Saleh Bakri, en 'Palestina 36'

Saleh Bakri, en 'Palestina 36' La Aventura

Cine

'Palestina 36', una gran producción lastrada por una escritura militante que no deja respirar el drama

Puede entenderse como el reverso de Éxodo (1960), el épico drama histórico de Otto Preminger sobre la creación del Estado de Israel.

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Tras la Primera Guerra Mundial, Palestina quedó bajo mandato del Reino Unido, que, a través de la Declaración Balfour, expresó su apoyo al establecimiento de un hogar nacional judío en la zona. Desde entonces, la llegada de refugiados se fue intensificando en sucesivas oleadas, en un territorio cada vez más tensionado por las promesas contradictorias del poder colonial.

En 1936, el país se encontraba al borde del colapso. Una parte importante de la población árabe acusaba al protectorado británico de tolerar la expansión de los nuevos asentamientos y de favorecer un desequilibrio creciente en el acceso a la tierra, el trabajo y la representación política. De ese clima nació una revuelta campesina que se prolongó durante tres años y que se convirtió en uno de los levantamientos anticoloniales más complejos a los que tuvo que hacer frente el Imperio británico.

La directora Annemarie Jacir (Belén, 1974) nos sitúa en ese momento trágico con Palestina 36, un drama histórico de una rareza notable a nivel industrial. Se trata de una coproducción de nueve países (Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos).

Su rodaje se vio interrumpido por los atentados perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023. El equipo, formado por más de 100 personas, tuvo que trasladarse a Jordania, y trece meses después, contra todo pronóstico, pudo regresar a Palestina para concluir el rodaje.

La película destaca en sus apartados técnicos, propios de una producción europea de época de primer nivel. A ello se suma un reparto internacional con actores británicos como Jeremy Irons, Robert Aramayo y Liam Cunningham. Sin embargo, toda esa solvencia formal no termina de traducirse en densidad dramática, en parte porque la película parece más interesada en subrayar su posición que en dejar que el conflicto respire por sí mismo.

Palestina 36 puede entenderse, en cierto modo, como el reverso de Éxodo (1960), el épico drama histórico de Otto Preminger sobre la creación del Estado de Israel. Aquella era una producción abiertamente prosionista que legitimaba el proceso por las persecuciones sufridas por el pueblo judío, relegando casi por completo la perspectiva árabe.

Jacir corrige ese vacío desde el lado opuesto, pero incurre en una simplificación semejante: el único personaje judío con verdadero peso en la trama, el capitán interpretado por Robert Aramayo, queda reducido a ser un villano unidimensional, marcado por la crueldad y la ausencia de matices.

Es una lástima, porque en algunos momentos —como en la secuencia del puerto, cuando se enciende la llama de la revolución— asoma la posibilidad de una película más cercana al impulso analítico de La batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1966), en la que la emoción pudiera surgir de las contradicciones morales a las que se enfrentan los personajes. Pero Jacir opta finalmente por una escritura militante en la que el drama queda impuesto por el guion. Y aunque la película pueda compartir una causa justa, la estrategia acaba resultando algo tosca.

Palestina 36

Dirección y guion: Annemarie Jacir.
Intérpretes: Yafa Bakri, Karim Daoud Anaya, Hiam Abbass, Robert Aramayo, Jeremy Irons.
Año: 2025.
Estreno: 14 de agosto