Gente a la luz de velas en la praza do Obradoiro el día del apagón
Un año del apagón, así se vivió en Santiago: "Hubo gente que perdió los papeles"
A los estudiantes de Medicina les pilló graduándose, a Rocío en su primer día trabajando en una panadería, largas colas en ferreterías, bolsas con tápers para llevar en la Cocina Económica de Santiago, las chimeneas de la Finsa no echaron humo y las terrazas estuvieron a rebosar. Santiago fue la última ciudad gallega en recuperar la normalidad, a las 6:00 horas del día siguiente
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Pocos serán los que no recuerden dónde estaban y qué estaban haciendo el lunes 28 de abril del año pasado. En torno a las 12:30 horas, España se apagó, las lámparas dejaron de alumbrar, los semáforos de funcionar y los móviles quedaron prácticamente incomunicados. Hace casi un año del histórico apagón, y sin precedentes, que sufrió el país en el que Santiago fue la última ciudad gallega en recuperar la normalidad, a las 3:00 horas del martes se iba recuperando paulatinamente la luz y fue a las 6:00 cuando el 100% del suministro eléctrico se había recuperado.
Al igual que en el resto del país, el apagón en Santiago llegó a media mañana con la incertidumbre total de todos de qué estaba pasando y cuánto iba a durar el no tener electricidad. La circulación de trenes quedaba totalmente suspendida y se formaron grandes colas en la estación de autobuses de Santiago, la única alternativa que tenía la gente para llegar hasta su destino. La situación en el aeropuerto de Lavacolla fue distinta, sin graves incidencias, ya que usaron generadores, funcionando desde las pantallas de embarque hasta las cafeterías o tiendas del aeropuerto, seguramente muchos de los pasajeros que estaban ese día en Santiago no fueron conscientes de la situación hasta que aterrizaron.
En el Hospital Clínico de Santiago, el apagón obligó a activar el grupo electrógeno y a priorizar los servicios más urgentes, cancelándose gran parte de las citas programadas. En total, según datos que ofrecía el Sergas, los quirófanos en el área de Santiago y Barbanza tuvieron que cancelarse más de 60 operaciones no urgentes, mientras que se realizaron casi un centenar de intervenciones prioritarias.
El apagón también afectó a la actividad industrial de la ciudad, sobre todo la localizada en el polígono do Tambre y que dejaba una imagen muy inusual: las chimeneas de Finsa dejaron de echar humo y vieron interrumpida, hasta el día siguiente, la actividad productiva de la empresa de madera.
La Cocina Económica de Santiago, con el comedor totalmente a oscuras y cerrado, tuvo que tirar de bolsas con tápers para llevar. La hora del apagón les había pillado ya con los desayunos más que servidos y con la comida casi hecha.
"Vendimos ese día, ao seguinte e aínda seguimos vendendo"
El apagón también se vivió de forma totalmente distinta en los distintos establecimientos de la ciudad, desde los supermercados, locales de hostelería y otros negocios que no pudieron abrir, a otros que no pararon su actividad hasta bien llegada la noche.
Gran parte de los supermercados de la ciudad cerraron, pero hubo uno que suministró buena parte de la comida que pudieron degustar muchos compostelanos ese día: el supermercado Victoria, en la rúa do Hórreo, que tiró de un generador para atender a la gran demanda. Comida precocinada, conservas o embutido fueron algunos de los productos estrella ese día que se llevó la gente que había formado una gran cola en el supermercado.
En donde se formaron grandes colas también fueron en las ferreterías de la ciudad. Linternas, pilas, hornillos de gas y, sobre todo, radios, el único medio por el que se podía la gente informar sin problemas de interrupción. "Vendimos ese día, ao día seguinte e aínda seguimos vendendo" comentan desde la Ferretería Boel, en Rosalía de Castro.
"Na nosa época había un apagón cada semana e sempre tiñas unha vela na casa", pero a muchos, sobre todo a los más jóvenes y estudiantes de la ciudad, el apagón les pilló totalmente sin provisiones en casa. "Houbo xente que perdeu os papeles" dicen entre risas en la ferretería donde recuerdan que "unha señora levou cinco ou seis linternas, eran as últimas que quedaban, mentres outra quedaba se elas". Al igual que en la pandemia, dicen que estas situaciones "vese a calidade das persoas".
"No había problemas de marcas, si no había Estrella Galicia les daba igual"
Café-bar DJ
Otros que tuvieron que cerrar fueron los locales de hostelería de la ciudad al ser imposible abastecer a sus clientes. Sin embargo, otros abrieron sus puertas y, sobre todo, sus terrazas porque además de acordarse del apagón, mucha gente también recuerda el buen tiempo y el calor que hacía ese 28 de abril.
"Quedamos abiertos hasta el final" comentan desde el café-bar DJ, en plena Praza Roxa de Santiago. Recuerdan que al principio "todos los locales estábamos preguntando qué pasaba", primero tuvieron "miedo" sobre todo a la hora de pagar con tarjeta ya que los datáfonos no funcionaban, "tenía miedo de cobrar con tarjeta y que luego no cargaran el pago y empezamos a cobrar en efectivo". Así fue como su terraza se fue llenando de gente en un día que "no había problemas de marcas, si no había Estrella Galicia les daba igual", "la gente se volvió menos estricta" recuerdan.
Rememoran que se habían quedado "casi sin género" y "al día siguiente no teníamos casi nada". Trabajaron hasta que la hora del cierre, "trabajamos con la linterna del móbil" y abrieron al día siguiente, "con la duda" y con "la resaca emocional" para la gente.
Una graduación improvisada y un primer día de trabajo inolvidable
Si el día de tu graduación nunca se olvida, los estudiantes de Medicina de la promoción 2019-2025 siempre se acordarán de ella. El apagón les pilló en plena celebración del Palacio de los Congresos con cerca de 400 futuros médicos. El acto pudo seguir celebrándose sin problemas, gracias a los generadores del Palacio, la situación fue distinta a la hora de comer. Sin casi restaurantes abiertos en los que las familias y estudiantes pudieran comer, tuvieron que improvisar.
"Encontramos un bar abierto con sitio. Nos fueron sacando lo que tenían frío, cervezas y refrescos. El padre de mi amiga desapareció un momento y llegó con empanadas y lo que quedaba en una panadería. Pudimos picar algo", contaba Beatriz a Quincemil el día siguiente de su graduación.
Graduación de los estudiantes de Medicina en 2025 en Santiago.
El pazo donde celebraron la cena y la fiesta de graduación se hizo sin muchos impedimentos gracias a los generadores propios que tenía el local. Sin embargo, el tradicional desayuno en la facultad y pasar por todas las clases no se pudo hacer dado que la totalidad de centros educativos de Galicia permanecieron cerrados al día siguiente, incluidas las tres universidades.
Quien tampoco nunca olvidará ese 28 de abril es Rocío, el apagón la pilló en su primer día de trabajo, en uno de los sitios más concurridos durante esa jornada: una panadería. "La gente hacía cola hasta fuera de la panadería" recuerda Rocío, con "miedo" ante su primer día y también con la expectativa de la gente, "vendí todo" ese día, "antes de la una de la tarde".
"No importaba lo que costara, la gente se lo llevaba igual" explica en un día en el que también se vendió "mucha harina". "La gente no tenía dinero y los vecinos se lo dejaba, ahí también ves la solidaridad de la gente", lo que más le chocó a Rocío fue ver a la gente "de noche bebiendo, en las terrazas o en la calle, sin saber si a la mañana siguiente tendrían cajeros para sacar dinero y poder comer". La mañana siguiente en la panadería transcurrió con normalidad, "los panes son de larga fermentación, hay que esperar dos días para llevarlos al horno, estaban justo para llevar".
"Fue una locura"
Otro de los sectores más afectados fueron los hoteles y establecimientos de hospedaje, en los que muchos de ellos tuvieron que tirar de generadores y otros a improvisar ante la situación. "Fue una locura" recuerdan desde Coliving Compostela, en Rosalía de Castro, en este coliving tienen todo robotizado a base de código, "con una autonomía de dos horas". Todo funciona, además, con wifi, incluidas las cámaras de seguridad.
Tuvieron que cerrar las puertas de las habitaciones de los clientes alojados con cinta aislante y sin poder cerrar las puertas ya que, en ese momento, no disponían de una cerradura en el interior.
Con gente hasta llorando por no entender lo que estaba pasando, desde el Coliving salieron a buscar comida para ofrecer a sus huéspedes en los pocos establecimientos que estaban abiertos, "sacando de la despensa todo lo que se podía", y dando dinero de su propio bolsillo a aquellos turistas que, al no tener nada en efectivo, tenían que coger un autobús o un taxi para dirigirse hasta el aeropuerto. Por la noche, cerraron con llave la puerta principal cuando todo el mundo había llegado.
A la mañana siguiente todo funcionó con normalidad, pero llamando a un cerrajero para poner una cerradura manual en cada habitación del coliving.