Cultivo de pistacho.
Francia descubre el nuevo oro verde: los agricultores copian a España para salvar sus cultivos del calor
El encarecimiento de fertilizantes, combustible y gas empuja a agricultores franceses a replantear la siembra y mirar al girasol como alternativa.
Más información: El municipio español perfecto para explorar en primavera: castillos medievales y millones de años de historia geológica
Francia está empezando a mirar al pistacho como algo más que un fruto seco de moda. En el sureste del país, donde el calor aprieta cada vez más y la falta de lluvia complica cultivos tradicionales como la vid, algunos agricultores han encontrado en este árbol una posible salida.
No es una solución rápida ni barata, pero sí una apuesta de futuro: plantar ahora para recoger dentro de varios años. El giro se está viendo especialmente en Provenza, una zona mediterránea donde el cambio climático ya no es una previsión lejana, sino una realidad que condiciona cada campaña.
En La Bastidonne, un pequeño pueblo de menos de mil habitantes, agricultores explican que las temperaturas han subido y las sequías se han vuelto más intensas desde 2018, hasta el punto de obligarles a cambiar su forma de trabajar.
Ahí entra el pistacho, el llamado “oro verde”. El árbol procede de zonas secas y soleadas, soporta bien el calor y se adapta a suelos pobres, pedregosos y con buen drenaje. En Provenza, incluso el mistral, ese viento fuerte y seco que suele complicar otros cultivos, puede jugar a su favor porque ayuda a la polinización. Lo que para unos campos es un problema, para el pistachero puede convertirse en una ventaja.
Un provincia referente
El movimiento recuerda inevitablemente a España. Castilla-La Mancha se ha convertido en el gran referente nacional del pistacho, con una expansión que ha cambiado el paisaje agrícola de muchas zonas de secano.
Según el Gobierno regional, el cultivo ha pasado de unas 4.300 hectáreas en 2013 a cerca de 70.000 en la actualidad, y representa más del 80% de la superficie española dedicada a este fruto seco.
Los datos ayudan a entender por qué Francia observa ese modelo con atención. Castilla-La Mancha cerró 2025 con una producción histórica de 11.000 toneladas de pistacho seco, un 30% más de lo previsto inicialmente, según Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha.
Es una cifra que confirma que el pistacho ya no es un cultivo experimental, sino una alternativa con peso económico en zonas donde otros productos sufren más la falta de agua.
La clave, aun así, está en la paciencia. El pistacho no funciona como una cosecha inmediata. Los agricultores franceses citados en la noticia explican que el árbol puede tardar entre seis y siete años en ofrecer una producción relevante, y que la rentabilidad real no suele llegar hasta pasados diez o doce años.
Es decir, no salva una campaña concreta: redibuja el futuro de una explotación. Ese horizonte largo no ha frenado el interés. La demanda del pistacho crece por su uso en repostería, helados, cremas, productos gourmet y hasta tendencias virales como el chocolate de Dubái, que ha disparado la presencia del fruto seco en redes sociales.