Llegó septiembre y su "cuesta". Se multiplican los gastos, se acumulan las facturas y el espejismo de un verano despreocupado se torna en un otoño sombrío. No hablo de los problemas domésticos, ni de Ceuta, ni de la Ley de nietos ni del espionaje de Pegasus. Hablo de lo que hay más allá del titular que dura unas horas, de algo que poco a poco se ha convertido en una realidad cotidiana.

¿Acaso soy el único que siente que habitamos en un territorio de perenne crisis? Por lo menos desde 2008 ninguno parecemos a salvo. Cuando no es un desplome económico es una crisis sanitaria o una nueva guerra que sube los precios de todo mientras los salarios se mantienen criogenizados en el terreno de la supervivencia.

A todo el mundo nos llega el mismo mensaje que hemos incorporado como un dogma a nuestro día a día: el mundo está cambiando a velocidad exponencial y somos incapaces de vislumbrar un esperanzador futuro. Y seguimos con nuestras rutinas, nuestros horarios laborales, intentando llegar indemnes a final de mes. ¿Qué es lo que está pasando con las clases medias en España y en el resto de Occidente? ¿Cómo vamos a salir de esta? Hemos dejado de ser productores para convertirnos en proveedores de servicios o simples consumidores en un contexto en el que otros están luchando por convertirse en hegemónicos gracias al desarrollo de la IA y las nuevas tecnologías.

El profesor de Economía Juan Vázquez Rojo acaba de publicar en Península un asombroso ensayo sobre todo esto que le está sucediendo al mundo y cómo nos está afectando ahora y afectará en el futuro. Algo en lo que vieja Europa que impuso su filosofía, su ciencia y sus valores culturales al resto del orbe, asiste solo como mera espectadora: El regreso de China. La batalla con Estados Unidos por el nuevo orden mundial. Un texto que aglutina con acierto los acontecimientos políticos y económicos de la última década con las visiones estratégicas de quienes están luchando en la actualidad por liderar el mundo del futuro. Un futuro que pasa por tres posibles escenarios con los que el autor finaliza su ensayo.

"Las clases medias de las economías avanzadas han quedado atrapadas entre el ascenso de Asia y la concentración de las rentas por parte de sus propias élites", afirma. Es un hecho, las clases medias europeas se están empobreciendo mientras las clases altas concentran los beneficios y los nuevos mercados de Asia, en especial China, están sacando a sus inmensas poblaciones de la pobreza en la que se vieron sumidas durante siglos.

No se trata solo de hechos como las guerras, los aranceles o las inversiones focalizadas en determinados sectores. Detrás de este gran cambio de modelo mundial, la "Globalización Armada" o reconfiguración de la Globalización, existen dos filosofías muy diferentes que ya han chocado sin que por ahora haya un ganador claro. EEUU, que durante décadas ha sido el árbitro y ganador del sistema gracias a incentivos o coerción y China, que desde un pasado milenario trata de modernizar su "wangdao", los pilares de una civilización que fue "central" en buena parte del mundo gracias al poder blando de la estabilidad interna y el prestigio externo.

Dos filosofías que compiten en el ámbito energético arrastrando al resto de países a posicionarse en uno de los dos bloques: el regreso a la energía de combustibles fósiles, la del siglo pasado, encabezada por Estados Unidos. Y frente a ella, el salto a las energías limpias del siglo XXI, que lidera China. Que compiten en el ámbito de la IA y de la producción de tierras raras para expandir sus estándares al resto de mercados. Que compiten en cada uno de los sectores críticos del futuro, en la logística, en los mercados financieros y en las inversiones estratégicas en el resto de países.

Ahora, cuando se les pregunta a los jóvenes si creen que vivirán una vida mejor que la de sus padres, una inmensa mayoría se siente pesimista. Los problemas de acceso a la vivienda, los salarios bajos, la amenaza de la transformación laboral que va a provocar la IA en unos años no generan buenas expectativas. El problema no es si sucederá o no, el problema es si ya se nos ha pasado el tiempo de intentar cambiarlo.