La terraza de Muga, la favorita del verano
El Barrio de la Estación se reinventa: así son los nuevos 'wine bars' de las grandes casas de Rioja
Las históricas bodegas de Haro afinan su oferta enoturística con espacios abiertos, vinos por copas y barras contemporáneas pensadas para un viajero foodie que quiere beber con menos rigidez y más libertad.
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El Barrio de la Estación de Haro vive una pequeña revolución silenciosa: muchos viajeros se salta la visita clásica para sentarse en un wine bar, pedir un rioja por copas y quedarse a picar algo.
Las emblemáticas bodegas CVNE, Muga, Roda, La Rioja Alta, Gómez Cruzado y Bilbaínas han empezado a hablar ese lenguaje de bar de vinos gourmet (barras ligeras, terrazas a pie de bodega y cartas afinadas que se leen por copas) y cada vez más enoturistas optan por compartir una botella en espacios relajados, donde el rioja se bebe como en cualquier capital gastronómica, con el encanto de estar en la propia bodega.
En un momento en el que el distrito quiere dejar de apoyarse únicamente en la visita guiada y en el gran evento bienal de cata para consolidarse como destino vivo todo el año, los nuevos wine bars de las bodegas funcionan como una nueva carta de presentación: un ecosistema más flexible, más internacional y más abierto al consumo espontáneo. Toma nota de la ruta.
Cata de vinos
CVNE: la aldea del vino se abre al copeo
En CVNE, la nueva lógica del wine bar encaja con esa idea de “aldea del vino” construida alrededor de la nave Eiffel, los calados históricos y los distintos espacios patrimoniales de la casa.
Con un diseño moderno que dista de los siglos de tradición que atesora a sus espaldas, su nuevo bar de vinos invita a acercarse a etiquetas como CVNE, Viña Real, Imperial o Real de Asúa en un formato más libre, apoyado en degustaciones que combinan vinos de referencia con pinchos riojanos, quesos, jamón y chocolates artesanos.
Wine Bar de CVNE
Más que romper con su pasado, lo aligera: mantiene el peso simbólico de sus naves y sus historias de cementerios de botellas, pero abre una vía de acceso más inmediata para quien quiere entender la casa por copas y no solo a través de la visita guiada de rigor.
Muga: la terraza más concurrida
Muga despliega una de las fórmulas más completas del nuevo Barrio con dos espacios complementarios: la terraza exterior y el espacio Torre Muga, que funciona como bar de vinos y tienda.
La terraza permite tomar vinos por copa o botella, acompañados de aperitivos muy riojanos, sin reserva previa y con los tinos y la tonelería como telón de fondo, en un ambiente en el que incluso las mascotas son bienvenidas.
Terraza de Muga
A pocos pasos, Torre Muga prolonga la experiencia en un interior más pausado, enlazando la copa con visitas guiadas, cursos de cata o experiencias premium, y reforzando una identidad que combina artesanía con una hospitalidad claramente pensada para el visitante internacional.
Roda: vino, paisaje y pausa frente al Ebro
Por su parte, Roda ha convertido este concepto en una extensión natural de su relato: modernidad, paisaje y precisión. Sus experiencias incluyen catas de sus vinos más populares, a menudo acompañadas del aceite de la casa, y en temporada se abren al exterior con propuestas como el Bar de Vinos vinculado al viñedo de Perdigón y el Balcón del Ebro, donde la copa se acompaña de un aperitivo ligero.
Balcón al Ebro de Roda
En su caso, el consumo por copa no es solo cuestión de formato, sino de escenario. Disfrutar de una copa con vistas al río, después de visitar los calados históricos o de caminar hasta el viñedo convierte la degustación en una experiencia más sensorial y menos encorsetada, en la que el paisaje entra en la copa casi tanto como el propio vino.
La Rioja Alta: un club de vinos al aire libre
La Rioja Alta ha encontrado en El Garaje del Club de Cosecheros una manera muy eficaz de hacer accesible su universo de grandes reservas. Este wine bar con terrazas y zonas privadas permite degustar por copas distintas añadas, tanto actuales como antiguas, acompañadas de tapas y con la posibilidad de comprar vinos en la misma visita.
El Garaje del Club de Cosecheros de La Rioja Alta
La fórmula funciona especialmente bien en una casa tan asociada a etiquetas de larguísima crianza como Gran Reserva 890, Gran Reserva 904, Viña Arana o Viña Ardanza, porque acerca al visitante a un repertorio mítico sin obligarle a entrar en una cata formal de principio a fin. El espíritu de club sigue ahí, pero con la puerta más entornada que nunca.
Gómez Cruzado: la boutique llevada a la barra
La condición de Gómez Cruzado como la bodega más pequeña del enclave juega a su favor en este nuevo mapa del vino por copas. Su oferta se apoya en visitas y catas, pero también en fórmulas más ágiles como el Cata Flight, una degustación de cinco vinos de la familia central y la Selección Terroir, además de recorridos específicos por los tintos de corte más clásico o por sus vinos de pueblo de edición limitada.
Terraza de Gómez Cruzado
Ese planteamiento encaja con la escala de la casa y con su identidad actual, muy centrada en viñedos viejos de Rioja Alta, Rioja Alavesa y Alto Najerilla, y en una lectura precisa del terruño, que aquí se cuenta casi como si se estuviera en una barra de barrio con alma de laboratorio.
Bodegas Bilbaínas: un clásico que busca ligereza
En Bodegas Bilbaínas, el giro hacia un enoturismo más versátil se integra dentro de una oferta amplia que va de las visitas históricas a experiencias gastronómicas y actividades en viñedo.
Aunque su propuesta aparece menos articulada explícitamente como wine bar que en otros vecinos del Barrio de la Estación, el espíritu es el mismo: facilitar una relación más flexible con vinos como Viña Pomal, La Vicalanda, Viña Zaco o Lumen, el espumoso de la casa.
El contexto juega a favor: jardines históricos, arquitectura de 1859, calados y viña franqueada por la Sierra Cantabria, convierten cualquier copa en una escena de “viejo Haro” reinterpretada para un viajero exigente que ya no quiere solo visitar, sino también quedarse, picar algo y alargar la experiencia.
Tienda Bodegas Bilbaínas
Estas propuestas reafirman la actualidad del Barrio de la Estación, un "pequeño pueblo bodeguero" que quiere seguir siendo lugar de peregrinación para el amante del rioja, pero también ganar amplitud como destino gastronómico y cultural de alta gama.
Los nuevos wine bars, terrazas y espacios híbridos ayudan a traducir la historia de estas bodegas a un lenguaje más contemporáneo, menos solemne y más permeable al consumo informal, al visitante internacional y a la escapada improvisada.
No sustituyen la visita clásica, la complementan con algo decisivo en el enoturismo de hoy, ese que valora la libertad para elegir cómo, cuándo y a qué ritmo entrar en el corazón del vino.