Lorena, dueña de una cafetería en Viladecans (Cataluña) YouTube
Lorena, dueña de una cafetería en España: "El primer año hemos hecho 138.000 € y me quedó en el banco un 8-9 %"
Lorena vivió en Bristol durante varios años y allí descubrió el mundo del café de especialidad. Al regresar a España lo ha convertido en su modo de vida.
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Desde que hizo realidad su sueño de tener su propio negocio, Lorena llega cada mañana a las siete a Bristol Koffee, la primera cafetería de especialidad que abrió en Viladecans (Cataluña).
La jornada empieza antes de que entren los primeros clientes. Con la persiana todavía bajada, Lorena pesa el café, mete la bollería en el horno y prepara las galletas que espera vender durante el día.
No es la parte más bonita que cualquiera se imagina cuando piensa en abrir una cafetería, pero sí la más real. Levantar un negocio desde cero tiene mucho de ilusión, pero también de rutina, cálculo y muchas horas de trabajo que la mayoría no ve.
En su caso, la ilusión venía de lejos. Casi diez años antes, viviendo en Bristol, descubrió el café de especialidad y aquellos locales pequeños y acogedores en los que el café era mucho más que una bebida tomada con prisas para seguir funcionando. Allí empezó a soñar que algún día tendría un sitio así.
Cuando volvió a Barcelona, según contaba en el pódcast de Eric Ponce, se formó como barista, trabajó en varias cafeterías y esperó el momento de dar el salto. Lo hizo en Viladecans, su pueblo, donde no existía nada parecido.
El precio de emprender
Cuenta Lorena que la inversión inicial rondó los 105.000 euros. Eligió hacerse con un traspaso para ahorrarse el calvario que podría suponer tener que gestionar licencias y acometer una obra desde cero.
Aun así, no todo fue sobre ruedas desde el principio, pues la licencia de cafetería era, en realidad, de panadería, lo que limitaba el uso de mesas.
Tras gestiones y pagos adicionales, consiguió migrar la licencia. La maquinaria fue la partida más cara. Una cafetera de especialidad, molinillos de precisión, horno profesional y amasadoras que ha ido renovando conforme crecía la demanda.
No es fácil, pero no se queja. La facturación media mensual ronda los 11.500-12.000 euros. Los gastos fijos, como alquiler, sueldos y seguridad social, ascienden a unos 7.000-7.500 euros.
A eso se suman los variables: 1.500 euros solo en café, 300 en leche fresca de granja, refrescos, bubble tea, ingredientes para repostería. En total, los gastos mensuales pueden alcanzar los 9.000-10.000 euros. El punto de equilibrio diario está en 470 euros. Por debajo de esa cifra, no se cubren costes.
Aun así, en este año y medio desde que inauguró su negocio, Lorena ha conseguido devolver ya el préstamo bancario, pero aún no ha recuperado los ahorros propios invertidos. Calcula que en tres años, manteniendo el ritmo actual, habrá saldado toda la inversión.
Lorena, empresaria de hostelería
¿Cuál es el beneficio de una cafetería en España?
Cuando le preguntan por la rentabilidad, Lorena explica que, de momento, el margen neto que le queda tras pagar todo ronda el 8-9 % de la facturación anual, que ha sido de 138.000 euros. No es una cifra espectacular, pero el negocio se sostiene y crece.
El café, contrariamente a lo que muchos piensan, no es el producto más rentable. Cada carga de café cuesta unos 55 céntimos y se vende a 1,80 euros, un margen muy ajustado.
Las galletas caseras, en cambio, dejan un 40 % de beneficio, y los croissants comerciales un 55 %. Pero las galletas son más caras y se venden en mayor volumen, especialmente en invierno, cuando pueden salir hasta 70 unidades diarias. En verano, la demanda baja a 10-20.
La repostería casera fue una apuesta arriesgada. Su anterior jefe, propietario de un obrador, le advirtió con claridad: "si me lo compras a mí, no tienes margen, no vas a durar". Así que Lorena se compró una amasadora pequeña, luego una más potente, y ahora busca una cuatro veces más grande.
Cada mañana prepara masas, congela rellenos, hornea galletas rellenas de Nutella, Oreo, pistacho. También hace tartas de queso y cinnamon rolls los viernes y sábados, productos que se han convertido en reclamo.
Reconoce que las redes sociales han sido clave, aunque confiesa que no les dedica el tiempo que debería, pues "cada vez que publico algo, la gente viene a pedirlo".
El día de la inauguración, una exempleada subió un vídeo a TikTok que se viralizó. La cola llegó hasta la esquina. Desde entonces, cada publicación genera movimiento. Los cinnamon rolls, las galletas, el café especiado de calabaza. Todo lo que aparece en Instagram se agota.
Aun así, en el momento de la entrevista, Lorena aún no puede permitirse delegar. Aunque cuenta con un par de empleados, ella debe estar al pie del cañón los seis días a la semana que abren desde primera hora de la mañana hasta el cierre a las ocho y media de la tarde.