Llívia.

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Ciencia

El pueblo español en el que han encontrado un inesperado taller romano de oro y plata: tiene más de 2.100 años

El río que fluye cerca del municipio arrastra oro desde hace siglos, pero hasta ahora no se sabía cuándo había empezado su explotación.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

Científicos han confirmado la existencia de minas de oro aluvial de época romana en la comarca de la Cerdaña, en el Pirineo oriental.

Se descubrió un taller de metalurgia donde se trabajaban oro, plata y cinabrio en el yacimiento de Castellot de Bolvir, datado entre los siglos II y I a.C.

Las técnicas mineras incluían sistemas hidráulicos para canalizar agua y separar partículas de oro mediante lavado controlado.

El pueblo actual de Llívia, antigua Iulia Libica, pudo haber sido un centro de administración y logística para la explotación minera romana.

Desde hace mucho tiempo los españoles sabemos que el río Segre es un buen lugar para ir en busca de oro. Sin embargo, los científicos han descubierto que este secreto se conoce desde antes de lo que pensábamos.

Un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Universidad de La Coruña (UDC) ha confirmado la existencia de minas de oro aluvial de época romana en pleno Pirineo oriental, en la comarca de la Cerdaña.

El hallazgo se ha logrado tras un exhaustivo trabajo de campo y laboratorio, aplicando técnicas de luminiscencia ópticamente estimulada sobre sedimentos vinculados a estructuras hidráulicas del yacimiento de las Guilleteres d'All.

Los resultados sitúan el abandono de estas instalaciones entre los siglos I y IV después de Cristo (d.C.), demostrando de forma clara que los romanos explotaron de manera sistemática los recursos auríferos en el entorno.

El oro del Segre procede de depósitos geológicos antiguos, arrastrados durante millones de años por la erosión del agua y acumulados en terrazas fluviales desde la Cerdeña hasta Lleida.

Oro, plata y cinabrio

Este fenómeno era conocido desde hace siglos y es que hay fuentes de la época islámica en la Edad Media que lo mencionan, pero faltaban pruebas a gran escala que confirmaran que los romanos también explotaban este oro.

Las sospechas se incrementaron cuando en el yacimiento de Castellot de Bolvir se encontró un taller de metalurgia donde se trabajaba el oro, la plata y el cinabrio entre los siglos II y I antes de Cristo (a. C.).

Además, en las Guilleteres d'All se identificaron grandes estructuras erosivas que apuntaban a técnicas de extracción hidráulicas similares a las utilizadas por los ingenieros romanos en otros lugares del Imperio.

Estas técnicas consistían en canalizar agua mediante depósitos y galerías para erosionar los sedimentos auríferos y separar después las partículas de oro mediante sistemas de lavado controlados.

El principal reto para los arqueólogos fue la falta de restos orgánicos que permitieran dataciones convencionales, lo que llevó a diseñar una estrategia basada en el análisis de granos de cuarzo.

Así los científicos lograron determinar cuándo fueron enterrados los sedimentos por última vez, estableciendo así una cronología fiable pese a la ausencia de materiales tradicionales.

Los resultados indican que la explotación minera se produjo antes del abandono, probablemente durante el Alto Imperio, coincidiendo con el auge de la minería romana en la península Ibérica.

Iulia Libica, el actual pueblo de Llívia, se encuentra muy cerca de las inmediaciones recién descubiertas y esto refuerza la hipótesis de que este centro poblacional habría actuado como punto de administración y logística de la explotación de oro.