La atención domiciliaria garantiza a las personas vivir con la mayor autonomía, dignidad y calidad de vida posible.

La atención domiciliaria garantiza a las personas vivir con la mayor autonomía, dignidad y calidad de vida posible. Clece

Sociedad OPINIÓN

Retos para la Ley de Dependencia en su 20º aniversario: de la financiación a la dignificación de los cuidados

Por Cristóbal Valderas
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Las claves

Las claves

El Congreso ha aprobado la reforma de la Ley de Dependencia, obligando al Estado a financiar el 50% del sistema y destinando 6.200 millones de euros adicionales entre 2026 y 2027.

El refuerzo financiero busca mejorar los servicios, reducir tiempos de espera y dignificar la labor de los profesionales del sector de cuidados.

Se destaca la importancia de los servicios de atención domiciliaria como pilar para la autonomía de las personas dependientes y para combatir la soledad.

El reto del sistema incluye garantizar profesionales suficientes y cualificados, así como adaptar la atención a las necesidades específicas de cada territorio.

El verano de 2026 ha estado marcado por una noticia que, aunque quizás haya pasado algo desapercibida, puede marcar un antes y un después en la vida de miles de personas: el Congreso de los Diputados ha dado ya luz verde a la reforma de la Ley de Dependencia, la cual incorpora la obligación de que la Administración General del Estado asuma el 50% de la inversión que requiere el Sistema para la Autonomía y la Atención a la Dependencia. Asimismo, el Congreso ha convalidado el Real Decreto-ley por el que el Gobierno se compromete a destinar 6.200 millones de euros más entre 2026 y 2027, ampliando así la financiación estatal para este sistema.

Estos anuncios han supuesto un importante refuerzo de la financiación para impulsar el modelo de cuidados en España. Y eso, a unos meses de que la Ley de Dependencia celebre su 20º aniversario, es una buena noticia. Sin embargo, es importante destacar que, si queremos garantizar un futuro digno para las personas dependientes, será importante mantener este compromiso, así como traducirlo en medidas efectivas.

Así, en una sociedad cada vez más envejecida y con redes familiares menos sólidas, es evidente el incremento de personas que necesitarán servicios de atención, cuidado y apoyo para vivir con autonomía y dignidad. De esta manera, es previsible que la presión sobre el sistema vaya en aumento los próximos años, lo que a su vez incrementará la financiación necesaria para sostenerlo. Por eso, es importante que el futuro de los cuidados deje de ser una cuestión secundaria para convertirse en una prioridad dentro de la agenda política, garantizando así que la financiación sea siempre suficiente y que se cumpla con lo dispuesto en la Ley de Dependencia.

"Si queremos garantizar un futuro digno para las personas dependientes, será importante mantener este compromiso, así como traducirlo en medidas efectivas"

Pero la financiación, siendo imprescindible, no basta por sí sola. El reto consiste en garantizar que esta ampliación de recursos se traduzca en cuidados efectivos, en menos tiempos de espera, en mejores condiciones para los profesionales y en una mayor capacidad de atención en el propio domicilio de las personas usuarias, que es donde la mayoría prefieren ser cuidadas.

De esta manera, la dependencia no se atiende solo reconociendo derechos, sino haciendo posible que esos derechos se traduzcan en servicios reales. Esa es una de las grandes brechas que debe afrontar un sistema en el que, según datos del Imserso, más de 250.000 personas siguen esperando a que se evalúe su grado de dependencia o a recibir una prestación o servicio que ya les han reconocido.

Esta distancia existente entre la resolución administrativa y la prestación efectiva, y entre la expectativa de cuidado y la capacidad operativa para proporcionarlo con calidad, continuidad y cercanía, es la brecha que debe reducirse. Y para ello es necesario que la financiación se vea acompañada de visión a largo plazo, organización y profesionalización.

La importancia de los Servicios de Atención Domiciliaria

Y si hablamos de atención a la dependencia, es necesario poner el foco en uno de los elementos que más es necesario reforzar: la atención domiciliaria. Si la sociedad que queremos construir apuesta por la autonomía personal, la permanencia en el entorno y la vida en comunidad, el domicilio no puede considerarse un espacio asistencial menor. Al contrario, será uno de los lugares desde los que se sostendrá el bienestar de las personas mayores y dependientes.

"Si la sociedad que queremos construir apuesta por la autonomía personal, la permanencia en el entorno y la vida en comunidad, el domicilio no puede considerarse un espacio asistencial menor"

En ese camino, los servicios de ayuda a domicilio deben ocupar un papel central porque permiten cuidar sin desarraigar. Hacen posible que una persona continúe viviendo en su casa, mantenga sus rutinas, conserve sus vínculos y reciba apoyo en actividades esenciales de su vida diaria. Los profesionales de los SAD también acompañan a las familias, ayudan a detectar situaciones de vulnerabilidad, combaten la soledad no deseada y actúan como una red de proximidad especialmente valiosa en municipios pequeños, zonas rurales y territorios con mayor dispersión poblacional.

Para que esa respuesta sea viable, desde Clece consideramos que el SAD debe reforzarse en medios, organización y alcance. Hay que garantizar que los servicios puedan llegar a tiempo, con continuidad y calidad, adaptándose a las necesidades reales de cada territorio. Y, para lograrlo, aunque la financiación es un desafío innegable, no es el único.

Dignificación, calidad asistencial y disponibilidad de los profesionales

Y es que, aunque los SAD son esenciales para la sociedad que hemos construido, la realidad es que todavía nos queda mucho por recorrer para garantizar el reconocimiento y la dignificación de los profesionales del sector. No habrá un sistema de dependencia sólido sin profesionales reconocidos, formados y acompañados. Durante demasiado tiempo, el cuidado ha sido imprescindible, pero insuficientemente visible y valorado. Esa contradicción debe corregirse si queremos construir un modelo sostenible.

Cristóbal Valderas, presidente de Clece.

Cristóbal Valderas, presidente de Clece. Clece

Además, debemos entender que dignificar el sector no es solo una cuestión laboral. Es, también, una condición de calidad asistencial. La estabilidad de los equipos, la formación continua, la acreditación de competencias, la prevención del desgaste profesional y la posibilidad de desarrollar una carrera en el ámbito de los cuidados repercuten directamente en la atención que reciben las personas.

Asimismo, la disponibilidad de profesionales será uno de los grandes cuellos de botella. El aumento de la demanda requiere atraer talento a un sector esencial, altamente feminizado y con una enorme capilaridad territorial. Para lograrlo, será imprescindible mejorar el reconocimiento social del sector, reforzar la formación y consolidar las condiciones que permitan retener a quienes ya sostienen el sistema cada día.

Este reto tiene también una dimensión territorial. La dependencia no se vive igual ni presenta las mismas necesidades en todos los territorios. Por ello, cualquier avance debe tener en cuenta la dispersión geográfica, el envejecimiento, la brecha de la dependencia, la disponibilidad de profesionales y la capacidad de despliegue de los servicios. Asegurar que el acceso a los cuidados no dependa del código postal es una condición básica de equidad.

Desde Clece, por nuestra experiencia en la gestión de servicios esenciales, atención social y ayuda a domicilio, sabemos que la evolución del sistema exige colaboración entre administraciones, operadores especializados, entidades sociales, profesionales y comunidades locales. La colaboración público-privada, ordenada y orientada a resultados es esencial para aportar experiencia operativa, capilaridad territorial y capacidad de gestión en servicios que requieren proximidad, continuidad y coordinación.

A pocos meses de celebrar el 20º aniversario de la Ley de Dependencia, el refuerzo de la financiación del sistema de dependencia es, por sí mismo, un gran motivo de celebración. Sin embargo, este compromiso solo tendrá impacto si esta financiación se garantiza al margen de la agenda política y se traduce en planificación, cuidado y refuerzo de los servicios de atención domiciliaria. Porque el objetivo último es garantizar que cada persona pueda vivir con la mayor autonomía, dignidad y calidad de vida posible. Y eso solo será posible si damos a los profesionales de los SAD todos los recursos necesarios para que sostengan esa red de cuidado que son los servicios de atención domiciliaria.

** Cristóbal Valderas es presidente de Clece