicente Calderón encontraron a un grupo de aficionados de la Real y el skinhead Ricardo Guerra, sin piedad, hundió un puñal en el costado izquierdo de Aitor Zabaleta que le alcanzó el corazón. Todavía hay vándalos que en el Frente se burlan del crimen con un cántico, además de falso, repugnante: "Aitor Zabaleta era de la ETA". Según el testimonio de un miembro de los Biris del Sevilla C. F., del que no se desvela su identidad en la serie, "el Frente Atlético no tiene códigos ultra. Te pueden apalizar en el suelo hasta la muerte". ¡Códigos ultra!

Miembros del Frente Atlético en un partido del Atlético de Madrid en Turín.

Miembros del Frente Atlético en un partido del Atlético de Madrid en Turín. REUTERS

El asesinato, con todo, marcó un antes y un después –más implicación de las fuerzas de seguridad del Estado, más concienciación social–, pero eso no impidió que dieciséis años después, en 2014, de nuevo el Frente Atlético cargara otro muerto a sus espaldas.

Esta vez era Jimmy, de 43 años, prácticamente retirado de la escena radical. En el que hubiera sido su último servicio a la causa ultra deportivista, se desplazó a Madrid en uno de los autobuses atestados de jóvenes que iban a enfrentarse contra la afición rival.

El Frente había quedado descabezado, de modo que los coruñeses presentían su debilidad. Nada de eso. Se encontraron con un séquito de hooligans especialmente violentos. Alguno incluso capaz de tirar a una persona al río Manzanares. Jimmy fue uno de los dos aficionados arrojados por el puente. Él no pudo superar la hemorragia interna derivada del fuerte traumatismo craneoencefálico y murió. Su homicida quedó impune por falta de pruebas.

Investido de buen samaritano, Ochaíta critica duramente los crímenes perpetrados por los grupos ultra enfrentados al que entonces él mismo lideraba y se posiciona, muchos años después, en contra de las agresiones en el contexto futbolístico. Habrá quien no le crea una sola palabra, mientras que otros pensarán que nunca es tarde para esgrimir un testimonio redentor.

A propósito, es justo decir que Joan Laporta, presidente del Barça en la actualidad que no destaca precisamente por su moderación, fue pionero a la hora de desalojar a los violentos del estadio, en 2003. Años más tarde lo hizo Florentino Pérez en el Bernabéu, aunque eso le costara ser amenazado por Ultras Sur –la banda, por cierto, recogió votos para la candidatura de Lorenzo Sanz, su contrincante en las elecciones de 2000–, e incluso la profanación de la tumba de su esposa.

Si bien "es imposible erradicar la violencia al 100%", como afirma el presidente de LaLiga, Javier Tebas –uno de los rostros más conocidos ligados al mundo del fútbol de los que aparecen en la serie, junto a los periodistas Tomás Roncero y Manolo Lama–, el fenómeno tiene mucha menos presencia en los grandes estadios. Aunque ahora la moda es quedar en bosques para lincharse y, según el periodista Toni Padilla, hay "un cierto renacer" en clubes más modestos.

Su naturaleza panorámica y su motivación recapituladora hacen de Ultras una serie interesante, siempre oportuna para no olvidar que el monstruo sigue entre nosotros.