Panthalassa prueba en el Pacífico una esfera que produce energía con olas.

Panthalassa prueba en el Pacífico una esfera que produce energía con olas.

Ciencia

EEUU toma la delantera: hunde enormes esferas en el mar para exprimir al máximo la eficiencia energética del oleaje

En la carrera energética actual, las grandes superpotencias están empezando a buscar nuevas tecnologías diferentes a todo lo conocido.

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Las claves

Estados Unidos impulsa el uso de esferas flotantes gigantes para transformar el movimiento del oleaje en electricidad limpia y constante.

El sistema Ocean-2 de Panthalassa permite generar energía mediante esferas de 10 metros que oscilan con las olas, aumentando la eficiencia y reduciendo el desgaste.

Las pruebas iniciales han alcanzado potencias cercanas a 50 kW con bajo impacto ambiental y sin afectar a la fauna marina.

Esta tecnología podría ser clave para alimentar infraestructuras costeras y cubrir la demanda creciente de energía, especialmente para centros de datos e hidrógeno verde.

A pesar de que los tiempos actuales dejan entrever una aceleración en la carrera armamentística a nivel global, la carrera por asegurar el suministro energético no se ha quedado atrás. Más allá de las conocidas energías verdes, como la energía eólica, hidráulica o fotovoltaica, países como Estados Unidos han apostado por nuevas tecnologías.

Algunas tan llamativas y prometedoras como unas enormes esferas flotantes capaces de transformar el movimiento constante del océano en electricidad limpia. Esta iniciativa no buscaría solo mejorar la eficiencia de la energía undimotriz, sino también resolver uno de sus problemas históricos, la baja rentabilidad.

El proyecto, impulsado por la empresa Panthalassa, se basa en un principio sencillo pero a la vez sofisticado: aprovechar el vaivén de las olas, uno de los entornos más hostiles del planeta. A diferencia de la energía solar o eólica, el océano ofrece una ventaja clave: es constante, jamás descansa.

Las olas están presentes prácticamente las 24 horas del día, independientemente de las condiciones climáticas, convirtiendo esta fuente en un complemento ideal para estabilizar las redes eléctricas que cada vez se han vuelto más dependientes de las energías renovables intermitentes.

Una energía poco explotada

A diferencia de la energía hidráulica, que precisa una infraestructura específica, la energía marina secundaria a las olas, mareas y corrientes representa un enorme reservorio energético infrautilizado a escala global, a pesar de su teórico potencial para cubrir una parte significativa de la demanda energética mundial.

En este caso, el dispositivo desarrollado se denomina Ocean-2. Se trata de una esfera flotante de unos 10 metros de diámetro conectada a una estructura sumergida. Cuando las olas elevan y descienden la esfera, se genera un movimiento mecánico que se transmite a un sistema interno de turbinas o mecanismos hidráulicos.

Es un proceso que convierte la energía cinética constante del oleaje en electricidad de forma continua. Y, a diferencia de otros sistemas, las esferas no intentan resistir el mar: se adaptan a él, oscilan, se flexionan y acompañan el movimiento natural del agua, reduciendo su desgaste estructural y mejorando su durabilidad.

De hecho, en pruebas iniciales, el sistema ha logrado generar potencias cercanas a los 50 kW con un impacto ambiental limitado y sin interferencias significativas en la fauna marina. Históricamente, la energía de las olas ha estado marcada por problemas técnicos y económicos.

La corrosión, sus costes de mantenimiento, la fatiga de los materiales y la dificultad para operar en condiciones extremas ha limitado significativamente el despliegue de la energía undimotriz a gran escala.

Ahora, este enfoque modular y flexible de las enormes esferas pretende superar estas barreras al reducir tensiones mecánicas y simplificar el diseño. Se espera así aumentar la eficiencia global del sistema y hacerlo más competitivo frente a otras energías renovables.

De hecho, si esta tecnología logra escalar a nivel industrial, podría ser una solución clave en zonas costeras o incluso para alimentar infraestructuras emergentes como centros de datos marinos o plantas de hidrógeno verde.

Por su parte, cabe destacar que, aunque Estados Unidos ha avanzado significativamente en esta tecnología, no se ha iniciado desde la nada. Países como Portugal o Reino Unido llevan años experimentando con sistemas de energía undimotriz, con proyectos pioneros que han servido como "campo de pruebas" para estas soluciones.

Sin embargo, actualmente la diferencia clara es la creciente demanda energética por parte de la inteligencia artificial o los centros de datos; en ambos casos se está produciendo una nueva necesidad que ha dado lugar a la búsqueda de fuentes constantes, limpias y escalables.

Recordemos que el océano cubre más del 70% de la superficie terrestre y alberga una cantidad ingente de energía en movimiento. Sin embargo, convertir este potencial en energía útil ha sido, hasta ahora, tecnológicamente complejo.

Es ahí donde las esferas de Panthalassa parecen representar un cambio de enfoque: no luchan contra el mar, sino que se adaptan a él. Si finalmente logran demostrar su viabilidad económica, podría ser un claro punto de inflexión en el desarrollo de la energía marina.