Montero, en la Comisión Ejecutiva Regional, entre María Márquez, vicesecretaria general, y Paco Rodríguez, secretario de organización.

Montero, en la Comisión Ejecutiva Regional, entre María Márquez, vicesecretaria general, y Paco Rodríguez, secretario de organización. PSOE

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Montero se queda en Andalucía de "administradora concursal" hasta las generales: "Le reservan un destino fuera, pero no ahora"

Sobre los hombros de Montero recae la doble tarea de amortiguar el golpe de los peores resultados históricos de la federación andaluza y actuar como dique de contención para proteger el liderazgo de Pedro Sánchez.

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La noche electoral Montero anunció que abandonaría su escaño en el Congreso. Ayer, que se queda en Andalucía para liderar la oposición. Pero fuentes consultadas del PSOE-A matizan a este periódico con suspicacia que en ningún momento ha afirmado que vaya a quedarse los cuatro años de la legislatura.

"Es probable que Pedro Sánchez le reserve un destino internacional, pero no será ahora", sino en fechas más cercanas a las Elecciones Generales, precisan a EL ESPAÑOL.

Las mismas descartan por completo soluciones intermedias que supongan una degradación de su estatus, como la posibilidad de designarla senadora autonómica, un puesto que consideran muy escaso tanto para la trayectoria como por el sacrificio político asumido por Montero.

En este análisis coinciden también con el PP, pues la labor de Montero es "ejecutar los planes políticos de Pedro Sánchez" porque la estrategia de Moncloa, aseguran, pasa porque el presidente del Gobierno sea "el último" en recibir "el castigo directo de las urnas".

El día después de una debacle electoral suele ser propicio para los cuchillos largos, pero el Partido Socialista ha optado por el escapismo. Tras el duro revés sufrido en las urnas andaluzas con 28 escaños, la dirección nacional de Ferraz ha decidido activar un cordón sanitario en torno a Madrid, y la andaluza, en torno a María Jesús Montero.

Y en lugar de entonar el mea culpa por haber cosechado los peores resultados de la historia del partido en la región, la dirección autonómica ha optado por el argumento de que la candidatura de Montero ha sido el factor determinante y el dique de contención que ha logrado arrebatarle la mayoría absoluta a Juanma Moreno.

Así, y en apariencia, el partido parece una balsa de aceite. Fuentes socialistas consultadas recuerdan el contraste con los anteriores comicios autonómicos, cuando Juan Espadas obtuvo 30 diputados y voces como Mario Jiménez o Paco Reyes, entre otros, salieron rápidamente a la palestra pública a exigir responsabilidades políticas por los resultados de forma abierta.

Ahora, con un resultado considerablemente peor en número de escaños, reina un silencio sepulcral.

Este mutismo absoluto, a excepción del presidente extremeño, Emiliano García-Page, el ex presidente socialista de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, o la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, se explica por el control férreo y el poder orgánico que ostenta Ferraz. Y en Andalucía, lo ejerce doblemente Montero.

Así, nadie en el PSOE andaluz se atreve a mover ficha de forma abierta por el temor real a ser devorado por el aparato de Ferraz, dado que la líder socialista es, además de la secretaria general del PSOE-A, la número dos del PSOE nacional.

El descontento y el miedo de los alcaldes socialistas es el punto de confluencia exacto donde coinciden los análisis de fuentes del Partido Popular y las confesiones bajo estricto anonimato del socialismo andaluz.

Sobre los hombros de Montero recae la doble tarea de amortiguar el golpe de los peores resultados históricos de la federación andaluza y actuar como dique de contención para proteger el liderazgo de Pedro Sánchez. Todo ello mientras las costuras territoriales del partido amenazan con romperse debido al pánico de los alcaldes ante el horizonte de las elecciones municipales.

Tras la debacle andaluza, la cuarta en seis meses en Extremadura, Aragón y Castilla y León, los regidores locales miran con temor el calendario electoral. Son conscientes de que las elecciones municipales serán la antesala de las generales y temen pagar los platos rotos de la marca nacional, y además, hacerlo sin paracaídas.

Responsabilidades

Desde las filas del Partido Popular, las fuentes consultadas auguran un estallido inevitable en el socialismo. Los populares definen la situación con crudeza matemática: tarde o temprano se producirá una rebelión de alcaldes porque estos saben perfectamente que, con la inercia actual, en las municipales van "directos al hoyo".

Para sostener este diagnóstico, el PP esgrime un dato que hasta hace poco parecía de ciencia ficción: la victoria popular con el 36,73% de los votos en Dos Hermanas, el histórico e inexpugnable feudo socialista de la provincia de Sevilla, en el que el PSOE ha obtenido un inédito 22,52%.

Para la derecha, el nerviosismo de los alcaldes se explica mirando al retrovisor de lo ocurrido en mayo de 2023. En aquel momento, Pedro Sánchez convocó elecciones generales a las 24 horas de la debacle de las autonómicas y municipales, en una maniobra que el PP califica de muy hábil "y de distracción, al elegir inusualmente julio".

"Sánchez sabía que si no convocaba de inmediato, afrontaría de forma fulminante una rebelión de alcaldes" que habían perdido sus puestos por culpa del desgaste de la marca Moncloa.

Ahora, en el escenario actual, los regidores temen volver a ser otra vez las víctimas colaterales en 2027. Este análisis es plenamente compartido, bajo estricto anonimato, por fuentes del PSOE andaluz.

Las voces internas admiten el enorme error de cálculo cometido por Ferraz, debido a un profundo desconocimiento de la sociología electoral del sur. "No se puede venir a una campaña electoral de 15 días cuando Andalucía es tan grande como Portugal", zanjan.

El malestar en el seno del PSOE viene ahora además porque lo que los socialistas tienen todavía en juego en Andalucía.

Tras la pérdida masiva de poder territorial en 2023, la federación andaluza aún conserva alcaldías de enorme peso estratégico, económico y simbólico como Jaén capital, Dos Hermanas, Mairena del Aljarafe, Marchena, Chiclana de la Frontera, San Fernando, San Roque o Rota, además del control político y presupuestario de dos plazas clave: las diputaciones provinciales de Jaén y de Sevilla.

El blindaje institucional de la dirección andaluza es total, porque Montero acumula la secretaría general del PSOE-A y su secretario de organización es Paco Rodríguez, quien es precisamente el alcalde de Dos Hermanas, uno de los epicentros del seísmo electoral del 17-M.

Fecha límite

Esta concentración de poder bloquea cualquier intento de contestación interna visible. Sin embargo, las fuentes socialistas consultadas por EL ESPAÑOL ponen una fecha límite en el calendario.

Si la rebelión interna ha de estallar, deberá ser antes de las vacaciones de verano; después de esa fecha, admiten, ya será demasiado tarde porque justo después se activará el mecanismo electoral para las municipales.

Consideran, además, que enviar a ministros como candidatos a las comunidades autónomas es un error estructural de la estrategia de Pedro Sánchez, pero añaden que el caso de Andalucía ha sido especialmente equivocado.

Las fuentes internas rechazan que los malos resultados de Montero se deban a su vinculación con Sánchez. Consideran que se envió a la persona que despertaba mayor animadversión entre el electorado debido a su perfil político: la ministra de Hacienda, "encargada de la gestión de los impuestos y al frente del ministerio que históricamente genera menos simpatías" entre los ciudadanos.

Para el Partido Popular, la lectura de la situación que atraviesa María Jesús Montero en la sede socialista de San Vicente es puramente matemática y responde con exclusividad a la estrategia de supervivencia personal de Pedro Sánchez.

Fuentes populares sostienen a EL ESPAÑOL que Montero ha sido "sacrificada" y se queda en Andalucía en calidad de "administradora concursal" del socialismo andaluz hasta que se celebren las elecciones generales.

Según el diagnóstico del PP, su continuidad responde a la necesidad imperiosa de Moncloa de mantener el partido bajo un control férreo para evitar movimientos internos que cuestionen a Pedro Sánchez.

El PP sostiene que el presidente del Gobierno aplica de forma sistemática la estrategia de colocar a personas de su máxima confianza como guardianes orgánicos de las siglas en los territorios, despojándolos de autonomía política real y convirtiéndolos en escuderos de su proyecto nacional.

Desde las filas populares se sentencia de forma tajante que el papel de Montero es, lisa y llanamente, guardarle el terreno a Sánchez. Consideran evidente que no podrá volver a ser candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía tras haber firmado los peores resultados de la historia del PSOE en la región.

El Partido Popular analiza el periplo de la vicepresidenta por los pueblos andaluces durante la campaña como una "penitencia". La gran incógnita que introducen estas fuentes es descubrir hasta qué punto resistirán las costuras y la disciplina del socialismo del sur ante la dura realidad que le espera a la exministra.

Hasta que lleguen las generales, Montero "va a pasarlo mal en el Parlamento" y en una Andalucía donde el PSOE-A está roto desde la salida de Susana Díaz.

Tratará, insisten las fuentes consultadas, de contener una guerra de familias socialistas que amenaza con estallar si los alcaldes deciden que el miedo a perder sus ayuntamientos es mayor que el respeto a las directrices de Madrid.