Image: El idilio como ficción

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Arte

El idilio como ficción

Idilio

Javier Hernando
Publicada
Actualizada

Carl Emmanuel Wolff: Knallermann mit Hirschen, 2006. Al fondo, Valérie Fauvre: Fôret, 2002

Comisarios: Oliver Zibok, Javier Panera y Martje Schulz. DA2. Avenida de la Aldehuela, s/n. Salamanca. Hasta el 8 de septiembre

El DA2 acoge en coproducción con el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León una nueva exposición colectiva articulada a partir de un concepto de inequívoco carácter literario: el idilio, ya que en su origen era una composición característica de la poesía latina que tuvo como autor emblemático a Virgilio y sus Bucólicas. Pero el idilio implica, más allá de un tipo de composición métrica, una específica orientación temática: las relaciones amorosas entre pastores en un espacio imaginario perfecto, en un paraíso. De manera que tanto el lugar como los aconteceres habidos en el mismo pertenecen al ámbito de la utopía. La evidencia por tanto de la inexistencia de ese lugar de felicidad plena propicia una inmediata frustración, un atisbo de melancolía. Lo que explora esta muestra es la presencia de aquel concepto en el arte de hoy, siendo el diagnóstico en la práctica totalidad de los artistas que la abordan negativo, y por ello invierten su carácter utópico sustituyéndolo por la distopía, en expresión de uno de los tres comisarios de la muestra, Javier Panera.

Amor y naturaleza constituyen por tanto el binomio sobre el que se articula el idilio. Por ello uno y otra son los protagonistas en la mayor parte de las obras de los más de sesenta artistas que conforman la exposición. La seducción frustrada aparece en Everlasting Love de Catarina Campino, un vídeo en donde la sensualidad del baile de una pareja queda en entredicho al estar sus manos cubiertas con guantes de boxeo, o en Kaoru Katayama, donde la artista se muestra impasible ante el sujeto que la corteja. Otros artistas apuntan directamente, tras el fracaso de la pareja, hacia la autosatisfacción sexual del sujeto. Por ejemplo Franceso Vezzoli en Bouncing Balls, un vídeo en donde un hombre desnudo de espaldas mueve sus genitales rítmicamente teniendo como fondo un "idílico" paisaje alpino, y Javier Núñez Gasco apunta hacia el acceso al paraíso mediante las drogas: en Mediogramodefelicidad un vídeo recoge a alguien esnifando la cocaína que conforma la palabra felicidad. La reducción del amor a la pura carnalidad está presente en Pietro Sanguineti quien en Paradise emula los letreros que anuncian los prostíbulos de carretera. Y en el mismo sentido puede interpretarse el Anus Dei de Daniel Verbis, un enorme lienzo que a primera vista parece mostrar la imagen de una flor, pero que el título convierte en un ano. No faltan quienes como Alexander Braun o la pareja Mike Kelly/ Paul McCarthy van más allá al transformar el idilio en perversión. El primero aludiendo al lugar de la Selva Negra (Silling) donde el Marqués de Sade imaginó su relato Los ciento veinte días de Sodoma, los segundos reinterpretando en clave siniestra las aventuras de Heidi.

Los paraísos siempre se identifican con la naturaleza y por tanto ésta última constituye el espacio ideal para impulsar el idilio. No es extraño por ello que una gran parte de los artistas centren su atención en la representación de dichos lugares. Pero de nuevo serán lugares que niegan la posibilidad del idilio al haber sido desposeídos de su carácter original, o dicho de otro modo, al haberse convertido en naturalezas alteradas cuando no degradadas. Así sucede en las acuarelas de Olaf Nicolai que retrata campos de golf, o en las pinturas de Dirk Skreber, cuyas imágenes aéreas, espacios naturales aparentemente incólumes, son en realidad zonas inundadas. Michael Samuels recrea en maqueta una pequeña isla circular en la que apenas hay sitio para el movimiento, y cuyo título termina de convertirla en siniestra: Show Death, o sea que acabará sumergiéndose. El bosque de Valérie Favre (Fôret) y el paisaje de Rowena Dring (Water-lily pond) parecen por el contrario ámbitos agradables, aunque en realidad son engañosos, ya que han sido compuestos a partir de imágenes de juegos de ordenador y de fotografías modificadas, respectivamente. Sven Dröhl se apropia de paisajes pictóricos y los sintetiza mediante líneas de neón o a través de pintura monocroma. Los animales híbridos de Thomas Grönfeld son otro modo de mostrar nuestras relaciones inarmónicas con la naturaleza.

La imposibilidad del idilio sirve también para establecer crítica social y política. Así, Mauricio Guillén construye un círculo con tumbonas de playas y ventiladores en su interior que remite a los paraísos contemporáneos: las playas. Pero la presencia de un sonido de fondo que reproduce el ruido de un estadio abarrotado hace añicos la tranquilidad imaginada, y Xavier Ribas en su serie fotográfica Domingos observa cómo las gentes de determinados sectores urbanos convierten en lugares de ocio los espacios residuales de las ciudades. Así que la capacidad económica obliga a sentir como placenteros lugares desabridos. Pablo Alonso, en La Panamericana, alude al nunca consumado idilio americano al mezclar las imágenes de las caravanas de colonos con columnas de humo que representarían su estallido pero también la destrucción del territorio que imaginaban paradisíaco. Violentar la naturaleza en definitiva nos impide establecer relaciones armónicas con ella; por eso en nuestro tiempo el idilio es más que nunca una ficción.