Paseo Marítimo con la Torre de Hércules al fondo

Paseo Marítimo con la Torre de Hércules al fondo E.E.

Reportajes gastronómicos

Paseo marítimo de 12 km y un pulpo de lujo: con faro romano del siglo II abierto al público e ideal para recorrer a pie

Una ciudad abrazada por el mar en la que "nadie es forastero". Famosa por su faro romano y su buena mesa.

Más información: El pueblo ideal para recorrer a pie y comer un pescado y una tortilla de lujo: paisajes de leyenda junto al mar

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A Coruña es una de las escapadas urbanas más completas de Galicia. Una afirmación avalada por una fama de ciudad abierta y animada que viene de lejos y es de sobra conocida.

No en vano, en Galicia suele decirse que mientras Vigo trabaja, Pontevedra duerme y Santiago reza, A Coruña se divierte.

Una imagen que encaja con sus terrazas, sus calles llenas de vida y su eslogan turístico, "la ciudad donde nadie es forastero". Sin embargo, basta caminar un poco para descubrir que su atractivo va mucho más allá del ambiente.

A Coruña se extiende sobre una península rodeada de Atlántico y, a diferencia, de otras ciudades de costa, vive abierta al mar gracias a un paseo marítimo y un carril-bici que hacen que, incluso salir a hacer un recado sea la ocasión perfecta para disfrutar de unas vistas impresionantes.

Su gran icono es la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo todavía en funcionamiento. A eso se suman un castro en las afueras y un casco viejo de piedra que invita a perderse.

Entre plazas, fachadas, mar y calles históricas, la visita se completa con una parada gastronómica casi obligatoria: de A Coruña no puedes irte sin probar el pulpo.

"Ciudad de Cristal": el espejo que refleja el mar

La ciudad se asienta sobre un istmo, de modo que el mar la abraza casi por completo. Esa geografía le ha permitido construir una de sus mayores señas de identidad: un paseo marítimo deunos12 kilómetros que bordea la urbe desde la zona de la Marina hasta O Portiño.

Durante años fue el más largo de Europa, hasta que en 2016 lo superó el de Lanzarote (que une varios tramos hasta sumar unos 26 km); aun así, A Coruña conserva el título de paseo marítimo urbano más largo de Europa.

Por el camino aparecen playas urbanas como Riazor y Orzán, museos como la Domus (conocida como la Casa del Hombre) o el acuario Aquarium Finisterrae, y esculturas tan fotografiadas como un pulpo gigante de cerámica de colores, obra del escultor coruñés Javier M. Padín, que se asoma al mar cerca del Monte de San Pedro.

El apodo de "Ciudad de Cristal" viene de sus galerías acristaladas, esos miradores de madera blanca y vidrio que cubren fachadas enteras y reflejan el cielo y el puerto. El conjunto más célebre, en la Avenida de la Marina, se levantó principalmente entre 1870 y 1884.

Patrimonio histórico: un faro romano y un castro

El emblema indiscutible de A Coruña es la Torre de Hércules, faro de origen romano construido entre finales del siglo I y comienzos del II d.C.

Es el faro romano más antiguo del mundo que sigue en activo y, por ello, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2009.

Mide 55 metros y, si no te importa subir escaleras -tantas como un edificio de unos 15 pisos, más o menos-, las vistas desde lo más alto son impresionantes. Eso sí, no hay peinado que lo resista, porque raro es el día que hace viento por ahí arriba.

Para quienes prefieran un paseo menos exigente, a su alrededor se extiende un parque escultórico al aire libre, el cementerio moro y el monumento a los fusilados del Campo de la Rata.

El camposanto, actualmente conocido como la "Casa de las Palabras", fue concebido y construido durante la Guerra Civil Española con el propósito de albergar las tumbas de los soldados musulmanes procedentes del norte de África que combatieron en ambos bandos.

El monumento, obra del escultor Isaac Díaz Pardo, rinde homenaje a las numerosas personas que fueron ajusticiadas por las tropas franquistas en ese paraje durante la misma guerra.

Menos conocido, pero igual de valioso, es el Castro de Elviña, poblado fortificado habitado entre el siglo III a.C. y el VI d.C., con tres recintos amurallados, su "croa" elevada y un singular pozo-aljibe.

De aquí salió el llamado Tesoro de Elviña, hoy custodiado en el Museo Arqueolóxico del Castillo de San Antón. Está declarado Bien de Interés Cultural y se visita gratis con guía (conviene reservar).

En el corazón histórico, la Ciudad Vieja concentra siglos de historia en pocos metros cuadrados. La plaza de María Pita -con el recuerdo de la heroína que defendió la ciudad del ataque inglés de 1589-, la románica iglesia de Santiago (la más antigua de la A Coruña), la colegiata de Santa María del Campo y el romántico Jardín de San Carlos, que guarda la tumba del general británico John Moore, caído en la Batalla de Elviña en 1809.

El pulpo en A Coruña

Haría falta escribir un artículo mucho más extenso para hablar de la gastronomía y la restauración coruñesa, por eso, voy a centrarme en lo que siempre quieren probar mis amigos de fuera cuando me visitan.

Curiosamente, es lo mismo por lo que solían preguntar muchos forasteros desorientados en los tiempos en los que los mapas y las guías de viajes solo se imprimían en papel

Esto hablando del pulpo á feira, cocido en su punto, troceado con tijera sobre plato de madera y aliñado con aceite, sal gruesa y pimentón, acompañado de cachelos o no y con un buen pan gallego para mojar el aceite que queda en el plato.

Buena parte de las pulperías de referencia se concentran en el barrio de Os Mallos, junto a la estación de tren. Y no es casualidad. Se dice que quienes venían del interior a hacer gestiones se tomaban el pulpo antes de regresar.

Allí siguen A Nova Lanchiña (Rúa Eusebio da Guarda, con un segundo local a pocos metros), heredera de la veterana A Lanchiña, y la Pulpeira de Arzúa (Rúa Francisco Catoira). En ese mismo barrio, en la Ronda de Outeiro, estaba la antigua Pulpería de Melide, origen de una saga de cuatro generaciones de pulpeiros.

De esa misma familia nació la actual A Pulpeira de Melide (Plaza de España, 16), taberna puesta al día en la que el pulpo á feira sigue mandando y que, sin ser la típica pulpería al uso, es hoy una de las más reputadas de la ciudad.

Fuera de esos circuitos, la más célebre y una de las más auténticas es O Fiuza (Avenida de Navarra, 33), originalmente abierta en la calle Mauricio Farto Parra como un despacho de vino a granel, que es un negocio familiar con más de medio siglo de historia a un paso de la Torre de Hércules.

Sin lujos, con una carta en la que aparte del pulpo solo hay raciones de embutidos y queso del país (Tetilla o Arzúa-Ulloa), pero que muchos coruñeses señalan sin dudar como el mejor pulpo de la ciudad.

En el casco viejo, junto a la plaza de María Pita, hay además otras casas tradicionales muy concurridas que también ofrecen pulpo, aunque tienden a ser algo más turísticas.

Pasear por A Coruña

A Coruña se disfruta caminando. Estas cuatro rutas, de una mañana o una tarde cada una, llevan a sus mejores rincones:

Ruta por la Ciudad Vieja. Desde la plaza de María Pita, callejea hasta la iglesia de Santiago, la colegiata de Santa María del Campo, la plaza de Azcárraga y la plazuela de Santa Bárbara, uno de mis rincones favoritos por la sensación de paz que transmite, y termina en el Jardín de San Carlos asomándote al puerto.

Entorno de la Torre de Hércules. Rodea el faro por el parque escultórico, busca los petroglifos del Monte dos Bicos y déjate seducir por las olas del Atlántico batiendo sobre las rocas. Es una de las zonas favoritas de los coruñeses para pasear y correr.

Castro de Elviña. A las afueras, junto al campus universitario, la visita guiada (gratuita, con reserva) recorre los restos del poblado castreño.

Monte de San Pedro. Antiguamente fue una zona militar -aun se conservan algunos cañones-, pero hoy es un parque muy visitado por vecinos y turistas. Desde allí, unas vistas espectaculares permiten contemplar la ciudad, la Torre de Hércules y la costa atlántica.

Además, cuenta con zonas verdes, senderos y espacios perfectos para pasear, relajarse, comer muy bien en el único restaurante con estrella Michelin de la ciudad -Árbore da Veira de Luis Veira- y hacer fotografías.

Paseo marítimo. Aparte de admirar las vistas al mar, no debes perderte los detalles de sus inconfundibles farolas rojas que, en su día sostuvieron las catenarias del antiguo tranvía.

Cada una luce cuatro esmaltes de la artista coruñesa Julia Ares -más de 1.200 en todo el recorrido- que repasan la historia de la ciudad y cambian según la zona: motivos del faro junto a la Torre de Hércules, peces a la altura de la Casa de los Peces.