Horchata.

Horchata. iStock

Actualidad gastronómica

Ya entró en vigor: la horchata de chufa cambia para siempre su calidad alimentaria en 2026

La joya de Alboraya se adapta a las exigencias del siglo XXI sin perder su autenticidad.

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Adriana Calvo
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La horchata de chufa, ese icónico tesoro de la gastronomía española y estandarte del verano mediterráneo, ha vivido casi cuatro décadas encorsetada en una legislación que se había quedado obsoleta. Hasta hace muy poco, la normativa obligaba a que esta bebida contara con una cantidad mínima de azúcar (alrededor del 10%) para poder llamarse legalmente "horchata". Si un productor quería comercializar una versión sin azúcar, se veía obligado a usar subterfugios legales en el etiquetado, como "bebida de chufa".

Por suerte, el panorama ha cambiado radicalmente. El Gobierno de España ha aprobado el Real Decreto 142/2026, una actualización de las normas de calidad alimentaria que moderniza las directrices de varios productos tradicionales, situando a la horchata en el centro de una transformación histórica.

La principal novedad de la regulación de 2026 responde a una demanda histórica tanto de los consumidores, cada vez más orientados hacia productos saludables y de bajo impacto glucémico, como de los propios agricultores y productores.

Así pues, a partir de ahora, se autoriza formalmente la elaboración y comercialización de horchata sin azúcares añadidos o con contenido reducido de azúcar, manteniendo intacta su denominación legal de "horchata".

Por otra parte, al eliminar la obligatoriedad de saturar la bebida con sacarosa, se abre la puerta a que el consumidor experimente el verdadero sabor de la chufa, un tubérculo con un dulzor natural y matices terrosos únicos.

En contra del ultraprocesado: ni edulcorantes ni colorantes

A primera vista, la flexibilización de los azúcares podría hacer pensar que los lineales de los supermercados se van a llenar de versiones artificiales repletas de aditivos químicos. Pero la nueva ley ha sido tajante para proteger la identidad del producto: está estrictamente prohibido sustituir el azúcar por edulcorantes artificiales, así como añadir colorantes.

El objetivo es claro: evitar que la horchata de chufa se degenere en una bebida ultraprocesada. Si un fabricante quiere ofrecer una versión sin azúcar, debe hacerlo a base de chufa, agua y procesos físicos, no mediante laboratorios químicos. Y si pese a todo se quiere vender una bebida elaborada con chufa que contenga edulcorantes y/o colorantes, ya no podrá denominarse oficialmente 'horchata'.

Un vaso de horchata.

Un vaso de horchata. iStock

Además, la normativa mantiene firmes los parámetros técnicos de calidad, como la cantidad mínima de sólidos solubles (el extracto seco procedente de la chufa). Esto garantiza que la bebida conserve su cuerpo, su textura láctea característica y su 'grasa buena' natural, impidiendo que se comercialicen aguas diluidas con sabor a chufa bajo el nombre original.

Nuevos horizontes para artesanos y heladeros

Este cambio no solo beneficia a quienes cuidan su línea o a las personas con diabetes. Para los maestros horchateros y heladeros artesanos, esta ley es un lienzo en blanco.

Y es que trabajar con una base de horchata más limpia y menos dulce les permite diseñar helados, 'copas' combinadas y repostería con un control absoluto de las texturas y los sabores, potenciando el protagonismo de la chufa de Alboraya por encima del azúcar 'enmascarador'.

La horchata de chufa inicia así una nueva era. Se adapta a las exigencias de salud del siglo XXI, pero lo hace blindando su autenticidad. Una gran noticia para el campo valenciano y para los paladares de todo el país.

La norma entró en vigor el pasado 1 de marzo, pero la industria tiene un margen de un año para adaptarse a los cambios y liquidar el stock de productos que pudieran haberse fabricado bajo la normativa anterior.