Dibu Martínez, durante un partido de Argentina.

Dibu Martínez, durante un partido de Argentina. REUTERS

Fútbol

Dibu Martínez, 33 años: "Vi a mi padre llorar porque no podía pagar las facturas. Tenía que irme para ayudar a mi familia"

El portero de la selección argentina no tuvo una infancia fácil y tuvo que aportar en casa para que los suyos salieran adelante.

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Detrás de las manos que sostienen la Copa del Mundo y de sus bailes bajo los tres palos, habita la historia de un niño que maduró a golpes de realidad.

Emiliano "Dibu" Martínez, consolidado entre los mejores arqueros del planeta a sus 33 años, no olvida de dónde viene. Su brillante presente en Europa y la selección argentina contrasta con una infancia de carencias en el barrio El Jardín, de Mar del Plata.

Allí, el motor de sus sueños nunca fue la fama, sino la necesidad de rescatar a sus seres queridos de la pobreza. El guardameta recuerda con crudeza las dificultades económicas que marcaron sus primeros años. Mientras muchos jóvenes buscaban referentes en los pósteres de futbolistas consagrados, Emiliano encontraba la inspiración en su propio hogar.

"Siempre me preguntan quiénes son mis ídolos en la vida o qué arquero miraba cuando era chico", confesó el futbolista. "Mis ídolos son mi mamá limpiando edificios 8 o 9 horas y mi papá trabajando todo el día para sacarnos adelante. Crecí viendo eso".

El punto de quiebre llegó a los 17 años. Destacaba en las inferiores de Independiente cuando el Arsenal de Inglaterra posó sus ojos en él. Cruzar el océano a esa edad, sin hablar el idioma y lejos de sus afectos, resultaba aterrador.

Dibu Martínez dando instrucciones.

Dibu Martínez dando instrucciones. REUTERS

Sin embargo, la realidad de su casa no le dejó margen de duda. "Yo no quería irme a Inglaterra a mis 16 o 17 años. Pero vi a mi papá llorando por no poder pagar las facturas de la luz. Entonces me focalicé en que tenía que pelear por mi familia", relató conmovido.

El desarraigo fue el precio para asegurar el bienestar de los suyos: "La primera casa y el primer auto que compré fueron para ellos". El éxito no alteró sus prioridades. Al recibir sus primeros salarios profesionales, su único objetivo fue aliviar la carga de sus padres. "Mi motivación era que mi mamá no tuviera que trabajar 12 horas al día", recordó.

"Mis primeros pagos del club fueron destinados a ella, y para mí fue un orgullo enorme poder retribuirles algo de todo lo que nos dieron". A pesar de hacer su carrera en el exterior, sus raíces permanecen intactas en suelo bonaerense.

El marplatense defiende con orgullo su identidad: "El no haber debutado en la Primera División de Argentina no significa que no haya pasado toda mi infancia ahí. Los años que más recordaré en mi vida son los que pasé en Argentina. Me considero más argentino que el dulce de leche".