Image: Rodin, el espacio de Eros

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Exposiciones

Rodin, el espacio de Eros

El cuerpo desnudo

26 junio, 2008 02:00

Mujer desnuda con una mano entre los muslos, o el nacimiento de Venus, H. 1900

Comisaria: Dominique Viéville. Fundación Mapfre. General Perón, 40. Madrid. Hasta el 6 de julio

Cuando iban a visitarlo, los amigos de Rodin se admiraban de que las mujeres y los hombres que el escultor contrataba como modelos anduvieran desnudos por el taller, y de que el artista los dibujara sin hacerlos "posar", sino observándolos en su libertad de movimientos, o mandándoles adoptar posturas comunes u ordinarias, tales como las de ponerse en cuclillas, abrirse de piernas, asearse o adoptar actitudes de intimidad. Era el sistema de trabajo del escultor más famoso de Francia. Así -según comentaba Rilke-, "sin perder de vista al modelo y dejándose llevar por completo por su mano rápida y experimentada, dibujó una infinidad de gestos nunca vistos, siempre menospreciados, evidenciando que de ellos emanaban unas fuerzas expresivas inmensas". De aquella producción de dibujos, había más de un centenar de carácter subrayadamente erótico, que el maestro guardaba en carpetas rotuladas como "colección privada" y "museo secreto". Aquellos dibujos, así como los producidos por Degas, Toulouse-Lautrec, Klimt, Rops, Schiele o Picasso, testifican la estrategia -adoptada por los primeros artistas de la modernidad- de recurrir al dibujo, más que a la pintura, como arma preferente en la batalla por alcanzar la libertad completa de concepto, tema, lenguaje y expresión. Trascendiendo la anécdota, todos ellos -al igual que los simbolistas- buscaban, a través de la analogía y las correspondencias, descifrar el enigma de la vida: un poder inmenso que se oculta detrás de todas las realidades naturales.

Sin embargo, las exposiciones de dibujo no eran comunes en tiempos de Rodin; por eso los suyos no fueron conocidos por el público hasta 1897 -cuando el artista tenía ya 57 años-, al editarse Les Dessins d’Auguste Rodin. Y si nos concretamos a los de carácter erótico, sólo fueron mostrados en un par de ocasiones durante la vida del maestro: en 1900, en el Pabellón Rodin que, montado en la Plaza de l’Alma, le dedicó la Exposición Universal de París, y, especialmente, en la exposición de 120 piezas "atrevidas" que en 1908 organizó la galería Hugo Heller, de Viena, pionera en el mercado de pinturas y dibujos eróticos. De aquella producción traen ahora a Madrid el Museo Rodin y la Fundación Mapfre una selección importante, con diseños alusivos a la carnalidad y a las licencias de lo erótico, desarrollándose dentro de la trilogía temática de la vida (Mujer desnuda de pie, con las manos entre los cabellos sueltos), el amor (Eros y una mujer, Ofrenda a Venus) y la muerte (Suplicio japonés, Mujer desnuda de pie llevando a un hombre al hombro), dibujos que dialogan en esta exposición con una selección de esculturas emblemáticas, que abarcan desde la etapa entusiasta del desnudo juvenil de La Edad de Bronce (1877) hasta la del último esplendor del maestro, representada por la sensualidad marmórea de Manos de amantes (1904).

A través del recorrido de esta muestra dialéctica entre dibujo y estatuaria, y asimismo entre el superior y "verdadero culto por el desnudo" -que declaraba profesar Rodin- y los ecos nunca acallados de "la belleza maldita" que levantaron los prerrafaelistas y los simbolistas rosacrucianos, los visitantes muy numerosos de esta exposición se encontrarán repetidas veces no sólo con la seducción inmarcesible del espacio atmosférico y vital provocado por Eros en el arte (Torso de Adèle, Bañista en cuclillas, Mujeres perdidas, Iris), sino también con el aura irrepetible y el toque personalizado del Rodin atemporal y universal.