La gran protección de Tokio frente a las inundaciones.
Japón cambia las normas: tiene la solución a las inundaciones históricas en Tokio con una "muralla" revolucionaria
Japón protege su capital frente a la creciente amenaza de tifones con una estrategia de defensa que va más allá de los diques tradicionales en la superficie.
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Japón quiere proteger Tokio ante las lluvias récord y los tifones agresivos en aumento producidos por la crisis climática. El epicentro de esta protección es el Canal de Descarga Subterráneo del Área Metropolitana, conocido comúnmente como el Proyecto G-Cans.
Esta megadefensa hidráulica actúa como un escudo invisible para el área metropolitana de la capital, complementando los muros costeros mediante un sistema diseñado para drenar de inmediato los desbordamientos de los ríos de la región.
La monumental obra de ingeniería civil, que se encuentra a 50 metros de profundidad en la prefectura de Saitama, tardó trece años en construirse y necesitó una inversión que superó los 2.220 millones de euros al cambio.
El complejo subterráneo destaca por su tanque de regulación principal, una estructura colosal sostenida por 59 pilares de hormigón de 18 metros de altura que le han valido el sobrenombre de "Catedral Subterránea".
La cavidad artificial funciona como un amortiguador de presión que estabiliza el agua recolectada antes de ser devuelta de manera controlada a la naturaleza. Es decir, que es una barrera protectora que evita que la ciudad pueda llegar a colapsar en caso de que las lluvias e inundaciones sean extremas.
Japón blinda su capital
El mecanismo técnico del sistema opera de forma automatizada mediante una red de cinco silos gigantes de 65 metros de profundidad interconectadas por un túnel de más de seis kilómetros de longitud.
Cuando los cauces fluviales periféricos desbordan su capacidad, el excedente es succionado hacia estos pozos y canalizado por gravedad hacia el tanque central. Una vez allí, turbinas de alta potencia se encargan de evacuar hasta 200 toneladas de agua por segundo directamente hacia el cauce seguro del río Edo.
Ahora mismo, se trata de la mayor protección que tiene Tokio frente a la crisis del cambio climático, que está sacudiendo las ciudades japonesas con tifones cada vez más poderosos y lluvias muy cargadas de agua.
La efectividad del proyecto ha quedado demostrada con el tiempo al reducir drásticamente los daños materiales y humanos en una de las zonas urbanas más densamente pobladas del planeta, con unos resultados espectaculares gracias a toda esa estructura que permite canalizar el agua acumulada.
Aunque, con el tiempo, la infraestructura ha acabado convirtiéndose en un referente turístico a través de visitas guiadas oficiales, su principal función sigue siendo la misma: ser una barrera ante los escenarios climáticos más extremos del siglo XXI y un pilar de la ingeniería avanzada.