En el centro de la imagen, Xavier Pons, CEO de Idilia Foods, la compañía catalana detrás de ColaCao o Nocilla.

En el centro de la imagen, Xavier Pons, CEO de Idilia Foods, la compañía catalana detrás de ColaCao o Nocilla.

Reportajes

El imperio chocolatero de los Ferrero, la familia catalana tras ColaCao, Nocilla o Paladin: "Facturan 220 millones"

La historia arranca en la Barcelona de posguerra, cuando dos cuñados deciden asociarse para montar una pequeña fábrica de productos alimentarios.

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Los Ferrero nunca imaginaron que aquellos grumitos de cacao que salían de un pequeño obrador del barrio de Gracia, en Barcelona, acabarían levantando un imperio de desayunos y meriendas que hoy factura más de 220 millones de euros al año, según los últimos datos publicados, del ejercicio de 2025.

Ellos hablan de “una empresa familiar española dedicada a ofrecer productos de alta calidad para el desayuno y merienda de toda la familia”, pero detrás de esa frase hay una saga de cuñados visionarios, cuyos descendientes tuvieron que profesionalizar el negocio para que el ColaCao o la Nocilla –entre otros– sigan mandando en la despensa de los españoles.

La historia arranca, no obstante, en la Barcelona de posguerra, en 1940, cuando dos jóvenes empresarios del barrio de Gracia, José Ignacio Ferrero Cabanach y su cuñado José María Ventura Mallofré, deciden asociarse para montar una pequeña fábrica de productos alimentarios.

Son, literalmente, “dos cuñados de Gracia” que comparten ambición y una intuición clara: el futuro está en los alimentos preparados para el hogar, en una España que empieza a levantar la cabeza tras la Guerra Civil.

Así, en 1945 nació el producto que lo cambió todo: el ColaCao. Los grumitos empiezan a fabricarse “en un pequeño obrador en el barrio de Gracia”, cuentan desde Idilia Foods, la empresa dueña de estos productos, subrayando unas raíces tan humildes como poderosas.

Anuncio del niño boxeador de ColaCao, en los años 50.

Anuncio del niño boxeador de ColaCao, en los años 50.

El cacao soluble se convirtió entonces en un fenómeno gracias a una campaña de radio que haría historia: “Yo soy aquel negrito del África tropical…”, una sintonía pegadiza que instala el producto en la memoria sentimental de varias generaciones.

En aquellos años, Nutrexpa —el grupo original— no es todavía un gigante: es la aventura de dos familias que reinvierten todo lo que ganan, que se reparten el tiempo entre la fábrica y el bar del barrio, que viajan en tren para ir a ver proveedores de cacao, leche y azúcar.

Pero el país crece, la clase media aparece y el ColaCao se convierte en el símbolo perfecto de una España que empieza a desayunar algo más que pan duro mojado en café de achicoria.

Nutrexpa, el imperio de los cuñados

Durante décadas, el apellido que manda es uno doble: Ferrero-Ventura. Nutrexpa va sumando marcas, ampliando fábricas, abriendo nuevos mercados, hasta convertirse en un grupo alimentario de referencia en España.

El ColaCao es la joya de la corona, pero el catálogo crece: llegarán después la compra de Nocilla en 2002, los batidos Okey, el chocolate a la taza Paladin o el edulcorante Mesura.

La estructura es familiar y, como suele ocurrir en estas sagas, la armonía aparente oculta equilibrios delicados. Por ello, con la llegada de la tercera generación, se tomó la decisión de dividir la empresa por el bien de todos. Los Ferrero y los Ventura seguirían por caminos separados a nivel laboral, aunque siempre con el “cariño” de seguir vinculados a nivel familiar.

Los Ferrero –que nada tienen que ver con los italianos– serían los que continuarían con la parte del ColaCao, la Nocilla… El fundador del lado Ferrero, José Ignacio, tuvo cinco hijos: Nuria, Ignacio, Antonio, Bernadet y Javier, “los hermanos Ferrero Jordi”, ramas hoy plenamente identificadas en el organigrama y en las sociedades patrimoniales del grupo.

Del lado Ventura, las ramas Ventura Cardona y Ventura Arasanz —esta última emparentada con el imperio de Blemil y Ordesa— también reclaman su espacio.

La foto, de esta manera, cambió en 2014, cuando las dos familias deciden “dividir la empresa en dos grupos”, recoge la crónica oficial, y el 1 de enero de 2015 la segregación se hace efectiva. Nutrexpa, el imperio de los cuñados, se rompe en dos piezas: Idilia Foods, en manos de los Ferrero, y Adam Foods, en manos de los Ventura.

Los Ferrero se quedaron con el negocio de los chocolates –con marcas como Nocilla y ColaCao–, que reunieron en la nueva sociedad Idilia Foods. Los Ventura, por su parte, se llevan las galletas Cuétara y Artiach, los caldos Aneto, los patés La Piara o los pastelitos Phoskitos, un conglomerado que bautizan como Adam Foods.

Idilia, una “empresa familiar”

Idilia Foods nace así en 2015 como el heredero directo del universo cacao y chocolate de Nutrexpa, y la familia Ferrero Jordi se coloca al frente del nuevo grupo. La propia compañía se define como “una empresa familiar española dedicada a ofrecer productos de alta calidad para el desayuno y merienda de toda la familia”, con marcas “queridas e icónicas” como ColaCao, Nocilla, Paladín u Okey, presentes “en los hogares españoles desde hace más de 75 años”.

En la práctica, Idilia controla las divisiones de cacaos, cremas untables y batidos, con dos fábricas en España y una vocación cada vez más internacional.

En 2017 la empresa traslada su sede social a Valencia debido a la situación política en Cataluña, aunque mantiene su sede operativa en Barcelona, una jugada que los Ferrero presentan como “un movimiento de prudencia empresarial, sin renunciar a nuestras raíces”.

La compañía presume de cultura de proximidad. “Nuestra apuesta por la calidad y la cercanía con el consumidor ha convertido a nuestras marcas en líderes en el sector alimentario de nuestro país”, sostienen en su presentación corporativa.

Una de las sedes de Idilia Foods.

Una de las sedes de Idilia Foods.

Los números avalan ese discurso: Idilia da empleo a unas 330 personas y, en 2025, ha cerrado el ejercicio con una facturación superior a los 220 millones de euros, un 4% más que el año anterior.

Idilia, compañía propietaria de marcas como ColaCao, Nocilla, Paladin u Okey, ha cerrado 2025 con unas ventas superiores a 220 millones de euros”, resumía la propia empresa.

Los Ferrero Jordi hoy

En la cúspide del grupo se sienta hoy Antonio Ferrero Jordi, actual presidente de Idilia Foods, que relevó en el cargo a su hermano Ignacio en 2021. La saga se despliega en más Ferrero, todos ellos representados directa o indirectamente en el consejo de administración de Idilia y en la Fundación ColaCao, creada en 2022.

“Los hermanos Ferrero Jordi siguen al frente del negocio, pero han reforzado el consejo con asesores externos de peso”, explican fuentes del sector, que destacan la presencia de nombres como el consejero delegado, Xavi Pons.

Xavi Pons, consejero delegado de Idilia Foods.

Xavi Pons, consejero delegado de Idilia Foods.

Él reivindica el papel del equipo: “Cada avance en sostenibilidad es el resultado del comprometido trabajo del equipo humano de Idilia y una oportunidad para mejorar cómo producimos, cómo gestionamos los recursos y cómo generamos impacto positivo en nuestro entorno”.

La imagen que proyectan hoy los Ferrero Jordi es la de una saga que quiere seguir mandando, pero que ha aprendido a delegar en gestores profesionales y a blindar el gobierno corporativo frente a los riesgos clásicos de cualquier empresa familiar.

La expansión: de Nocilla a Cacaolat

Si la primera gran operación de la historia fue la compra de Nocilla en 2002, que permitió a Nutrexpa —y después a Idilia— dominar tanto el cacao soluble como la crema de cacao para untar, la nueva etapa se define por el crecimiento inorgánico. En 2024, Idilia adquiere el 50% de Cacaolat a la cervecera Damm por unos 50 millones de euros, una operación que algunos bautizaron como “la boda del cacao catalán”.

“La producción de Cacaolat continúa en la planta de Santa Coloma de Gramenet, manteniendo operaciones independientes bajo el equipo directivo actual”, subrayan las informaciones sobre la operación, con el objetivo de “acelerar el crecimiento en el mercado nacional e internacional y consolidar la posición de ambas marcas en la mente del consumidor”.

La familia que inventó el ColaCao se hacía así con el control de otro icono lácteo catalán, cerrando un círculo simbólico que devuelve a Gracia y al área de Barcelona al centro del mapa.

ColaCao.

ColaCao.

En 2025 el movimiento se repite, pero esta vez mirando a Reino Unido. Idilia adquiere la marca británica Shaken Udder, líder en batidos premium, en una operación que el grupo presenta como “un refuerzo y complemento del negocio de batidos”, y que abre la puerta a una internacionalización más ambiciosa.

“La adquisición de Shaken Udder refuerza nuestro compromiso con la innovación y la diversificación, llevando nuestro saber hacer a nuevos mercados”, es la frase que circula en los documentos internos y en las notas enviadas al sector.

El futuro de los grumitos

Ochenta años después de aquel primer obrador en la calle Torrent de l’Olla, el mapa de Idilia ya no cabe en un barrio de Barcelona. La sede social está en Valencia, las fábricas siguen en Cataluña, Cacaolat se produce en Santa Coloma, Shaken Udder agita botellas en el Reino Unido y los Ferrero Jordi se reparten entre los consejos de administración, las patrimoniales familiares y nuevas aventuras empresariales.

La paradoja es que, cuanto más grande es el grupo, más íntima sigue siendo la relación de los consumidores con sus marcas. ColaCao y Nocilla forman parte de la educación sentimental de varias generaciones que aprendieron a discutir si era mejor el vaso con grumos o sin ellos, o si el pan con Nocilla debía untarse por una o por las dos caras. El negocio de los Ferrero Jordi es, en el fondo, administrar esa nostalgia.

En 2025, con la facturación por encima de los 220 millones de euros, un crecimiento del 4% y una rentabilidad presionada por el precio del cacao, la familia afronta un nuevo reto: crecer hacia fuera sin perder la sensación de estar dentro de cada cocina.