Seguro que alguna vez te has sentido en una tienda de vinos como un ciego en mitad de un laberinto. Es normal cuando hay referencias que parecen estar escritas en otro idioma y aportan datos que nos despistan más de la cuenta. Empezando por la etiqueta, la botella puede darte información muy válida a la hora de acertar con la elección del vino. Aquí tienes algunas pistas.

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Pistas en la botella para elegir bien el vino

Desde la forma o el tamaño hasta la letra pequeña de la contraetiqueta, la botella de vino nos da información muy útil sobre el vino que tenemos entre manos.

La forma de la botella

Aunque de primeras la forma de la botella no dice gran cosa, lo cierto es que el tamaño y el grosor del vidrio sí pueden darte información útil a la hora de elegir el vino más adecuado. Ya sea la bordelesa clásica (con hombros) o la borgoñona de toda la vida (sin hombros), una botella pesada hecha con vidrio grueso suele ser siempre un indicador de calidad.

No hay más que pensar en el dinero que ha debido costar elaborar tal embalaje. Este tipo de botellas son propias de los espumosos, pues han de resistir la presión del interior, pero muchas bodegas optan por vidrios más consistentes para darle solemnidad y empaque al vino. Normalmente a sus referencias de alta gama.

El tamaño de la botella

Una botella normal contiene 75 cl de vino. ¿Pensabas que eran de litro? Primer error. También puedes encontrar medias botellas (37,5 cl) aunque no son muy comunes. A los productores les interesa vender tanto vino como les sea posible, y además les preocupa que haya demasiado oxígeno dentro de la botella de cara a un envejecimiento prolongado.

De ahí que, según los expertos, el mejor tamaño para una crianza prolongada sea el magnum (150 cl), pues la relación entre volumen de vino y oxígeno en estas dimensiones es excelente. Tenlo en cuenta a la hora de comprar ese vino que tanto te gusta, sobre todo si tienes pensando organizar un evento con mucha gente. Los magnum te asegurarán el mejor estado del vino, a no ser que tenga corcho, pues en ese caso el desastre será proporcional al tamaño de la botella. En cuanto a las botellas más grandes de 1 litro y medio, la realidad es que solo sirven para hostelería (o para presumir).

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La etiqueta y la contraetiqueta

La etiqueta es la verdadera carta de presentación de un vino, y no sólo por lo bonita o llamativa que pueda parecernos. La etiqueta puede terminar de convencernos sobre la elección, o por el contrario quitarnos las ganas de comprarlo. Por eso es tan importante una buena organización visual de los datos, la veracidad de las menciones, así como la descripción sugerente pero no aburrida del líquido.

La etiqueta de un vino puede conducirnos hacia una zona, un tipo de vino determinado e incluso hacia un productor concreto de forma más directa que ningún otro elemento de venta. Las de los vinos europeos se centran sobre todo en informarnos sobre las denominaciones de origen y zonas geográficas, y no tanto en hablarnos de las uvas, el terruño o la climatología. Nos reportan sobre lo que vamos a encontrar dentro de la botella, asumiendo que ya sabemos de qué va el asunto, lo cual no deja de ser arriesgado. Lo habitual es que en la etiqueta frontal se indique el nombre del vino y dónde se encuentra el viñedo, el resto de detalles de elaboración y menciones obligatorias la encontraremos en la contraetiqueta.

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La graduación del vino

La graduación alcohólica también nos puede ayudar a decidirnos, sobre todo a la hora de prevenir una resaca. Por ley, todas las etiquetas deben especificar el porcentaje de alcohol por volumen. Así, un vino con el 15% de alcohol será más potente que uno de 13%. Hasta aquí nos entendemos. Pues bien, a la hora de fijarnos en este dato debemos tener en cuenta que los bodegueros tienden a redondear al alza o a la baja la graduación, con un margen del 0,5% entre la indicada y la real, según les convenga.

En líneas generales, la mayoría de los vinos tranquilos del mercado están entre los 13 y los 14,5 grados, aunque en algunas zonas especialmente cálidas los vinos pueden alcanzar fácilmente un 15,5 o hasta un 16%. Los espumosos están alrededor del 12%. Y los generosos (de ahí su nombre), los fortificados como el jerez o el oporto, superan los 16º y pueden llegar hasta los 20. La tendencia actual para los vinos tranquilos es la de reducir la graduación sin que esto afecte al sabor y al carácter del vino. El estilo de vida saludable parece estar convenciendo de alguna manera al mundo del vino.

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Otros indicadores a tener en cuenta

Citar la añada es no es obligatorio en todo el mundo, pero sí interesante cuando aparece en la etiqueta, pues indica que el vino procede íntegramente de la cosecha de ese año, y con una sencilla búsqueda en internet sabremos si esta fue mala, buena o excelente en esa zona. En España, los vinos de calidad sí deben ofrecer este dato.

El famoso “contiene sulfitos” es imprescindible, aunque como ya aprendimos al hablar de vinos naturales, es excepcional que un vino no los contenga.

El modo de elaboración, el tipo de crianza y otras menciones tradicionales como “criado en barrica de roble”, “proveniente de viñas viejas” o “fermentado sobre sus lías” también nos hablará sobre la singularidad de ese vino.

En los espumosos, las denominaciones brut, seco, semiseco, dulce, etc. nos darán información sobre el tipo de vino en función de la cantidad de azúcar.

La contraetiqueta suele contar la historia del vino, las tradiciones, el concepto, los maridajes… Conviene leerla pero sin volverse loco, pues la mayoría de las veces este texto responderá a una estrategia de marketing y será un argumento realzado para atraer al consumidor. Un poema puede aportar personalidad, y un mensaje original o una anécdota simpática puede demostrar las ganas del productor por expresar su carácter. Pero no siempre. En cualquier caso, esta información siempre será subjetiva y como tal habrá que tenerla en cuenta.

Fíjate en los logos o las certificaciones complementarias como Ecocert o Demeter para saber si el vino que tienes en la mano es ecológico, biodinámico o apto para veganos. Es la única manera de estar seguros.

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En Francia, la cápsula de estaño que cubre el tapón, decorada con una Mariana (la personificación de la República Francesa) contiene valiosas informaciones. Si es verde, se trata de un vino con Denominación de Origen Controlada (DOC o AOC en fránces); si es azul, será un vino del país o de mesa; naranja es para los vinos especiales o encabezados. Las letras que la rodean también son importantes. N indica Negociante y E, almacenista. Ambas significan que el vino procede de una empresa que ha comprado la uva o el vino antes de comercializarlo con su nombre. R, de recolector, se reserva para los productores que han cosechado su propia uva y la han vinificado.

Que no te engañen

Un nombre elegante o aristocrático no siempre es sinónimo de calidad. Por ejemplo, el famoso “cuvée” francés (Grand Cuvée, Tête de cuvée, Cuvée Prestige) significa simplemente que es un ensamblaje diferente a la mezcla base de la bodega. En España suelen aparecer referencias tipo “Marqués de” o bien la palabra “pago”, mención que en realidad muy pocos vinos españoles pueden utilizar. Hay que prestar atención a toda esta parafernalia e informarse bien en caso de duda.

El hecho de que el vino esté envejecido en barrica de roble tampoco es indicativo de calidad, sino de estilo. Se trata de un dato meramente facultativo que no aporta gran cosa si no conocemos la edad de las barricas ni la duración de la crianza.

Cuando la etiqueta hable de viñas viejas también tendremos que ponerlo en duda, pues un viñedo con más de 40 o 50 años de antigüedad puede ser considerado viejo, pero no uno de 20 o de 30.

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La calificación de los vinos en Crianza, Reserva o Gran reserva según su tiempo de envejecimiento, es una categoría que sólo se emplea en España. Fuera de nuestras fronteras puedes encontrarte con estas menciones en el etiquetado de los vinos, pero tendrán un significado diferente.

Aunque no lo creas, existen vinos catalogados como Vinos de Mesa o Vinos de la Tierra con una reputación incluso mayor que la de algunos con Denominación de Origen Calificada. Suelen ser apuestas de productores inquietos que deciden salirse voluntariamente de las denominaciones para crear el vino a su manera, con variedades a veces no autorizadas y sin respetar las proporciones establecidas por el consejo regulador. Son vinos cuya calidad puede ser igual o mayor que la de un vino con DO, y no los encontrarás en el supermercado no porque sean malos sino por su excepcionalidad.

La etiqueta del champán es un caso aparte. Esta debe incluir la DOC Champagne, el volumen de alcohol, la cantidad el l, cl o ml, la alerta de alérgenos y la marca. Pero además, sólo por ser champagne, el etiquetado también incluirá la cantidad de azúcar (el popular dosaje), el nombre del elaborador, el nombre de la comuna donde tiene su sede social, la matrícula profesional, la identificación del lote y la mención ‘produit de France’. Si no tiene todo esto, desconfía.

Y ojo con los nombres engañosos. El Château Lafite y el Château Laffite existen, pero no son el mismo vino. El primero es de los más grandes de Burdeos, mientras que el segundo es más modesto. En España también hay nombres que pueden llevar a confusión. Teso La Monja, Paso Las Monjas o Cerro Las Monjas son tres vinos muy recomendables, aunque cada uno en su rango de precios.