Alberto, joven católico de 27 años

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Alberto, joven católico gallego de 27 años: "Sentí un encuentro con Dios que me marcó de por vida"

La vida de Alberto cambió para siempre el Viernes Santo de 2017. "Noté cómo se podía remover mi corazón y todas mis entrañas", se sincera en una entrevista con este medio

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¿Están volviendo los jóvenes a la fe católica? Según el último barómetro del CIS, el 38,5% de los jóvenes de 18 a 24 años y el 37,9% de los de 25 a 34 años se declaran católicos, frente a los 33,9% y 35% registrados en los años 2021 y 2023, respectivamente.

Alberto es uno de esos casos; en su adolescencia vivió un evento que cambió por completo su forma de ver la vida. Sintió un encuentro con Dios que, en sus palabras, "me marcó de por vida". A sus 27 años, es delegado de Juventud de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

La vida de Alberto cambió para siempre el Viernes Santo de 2017

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"Mi círculo más cercano es creyente, pero no practicante. Vengo de una familia católica muy de cofradía y de fe puntual, pero no de fe de cada domingo", explica en una conversación telefónica con Quincemil. "Mi proceso de despertar fue progresivo", agrega.

En su caso, el punto de inflexión llegó durante la adolescencia, alrededor de los 13 años. A raíz de su participación en la Semana Santa de Ferrol, algo empezó a fraguarse en su interior. "Me disgusté mucho porque había estado rezando para que hiciera buen tiempo en los días grandes", explica.

A partir de entonces, Alberto empezó a frecuentar la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, en la plaza de Amboage. "Era algo totalmente intrascendente en aquel momento. Simplemente quería ir a ver a la Virgen, no es que me interesase la eucaristía, ni la fe, ni nada", relata.

"Noté cómo se podía remover mi corazón y todas mis entrañas"

Alberto, joven católico de 27 años

Sin embargo, con el paso de los años, Alberto fue cumpliendo etapas dentro de su hermandad y cuando pasó a la sección de portadores, empezó a preguntarse, a raíz de una lesión, si valía la pena estar debajo de un paso.

"Me pregunté si existía dentro de mí un pozo más espiritual y fue a partir de ese momento cuando empecé a frecuentar la iglesia los domingos", comenta.

Alberto menciona que, en el Viernes Santo de 2017, mientras realizaba la estación de penitencia con la Virgen de los Dolores, hubo un momento en el que "sentí un verdadero encuentro con Dios que me marcó de por vida". "Noté cómo se podía remover mi corazón y todas mis entrañas", añade.

Este episodio marcó profundamente la vida de Alberto y tuvo la certeza de que lo que sentía era real y que su acercamiento a Dios era sincero.

"Un par de años más tarde, cuando tomaba unas cañas con unos amigos, conocí a un chico que estaba preparándose para ser sacerdote, era siete u ocho años mayor que yo", cuenta. Este encuentro fortuito le llevó a descubrir la delegación de Juventud de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, de la que ahora es delegado.

"Temía que la fe fuese a seguir siendo algo residual"

Actualmente, Alberto compagina su vida como opositor con la pastoral juvenil. "A mi amigo Jorge le salió trabajo en Navarra y el obispo pensó en mí para tomar el relevo", recuerda.

Para Alberto, ser un joven católico hoy en Galicia es desdecirse de lo que pensaba hace diez años. "Temía que la fe fuese a seguir siendo algo residual, algo que se fuese haciendo cada vez más de nicho y que iba a ir apagándose", indica.

Alberto, no obstante, asegura haber conocido a Cristo de primera mano. "Una vez tienes esa experiencia de Dios y puedes sentirlo de verdad, es algo que te cambia la vida", asevera.

Este joven de 27 años forma parte de una comunidad en la que puede vivir su fe de manera compartida. "Es algo muy bonito y heredado de las primeras comunidades cristianas que se escondían en las catacumbas. Es un refuerzo maravilloso y una experiencia vital increíble".