El número de matriculados en Religión desciende por primera vez en la década EFE
La polémica de las clases de Religión coincidió con el inicio del Ramadán y la Cuaresma, ambos períodos de ayuno y reflexión. También la religión judía contempla distintos momentos de introspección similares. En el último periodo cuaresmal, León XIV propuso a los católicos una abstinencia en la agresividad verbal, siguiendo su mensaje inicial de trabajar por una paz desarmada y desarmante.
Es cierto que España es un país aconfesional. También que el sistema educativo es público y obligatorio hasta los 16 años. Sin embargo, en el tema de las clases de religión, se nos olvida un hecho importante: un buen sistema educativo debe ayudar a crecer al educando en todas sus facetas, adquiriendo unas competencias mínimas en cada una de ellas.
Las personas somos cuerpo, mente y espíritu. El sistema educativo cuenta con asignaturas que cubren las competencias del cuerpo y la mente, pero no las del espíritu, ya que la Educación en Valores Cívicos y Éticos está más centrada en la sociedad, la justicia, la democracia, el desarrollo sostenible y la ética ambiental. Por lo tanto, existe una carencia en la formación espiritual.
En vez de tomar decisiones unilaterales por motivos ideológicos o económicos, sería conveniente sentarnos a dialogar sobre unos mínimos que nos satisfagan a todos, buscando el mínimo común múltiplo y no el máximo común divisor. No debemos dejar que nuestras ideas nos nublen. Un mínimo de competencias en formación espiritual debe integrarse en la educación y no derivarse meramente al ámbito privado.
Nuestra cultura europea se sustenta en tres pilares: Roma, con su derecho e idea de república; Grecia, con la filosofía y la democracia; y el judeocristianismo, como hecho cultural que irradia a través de la pintura, la escultura, la arquitectura, la literatura e incluso la economía (el Camino de Santiago, las peregrinaciones, las romerías, las fiestas patronales o el turismo cultural). No podemos vivir de espaldas a este hecho cuando, desde la geopolítica, se pretende ningunear a Europa y su papel en el mundo.
La espiritualidad, la religión y la religiosidad son tres conceptos distintos que hay que saber diferenciar. Es necesario establecer una base mínima para que cada cual, cuando lo decida, pueda profundizar y buscar cómo vivir su fe; ya sea siguiendo a Jesús, Yahvé, Alá, Buda, Confucio, el Tao... o desde el agnosticismo y el ateísmo.
Tampoco los progenitores debemos dejar que el sistema educativo asuma nuestras responsabilidades y competencias en esta materia. Por su parte, los gestores educativos no pueden "escaquearse" confundiendo aconfesionalidad con laicismo, o laicismo con laicidad, ni intentar imponer su visión ideológica solo por ostentar una mayoría aritmética en el parlamento.
El problema no es solo de Navarra. Las competencias, a veces, nos impiden ver la realidad global. El acuerdo es de España con el Vaticano y habrá que darle una vuelta. Aunque antes hay que consensuar —palabra olvidada en nuestro vocabulario social hoy en día— lo que queremos los españoles, creyentes o no. Gobernar consiste en resolver los problemas de los ciudadanos, no en crear otros nuevos. Hay que respetar a todos y legislar para todos. El consejero Gimeno tiene problemas bastante más importantes sobre la mesa como para crearse uno nuevo.