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Actualidad gastronómica

Atomik, así es el primer vodka elaborado en Chernóbil después de la catástrofe

Tres décadas después del accidente nuclear de Chernóbil, por fin ve la luz un producto-vodka-  apto para el consumo elaborado con ingredientes cultivados en la zona de exclusión.

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Hace 33 años el tiempo se paró en el entorno de la central nuclear de Chernóbil. Un terrible accidente en uno de sus reactores obligó al desalojo de todo ser viviente en un área de varios kilómetros alrededor de la central.

La que desde entonces se conoce como la "zona de exclusión" es una zona en la que debido a los altísimos niveles de radiación no es aconsejable ni vivir en ella ni alimentarse de animales o vegetales que hayan crecido en la zona, pues esos alimentos están altamente contaminados.

Aún así, la zona no ha dejado de ser estudiada durante los últimos años, entre otros por el equipo del profesor Jim Smith de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, que recientemente han llegado a la conclusión de que ya hay partes de la zona de exclusión en las que los niveles de radiación han descendido hasta niveles similares a los de otras zonas geográficas en las que la radiación natural es superior a la media.

Y para demostrar este descenso de los niveles, pusieron en marcha un proyecto para elaborar un producto apto para el consumo humano. El producto elegido ha sido un vodka elaborado a partir de centeno cultivado en una granja de la zona.

¿Es radiactivo este vodka?

No, según el profesor Smith es un vodka tan apto para el consumo como cualquier otro. Para su elaboración se emplea centeno ligeramente contaminado y agua del acuífero de Chernóbil -agua subterránea- que se destilan, de manera que todas las impurezas quedan en el producto de deshecho.

La primera botella fue exhaustivamente analizada en los avanzados laboratorios de la Universidad de Southampton, también en Reino Unido, en los que no fueron capaces de encontrar ningún rastro de sustancia radiactiva en este vodka tan especial, cuyo nombre no puede ser más acertado, pues se llama Atomik.

De momento es la única botella que existe, pero el equipo del profesor Smith espera producir 500 botellas este año, con idea de vendérselas a los turistas que, con cada vez más frecuencia, visitan la zona de exclusión.

Si el negocio llegase a prosperar, parte de las ganancias obtenidas con la venta de este vodka de Chernóbil, se podrían destinar al desarrollo de las comunidades locales y el resto reinvertirse en el negocio.