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Amadía, restaurante por el que vale la pena una excursión a Las Matas

Tenemos nuevo restaurante en la zona noroeste de Madrid. Se llama Amadía y ha llegado para hacernos disfrutar buen producto y una propuesta culinaria muy apetecible.

'Welcome to fabulous Las Matas'. Un cartel al más puro estilo del que recibe en Las Vegas, nos da la bienvenida a este pequeño pueblo del noroeste de Madrid. Y esta pedanía de Las Rozas, ha sido la elegida para que el chef Víctor Cuevas, se aventure a abrir su primer restaurante, Amadía. Y en él hemos encontrado la excusa perfecta para hacer una excursión a Las Matas.

Víctor Cuevas, alma máter de Amadía

¿Quién es Víctor Cuevas? Siempre nos gusta saber quién está detrás de los proyectos. Víctor, hace apenas unos meses, se aventuró a abrir las puertas de su primer restaurante, Amadía, con la intención de convertirlo en un referente de la zona norte de Madrid. Y va por el buen camino, ya que avanza sin estridencias, a paso lento, pero seguro. Este chef madrileño, se formó en la escuela de Gastronomía y Hostelería de Toledo y desde entonces, ha pasado por las cocinas de La Enoteca de Paco Pérez, Caelis y La Terraza del Casino con Paco Roncero. 

Formado con grandes chefs, también pasó por el equipo de Urrechu, Hortesino y el Gran Hotel Inglés de Madrid. Esta escuela le sirvió, para un día, pensar en montar su propio proyecto. Y ahora este restaurante es una realidad tangible. Para Amadía, Cuevas ha tenido unas máximas claras: técnica y producto como protagonistas en el plato y hospitalidad en la sala.

"Si abres en una capital cuesta menos, pero estar en un pueblo, en una calle de paso... hace que la gente venga adrede al restaurante. El boca a boca está funcionando muy bien en la zona. Estamos contentos con esta acogida", cuenta a Cocinillas Víctor Cuevas. 

Amadía, cocina de temporada y hospitalidad en la sala

De esta forma, el chef ha visto materializado su restaurante en las Matas. El mero hecho de traspasar sus puertas, ya nos da buenas sensaciones. El interior es sencillo a la par que elegante y sofisticado, con maderas, cómodos sillones de terciopelo, luz natural, amplias mesas vestidas con mantel de hilo... ¡Cuántas veces echamos de menos tener un mantel! Amadía ha abierto con dos espacios, que de momento están unidos a la sala, pero que más adelante serán dos privados, con mesas para más comensales y la sala, presidida por la bodega a la vista del comensal. 

Amadía nace como una restaurante donde el producto de temporada manda en la mesa, pero también la técnica del cocinero, aprendida a su paso por grandes casas de este país. De esta forma ha creado una carta y tres menús degustación, uno largo, uno corto y otro ejecutivo.

El menú Amadía, propone un viaje por los sabores que definen su identidad y se compone de snacks, dos entrantes, pescado, carne, poste y petit fours, por 55 euros.

El menú largo, Entorno y Temporada, habla del paisaje, la tierra y el entorno con snacks, cuatro entrantes, pescado, carne, dos postres y petit fours por 70 euros.

Por su parte, el menú ejecutivo se sirve a mediodía de lunes a viernes y por un precio de 40 euros. Además, hay dos maridajes disponibles, el Esencia por 12 euros y el Amadía por 18, con precios más que comedidos.

Estos menús se preparan, a elección del chef, con platos de la carta, que se adapta a la temporalidad y el producto de cada estación, ya venga del mar, la huerta o la montaña. Nosotros elegimos el menú corto. Arrancamos con unos snacks, un bocadito de pesto y anacardos, un bombón de queso Payoyo y una melón osmotizado con mojito. Buen comienzo con bocados sabrosos y refrescantes en el caso del melón. 

El primer entrante, se compuso de Alcachofas con yema de huevo y consomé de jamón. En conjunto estaba rico, aunque quizás habría que esperar un poco a que llegue el frío para que las alcachofas potencien su sabor. Continuamos con un muy buen Canelón ligero de rabo de ternera, reducción de Oporto y queso manchego, un plato contundente a la par que sabroso. 

El pescado en este caso fue una merluza, con el punto de cocción perfecto, sobre un curry de espinacas, yogur, menta y lima, coronada con pak choil. Una vez más las sensaciones fueron buenas, aunque quizás echamos de menos algo más de riesgo en este plato. 

La carne fue una molleja de ternera glaseada con celery. En esta ocasión el plato nos sorprendió. La textura de la molleja era impecable, el punto dulce que apostaba el glaseado muy agradable y los acompañamientos, con unas alcaparras fritas y un puré de celery, totalmente acertados.

El broche final lo puso un postre, dulce pero nada cargante, una tarta de manzana en texturas con helado de canela y tomillo. Una forma diferente de presentar un plato conocido y apreciado.

Cabe resaltar la bodega, que si bien no es muy extensa, cuenta con referencias muy interesantes de vinos nacionales y el servicio, que para ser un restaurante con apenas unos meses de vida, sabe dar en el clavo con otro de los pilares de Amadía, la hospitalidad.