Pedro Sánchez y Xi Jinping este martes en Pekín. Reuters / Moncloa
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha estado de visita oficial en China —su cuarto viaje a este país en cuatro años— para fortalecer, dice, las relaciones comerciales entre ambos países.
En su nueva visita al país asiático, Sánchez se volverá a dar la mano con el genocida tirano chino, Xi Jinping. Ambos mandatarios se han lanzado halagos y han afirmado estar «en el lado bueno de la historia», en relación con el posicionamiento geopolítico de España y de China en los conflictos abiertos en Oriente Próximo. Es decir, del lado de las dictaduras que tienen sometido a su pueblo al más absoluto control político. Claro que, de eso, Xi Jinping entiende bastante. Sin embargo, Pedro Sánchez está en camino de entenderlo a la perfección.
Se estima que más de un millón de chinos de la etnia uigur permanecen esclavizados, junto a una minoría musulmana, en campos de trabajo forzoso (Jiuyes). El comunismo chino —partido único y legal en China— opera mediante empresas pantalla tras las cuales está el Gobierno de Xi. Estas empresas exportan productos a bajo coste, entre otros motivos, porque el coste laboral es cero. Hablamos de unas condiciones laborales que han matado a 45 millones de chinos durante los setenta y siete años de dictadura china.
Si para la izquierda española el ejemplo de buena praxis económica es China, ya puede echarse a temblar la clase trabajadora española, pues es el futuro que le espera. Y parece que Pedro Sánchez no va por mal camino: Xi Jinping ha felicitado a Sánchez por su gestión.
En definitiva, China es una dictadura de la que cada vez depende más Occidente. De hecho, y en el caso de España, el país asiático está entre los tres países que más invierten en España, siendo desplazadas empresas que sí cumplen con el derecho de los trabajadores y las reglas del comercio internacional.
Europa debe cambiar de aliados internacionales. Tenemos que volver a ser unos socios fiables para Estados Unidos, primer país fundado en democracia y cuyos derechos laborales y humanos se respetan.