Joaquín Urzaiz fundó Tatín en 2017.

Joaquín Urzaiz fundó Tatín en 2017. Cedida

Sociedad

Joaquín es cocinero y factura más de 7 millones de euros con su catering: "Nos ponen muy difícil crecer con el papeleo"

Sin experiencia previa en hostelería, este gallego ha pasado de empezar desde cero a liderar un equipo de 100 personas en Madrid y en pleno crecimiento.

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Las claves

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Joaquín, tras trabajar como comercial y formarse en cocina, fundó el catering Tatín en Madrid, que actualmente factura más de 7 millones de euros.

El negocio comenzó con una inversión de 120.000 euros y creció rápidamente tras encargarse del catering del Mutua Madrid Open de Tenis.

Actualmente, la empresa cuenta con casi 100 empleados y espera alcanzar los 8,5 millones de euros de facturación en 2026.

Joaquín señala que la burocracia y la gestión de un equipo diverso son los principales retos para seguir creciendo, y ya prepara la expansión de Tatín y una nueva marca de empanadas gallegas.

Joaquín no siempre tuvo claro que acabaría entre cubiertos y fogones, pero lo que sí sabía desde joven es que acabaría montando su propio negocio.

"Soy una persona inquieta y siempre he querido ser empresario, desde pequeño me parecía que la gestión de una empresa era fascinante. De hecho, siempre fui emprendedor en el cole, vendiendo discos de música, videojuegos, pistolas de aire comprimido…", comienza explicando a EL ESPAÑOL.

Esa inquietud, mezclada con los recuerdos en la cocina junto a su abuela, fue la semilla de lo que hoy es Tatín, el catering madrileño que factura más de siete millones de euros.

Aunque su relación con la cocina no nació como una vocación pura, sí fue creciendo con el tiempo. "Mi relación con la cocina viene dada por mi abuela, gran cocinera, siempre era su pinche", recuerda.

Aun así, su camino no fue directo a los fogones. Y es que antes de dar el salto al mundo de la hostelería, este joven gallego trabajó como comercial en el sector de la belleza, hasta que un día lo tuvo claro. "Simplemente, un día me levanté pensando que eso no era lo mío".

Su decisión fue firme y, guiado por lo que verdaderamente le inspiraba su corazón, no dudó en formarse y lanzarse.

Tras trabajar en un restaurante 3 meses como auxiliar de limpieza, estudió cocina en Le Cordon Bleu y empezó desde abajo, probando el oficio como cocinero en un catering nacional.

Sin embargo, poco tiempo después, ya tenía claro su objetivo. "Me di cuenta de que no existía o no conocía un catering de buena calidad a un precio medio", por lo que no dudó en crearlo.

Los comienzos no fueron fáciles, pero sí intensos. "Comencé con un socio que había conocido en la escuela y 3 amigos que también aportaron capital. El capital total fue de 120.000 euros de los que yo puse 40.000 euros avalados por mi suegro ya que, después de la escuela no tenía tanto dinero. Además, acababa de ser padre", explica.

No obstante, el crecimiento llegó antes de lo esperado. "Nuestros primeros clientes fueron a base de descolgar el teléfono más de 100 veces al día, por ello crecimos muy rápido".

Pero su gran momento llegó tras asumir el catering de Mutua Madrid Open de Tenis, "llevábamos 2 meses de actividad y aquello se me hacía un mundo, fueron 10 días durmiendo 3 horas y sin parar. Pero salió todo bien, de hecho, repetimos hasta 4 años".

Hoy, la empresa está en plena expansión y consolidación. "Somos casi 100 amigos trabajando", explica, destacando el ambiente tan bueno y cercano que se respira en su equipo.

Además, los números acompañan. "El año pasado cerramos en 7 millones y este 2026 esperamos hacerlo en 8,5", confiesa.

Sin embargo, no todo es fácil en el camino del emprendimiento. "Las trabas burocráticas nos ponen muy difícil crecer como empresa por el papeleo y las solicitudes constantes de la Administración", confiesa.

A esto se suma el reto humano de gestionar un equipo grande y diverso, porque "cada uno es diferente y tenemos nuestra vida personal".

Pero, de cara al futuro, no piensa frenar. "Preparando el lanzamiento de una marca de empanada gallega" y la expansión de Tatín en otras ciudades, mantiene la ilusión intacta.

"Tenemos muchos retos por delante y con mucha ilusión", concluye, recordando que el esfuerzo, la intuición y las ganas de crecer hacen que, con trabajo constante, una pequeña idea puede convertirse en un gran negocio.