Image: De gestión y pensamiento

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Arte

De gestión y pensamiento

Piensa

5 julio, 2007 02:00

Andreas Slominski: Katzenfalle (Cat trap), 1999

Comisarios: M. Badia, F. Barenblit, J. Fabricius y F. Montornés. centro de arte santa mónica. La Rambla, 7. Barcelona. Hasta el 21 de octubre

En 2003 el Centro de Arte Santa Mónica (CASM) comenzó una nueva etapa con una iniciativa innovadora dentro del contexto español. El director de la institución, Ferrán Barenblit, explicaba que su referente eran los "kunsthalle" europeas, centros caracterizados por la producción de arte joven. El objetivo no era la formación de una colección, ni articular retrospectivas, ni explicar el arte del siglo XX, sino producir obras de artistas tanto nacionales como extranjeros con el objetivo de impulsar intercambios y lograr una proyección internacional. La responsabilidad del proyecto correspondía a una "mesa curatorial" que se iría renovando con el tiempo. En vez de acoger propuestas externas, se invita a dos comisarios independientes -uno local y otro extranjero- para que, en un período determinado, junto con el director, formen un equipo que decida la programación de exposiciones.

Sin duda, la propuesta es interesante. El CASM, además de muchas otras actividades, introduce un modelo de trabajo y de difusión cultural que llena un vacío. Ha significado un cambio generacional en la manera de gestionar y entender el arte. Ha logrado en estos años crear una red de relaciones y crear unas expectativas… Síntoma de lo cual es el cambio del mapa artístico en Barcelona. El CASM ha desplazado y ha contribuido a resituar la línea de la Fundación Tàpies en una posición cada vez más comprometida socialmente.

Y, sin embargo, ha sido también objeto de censuras. La misma administración -o algunos sectores de la misma- que subvenciona el centro no entiende por qué tiene que producir unas obras de artistas extranjeros que posteriormente se exhibirán en galerías internacionales sin ninguna contraprestación o con muy poca repercusión para los artistas españoles. Y, desde fuera, para algunos colectivos de artistas que no tienen acceso a la programación del centro, el CASM es visto como una institución excluyente y con una concepción del arte extremadamente reductiva. En Barcelona no había habido tantos espacios para el arte joven y de investigación como ahora y a la vez tan poco plurales.

Ahora bien, ¿cuál es el tipo de arte que promociona el CASM? Se ha dicho con razón que el centro tenía una línea muy marcada. Pero también se ha dicho justo lo contrario, que no tenía ninguna concepción ni idea clara sobre su apuesta. Lo cierto es que el modelo de trabajo, la producción de una obra de un artista individual, implica que las exposiciones -en su gran mayoría- no manifiesten un universo articulado, sino que sean propuestas aisladas que no pueden expresar por sí mismas un discurso.

Esta exposición marca un punto de inflexión y cierra un ciclo. Bajo el epígrafe Piensa, el CASM presenta por primera vez una exposición colectiva no producida por y para el centro. Se trata de una obra previamente realizada y que ha sido seleccionada por cuatro comisarios: Ferrán Barenblit, Jacob Fabricius, Frederic Montornés y Montse Badia. Y en ella participan, entre otros, Andreas Slominski, Kris Martin, Elmgreen&Dragset, Tere Recarens, Guy Ben Ner, Gitte Shäffer, Ahmet Ogur, Alicia Framis, Gustavo Artigas, Leopold Kessler, Luis Bisbe, Jaume Pitarch, Pawel Althamer o Joana Cera. En esta exposición sí existe un posicionamiento por parte del centro y la voluntad de articular un discurso. El punto de arranque es el conocido vídeo de Fischli & Weiss El curso de las cosas (Der Lauf der Dinge) en el que se describe el movimiento encadenado de una serie de objetos. Para los comisarios, este movimiento o energía que vincula los objetos entre sí, expresa metafóricamente su voluntad de articular un itinerario interconectado. Aunque, personalmente, he tenido dificultades para encontrarlo.

Se exhiben multitud de obras de diversas tipologías, quiero subrayar aquellas que revelan de una manera más didáctica esa invitación a "pensar" que buscan los comisarios. Así por ejemplo, Aneta Grzeszykowska expone un álbum de fotografías personal en el que su imagen ha sido totalmente borrada gracias a los procedimientos digitales. Sus fotos de la escuela, de su entorno familiar, de sus amistades, muestran su ausencia, tan sólo queda el vacío de su presencia. Otro ejemplo: Dora García realiza una intervención que consiste en una puerta infranqueable para el espectador… Ante la imposibilidad de cruzarla y penetrar el espacio contiguo, éste se pregunta qué es lo que hay al otro lado. Estas dos piezas ponen en evidencia una estrategia elemental para incentivar la imaginación y sus fantasmas.

La ironía, el porqué del arte, la noción de tiempo, la crítica institucional, entre otros, son argumentos que, según Barenblit, trata la exposición y que han sido una constante en la temática del CASM a lo largo de estos años. Sin embargo, yo más que de reflexiones hablaría de consignas o de declaraciones de intenciones. Y me pregunto si una exposición titulada Piensa no merecería un soporte teórico más sólido y elaborado.