Imágenes del Urogallo Cantábrico.

Imágenes del Urogallo Cantábrico. EFE

Ciencia

Ni Picos de Europa ni Sierra de la Culebra: el urogallo cantábrico en extinción masiva en España con 209 ejemplares

La población se concentra en León (67%) y resiste en Asturias (33%): la fragmentación hace que cualquier golpe pese el doble.

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Las claves

El urogallo cantábrico cuenta con solo 209 ejemplares en 2024, según el Ministerio para la Transición Ecológica, lo que supone un leve aumento respecto a 2019.

El 67% de la población se concentra en comarcas leonesas como Alto Sil, Laciana y Omaña, mientras que el 33% restante sobrevive en Asturias.

La proporción entre machos y hembras ha mejorado, con 117 machos y 92 hembras, lo que es positivo para la reproducción de la especie.

La especie sigue amenazada por la fragmentación de sus núcleos, la pérdida de hábitat y la depredación, manteniéndose en situación crítica desde 2018.

Durante años, el urogallo cantábrico fue una de esas especies que parecían formar parte del paisaje de la Cordillera Cantábrica casi por derecho propio. Un ave esquiva, ligada a los bosques de montaña, convertida en símbolo de una naturaleza salvaje que en España aún resistía.

Hoy esa imagen se ha encogido hasta un dato muy difícil de ignorar: en 2024 solo se estimaron 209 ejemplares en toda su población cantábrica. La cifra, confirmada por el Ministerio para la Transición Ecológica, da idea de hasta qué punto la especie sigue caminando al borde del abismo.

El número tiene un pequeño matiz que evita el derrotismo absoluto, pero no cambia el diagnóstico de fondo. Esos 209 individuos suponen un 8% más que en el muestreo completo de 2019, cuando se calcularon 191 aves. Los técnicos consideran incluso que es la primera vez en la serie histórica en la que se detecta una posible detención del declive.

Pero ese leve respiro estadístico no convierte el problema en una recuperación sólida: el propio MITECO subraya que siguen siendo “apenas dos centenares” de individuos y que aún es pronto para hablar de una tendencia asentada.

Lo más inquietante es que no se trata solo de cuántos quedan, sino de cómo están repartidos y qué capacidad real tienen para sostenerse en el tiempo. El 67% de la población se concentra en comarcas leonesas como Alto Sil, Laciana y Omaña, mientras que el 33% restante sobrevive en Asturias, sobre todo en Degaña, Cangas del Narcea e Ibias.

Una especie en recuperación

Cuando una especie tan amenazada depende de núcleos pequeños, fragmentados y vulnerables, cualquier incendio, episodio de depredación o deterioro del hábitat puede tener un impacto desproporcionado.

A eso se suma otro factor decisivo: la biología no perdona. En el recuento de 2024 se identificaron 117 machos y 92 hembras, una proporción mejor que la de 2019, cuando el sesgo hacia los machos era mucho mayor. Que aparezcan más hembras es una señal positiva, porque son la pieza clave para que la reproducción funcione.

Aun así, el equilibrio sigue siendo demasiado frágil para una subespecie declarada “en situación crítica” desde 2018 y considerada una de las nueve especies españolas en ese nivel extremo de amenaza.

Los datos oficiales también dejan ver por qué el esfuerzo de conservación se ha vuelto tan complejo. Entre 2018 y 2024, el seguimiento reproductivo arrojó una media de 1,14 pollos por hembra en 129 hembras controladas. Además, de los 17 ejemplares hallados muertos desde 2018, trece murieron por depredación, uno por colisión y en tres casos no se pudo determinar la causa.

No es una única amenaza, sino una suma de presiones: pérdida y degradación del bosque, aislamiento de los núcleos, mortalidad natural y un contexto ecológico cada vez más hostil.

Por eso hablar del urogallo cantábrico no es contar la historia de un animal raro, sino la de un ecosistema que se estrecha. España ha logrado frenar, al menos de momento, la caída libre de una de sus aves más emblemáticas.