El monstruo más famoso de Bomarzo.

El monstruo más famoso de Bomarzo. Wikipedia

Arte

La felicidad de pasear por los parques de esculturas, los cinco mejores museos 'open-air' por los que perderse

El verano nos permite disfrutar de estos espacios donde ver arte en libertad.

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Antes de entrar en los museos, las esculturas ya moraban fuera. En los caminos, en las plazas, en los cementerios, junto a las fuentes y, sobre todo, en aquellos paisajes sagrados donde caminar era también una forma de oración.

Quizá su precedente fueron los Via Crucis cristianos, las 14 etapas que recrean la pasión de Cristo y cuyo rezo recorría cada estación. En cada una de ellas se colocaba una estela de piedra con su número y una imagen.

Otro de sus antecedentes más fascinantes del actual parque de esculturas se encuentra en los Sacri Monti italianos, complejos religiosos levantados entre finales del siglo XV y los siglos XVI y XVII en los que capillas, pinturas y grupos escultóricos componían recorridos devocionales al aire libre.

Eran lugares para caminar, mirar, detenerse y rezar, una suerte de museo inmersivo antes de que existieran los museos.

No se recorren únicamente para ver obras, sino para dejar que el paisaje altere nuestra manera de mirarlas. Caminar se convierte de nuevo en un pequeño ritual.

La casa pendiente de Bomarzo

La casa pendiente de Bomarzo Alessio Damato

Bomarzo: donde empieza la pesadilla

Si existe un icono excéntrico que encabece todos los parques de esculturas es el Sacro Bosco de Bomarzo, en el Lacio italiano. Pier Francesco Orsini, conocido como Vicino Orsini, comenzó a levantarlo a mediados del siglo XVI.

Pero en lugar de diseñar otro jardín renacentista sometido a la geometría, las perspectivas y la domesticación de la naturaleza, hizo exactamente lo contrario. Aquí las proporciones son irreales y magníficas.

Entre árboles y rocas aparecen gigantes, dragones, animales fantásticos, esfinges y construcciones inclinadas. Muchas de las figuras fueron talladas directamente sobre las grandes rocas del terreno, como si los monstruos hubieran estado siempre allí y Orsini se hubiera limitado a despertarlos.

La estrella absoluta es el Orco, una gigantesca cabeza con la boca abierta en cuyo interior se puede entrar. Sobre ella puede leerse la célebre inscripción Ogni pensiero vola: “todo pensamiento vuela”.

Pero también están la Casa inclinada, el Elefante, el Dragón y las esfinges, además de numerosas figuras mitológicas que convierten el recorrido en una especie de acertijo que debemos desentrañar.

Proteo glauco

Proteo glauco Alessio Damato

Nada parece conducir a una interpretación definitiva. Y ahí reside precisamente su modernidad: Bomarzo no fue construido bajo los parámetros de la razón, sino de lo fantástico.

Durante siglos se ha intentado encontrar una clave capaz de descifrar el programa del jardín, relacionándolo con la literatura, la mitología, la magia o la propia biografía de Orsini.

El Sacro Bosco o Parque de los Monstruos continúa funcionando como un de laberinto de símbolos. Un lugar en el que perderse importa bastante más que encontrar la salida.

El Jardín del Tarot: vivir dentro de una escultura

Cuatro siglos después, otra artista cayó bajo el hechizo de los jardines fantásticos italianos.

Niki de Saint Phalle (Neuilly-sur-Seine, Altos del Sena, 1930-San Diego, California, 2002) comenzó a desarrollar a finales de los años setenta su obra más ambiciosa: Il Giardino dei Tarocchi, en Garavicchio, en la Toscana.

Una vista de una de las esculturas de Nikki de Saint Phalle

Una vista de una de las esculturas de Nikki de Saint Phalle El Jardín del Tarot

Un universo compuesto a partir de los 22 arcanos mayores del tarot, convertidos en esculturas monumentales, arquitecturas y criaturas recubiertas de cerámica, vidrio y espejos.

Aparecen El Mago, La Sacerdotisa, La Fuerza, El Sol, La Muerte, El Diablo, La Luna, El Mundo, El Emperador y, sobre todo, La Emperatriz, una enorme esfinge femenina que es al mismo tiempo escultura y casa.

Porque de Saint Phalle hizo algo radical: vivió dentro de su propia obra.

En 1982 se instaló en La Emperatriz, que funcionó como vivienda y estudio mientras trabajaba en el jardín. Cocina, dormitorio y baño quedaron alojados dentro del gigantesco cuerpo femenino, cuyo interior está cubierto por un espectacular mosaico de espejos.

Una vista de una de las fuentes.

Una vista de una de las fuentes. Jardín del Tarot

Su construcción se convirtió en una forma de vida. Las primeras cimentaciones comenzaron en 1978, las obras se prolongaron durante décadas y el jardín abrió oficialmente al público el 15 de mayo de 1998.

También tuvo que inventar maneras de pagarlo. Entre otras estrategias, lanzó un perfume con su propio nombre y destinó parte de sus ventas a financiar su construcción.

Albañiles, artesanos, soldadores y colaboradores trabajaron durante años junto a ella. Incluso un cartero, Ugo Celletti, terminó convirtiéndose en uno de los especialistas en los mosaicos de espejos que recubren las esculturas.

Celletti fue el segundo de abordo que ayudó a Niki de Saint Phalle a crear su monumental jardín de esculturas. Comenzó en 1979, a los 50 años: cartero en su pueblo por la mañana, trabajador en el jardín por la tarde.

La figura de 'La emperatriz' del jardín de Niki de Saint Phalle

La figura de 'La emperatriz' del jardín de Niki de Saint Phalle El Jardin del Tarot

Descubrió su pasión por el mosaico y adornó muchas de las esculturas con espejos, vidrio y cerámica personalizada.

El resultado tiene algo de Gaudí, parque de atracciones, santuario pagano y manifiesto feminista.

El jardín de esculturas vuelve aquí a una condición casi primitiva: un lugar donde las imágenes no se contemplan únicamente desde fuera, sino que se atraviesan y habitan.

Pontevedra: una isla para el granito

El banco de Jenny Holzer.

El banco de Jenny Holzer. Isla de las Esculturas de Pontevedra

No hace falta viajar a Italia para encontrar uno de los proyectos de arte y naturaleza más interesantes de Europa.

En 1999, coincidiendo con el Año Santo Xacobeo, la isla de O Covo, en el río Lérez, se transformó en la Illa das Esculturas de Pontevedra. Rosa Olivares y Xosé Antón Castro impulsaron un proyecto en el que doce artistas internacionales realizaron intervenciones específicas para el lugar.

Había una única regla: trabajar con granito gallego.

La nómina parece hoy casi imposible: Giovanni Anselmo, Richard Long, Jenny Holzer, Dan Graham, Robert Morris, Ian Hamilton Finlay, Ulrich Rückriem, Anne y Patrick Poirier, José Pedro Croft, Fernando Casás, Francisco Leiro y Enrique Velasco.

Entre las piezas imprescindibles está el Laberinto de Pontevedra, de Robert Morris, inspirado en los petroglifos de Mogor; Pyramid, de Dan Graham; Línea de Pontevedra, de Richard Long, y los bancos de Jenny Holzer, donde la piedra -material de monumentos y cementerios- se convierte también en soporte para la palabra y la escritura.

Especialmente divertida resulta Saavedra. Zona de ocio, de Francisco Leiro: una especie de salita instalada sobre una balsa en el río. Cuando el proyecto estaba a punto de inaugurarse en 1999, unos piragüistas llegaron a volcarla, obligando al artista a replantear su anclaje.

El 'Laberinto de Pontevedra' de Robert Morris.

El 'Laberinto de Pontevedra' de Robert Morris. Isla de las Esculturas

La isla ha vuelto además a activarse con la Bienal de Pontevedra. En abril de 2026 se incorporaron dos mujeres más a su elenco con Mirando inacabable, de Soledad Penalta, y El peso de la memoria, de Idoia Cuesta.

Montenmedio: esconderse para mirar el cielo

En la Dehesa de Montenmedio, cerca de Vejer de la Frontera, el arte contemporáneo habita entre pinos, acebuches y lentiscos.

La Fundación NMAC abrió en 2001 con una idea primordial: invitar a los artistas a producir obras específicamente vinculadas con el paisaje natural, social e histórico del lugar.

James Turrel, “Second Wind 2005”

James Turrel, “Second Wind 2005” Fundación Montenmedio

Por allí han pasado Marina Abramović, Maurizio Cattelan, Sol LeWitt, Olafur Eliasson, Santiago Sierra, Huang Yong Ping o Cristina Lucas.

Una de las piezas esenciales es Nidos humanos, de Marina Abramović.

La artista excavó en una antigua cantera siete cavidades a diferentes alturas, suficientemente grandes para que una persona pueda introducirse y permanecer sentada. De ellas cuelgan escaleras de esparto realizadas por artesanos locales: refugios que son simultáneamente protección y vértigo.

Pero una de las joyas del conjunto es Second Wind 2005, de James Turrell.

Fernando-Sánchez-Castillo: 'Pacto de Madrid', 2003

Fernando-Sánchez-Castillo: 'Pacto de Madrid', 2003 Fundación Montenmedio

Para mirar el cielo, Turrell obliga primero a meterse bajo tierra. El visitante atraviesa un túnel hasta alcanzar un espacio donde una abertura circular recorta el firmamento y convierte algo tan cotidiano como mirar hacia arriba en un evento óptico.

La obra, inaugurada en 2009, acaba además de recuperar su esplendor: en julio de 2026 ha reabierto después de un proceso de restauración.

Pietrasanta: una ciudad convertida en escultura

Este último jardín no tiene verja. Tiene bares, bicicletas, iglesias, talleres y vecinos.

Montaje de una escultura de Botero en Piazza del Duomo.

Montaje de una escultura de Botero en Piazza del Duomo. Erio Forli / Ayuntamiento de Pietrasanta

Pietrasanta, pequeña ciudad toscana situada entre los Alpes Apuanos y el mar, mantiene desde hace siglos una relación privilegiada con el mármol. La proximidad de las canteras y la extraordinaria concentración de talleres y fundiciones terminaron convirtiéndola en lugar de trabajo para escultores llegados de todo el mundo.

La llaman, inevitablemente, la pequeña Atenas. Su Parco Internazionale della Scultura Contemporanea reúne más de 80 obras monumentales instaladas en espacios públicos. No existe una frontera clara entre ciudad y museo: las piezas aparecen en plazas, calles y jardines y pueden contemplarse gratuitamente a cualquier hora.

Dos nombres están especialmente unidos a Pietrasanta: Fernando Botero e Igor Mitoraj. Entre las obras permanentes destacan el rotundo Guerrero, de Botero, y El Centauro y La Anunciación, de Mitoraj.

Los jardines de esculturas se curten con la lluvia, el musgo, los insectos, el calor, las sombras y las estaciones. Están vivos, cambian con cada estación, pertenecen al mundo, a la luz de los días, al paseo de los viandantes.

Filippo Tincolini: 'Spaceman', 2023.

Filippo Tincolini: 'Spaceman', 2023. Ayuntamiento de Pietrasanta

Frente al museo el jardín nos permite escondernos, vagabundear, sentarnos en su sombra a descansar. No hace falta ir a ningún lugar, simplemente, perdernos en él.