Inmigrantes marroquíes en Ceuta.
¿A quién votarán los inmigrantes nacionalizados en España?
Basta con que exista un agravio, una agitación social y mediática, y un marcador identitario para que voten como uno solo.
Estamos conociendo estudios demoscópicos que intentan adelantar el comportamiento electoral de ciudadanos hispanoamericanos ya nacionalizados.
Muchos han huido del socialismo, por lo que sería lógico pensar que no votarán en ese sentido, pero esto no es una regla siempre cierta.
La sugestión, la promesa y la mentira, suele ser en muchos casos igual o más potente que el sufrimiento propio, pasado o presente.
El hispanoamericano no es el único colectivo al que ya hay que prestar atención desde un punto de vista electoral. Otro colectivo en claro ascenso es el árabe-musulmán.
En la aritmética electoral tradicional los parámetros evaluadores venían siendo los típicos de una sociedad homogénea pero plural: edad, condición social, renta, estudios, etc…
Ahora hay que incorporar el voto por identidad y también por religión.
Zohran Mamdani. Reuters
¿Cómo votan o votarán los nuevos nacionalizados? Su comportamiento no parece predecible con las herramientas habituales y habría que considerar lo que en Derecho romano se llamaba una universitas, es decir, un cuerpo que actúa como uno solo, aunque esté compuesto por muchos.
En algunos casos no hace falta coordinación explícita, ni partido, ni estructura ni jerarquía. Basta con que exista un agravio, una agitación social y mediática, y un marcador identitario.
En Gran Bretaña lo saben bien. En las legislativas de julio de 2024, distritos con fuerte presencia musulmana como Leicester, Birmingham o Blackburn eligieron a candidatos independientes que hicieron de la guerra de Gaza el eje único de su campaña, derrotando a laboristas con mayorías históricas.
Se oculta sistemáticamente, pero aquello parecía más Medio Oriente que un país europeo.
No había programa, no había nada, sólo lamento religioso e identitario. Un sentimiento de pertenencia, un agravio a lo de uno.
Y ahí están, gobernando.
¿Es esto una prueba de que la disciplina o previsión de voto hacia un partido tradicional u otro se ha roto en Europa y también en América?
Angela Merkel.
En Alemania, parece ya evidente que desde Angela Merkel se optó por atraer miles de musulmanes para neutralizar a futuro a los adversarios políticos.
En Francia, algunos sondeos detectaron una concentración del voto musulmán hacia la izquierda o extrema izquierda muy superior a la de cualquier otro grupo.
Y en Estados Unidos, condados de mayoría árabe-musulmana como Dearborn, en Michigan, incluso castigaron al Partido Demócrata en 2024 con una contundencia que nadie había anticipado.
¿Constituye esto un patrón estructural o una reacción coyuntural?
En Italia se ha sometido al electorado a dos estímulos de naturaleza distinta en un breve espacio de tiempo.
El primero fue el referéndum de junio de 2025 sobre la reducción del plazo de residencia para acceder a la ciudadanía. La consulta obtuvo un 65% de síes entre quienes votaron, pero fracasó por no alcanzar el quórum del 50%, ya que sólo participó algo más del 30% del censo.
Puede pensarse que, si existiera un bloque musulmán homogéneo capaz de autoconvocarse con la misma eficacia que en Leicester o en Dearborn, este era el escenario perfecto para demostrarlo, pues afectaba directamente a más de un millón de residentes musulmanes nacidos o criados en Italia.
Y, sin embargo, la abstención, alentada abiertamente por el Gobierno, se impuso.
No sabemos si en el voto musulmán hubo mayoritaria abstención o no, porque en Italia el voto no se desglosa por religión.
Nueve meses después, en el referéndum constitucional sobre la reforma de la Justicia, dirigentes de la comunidad islámica italiana llamaron explícitamente al 'no', y ese posicionamiento no era tanto por el contenido de la reforma, sino como reacción contra un Gobierno al que acusan abierta y continuamente de islamofobia.
La cifra que circuló fue una estimación de 1,4 millones de electores musulmanes, es decir, en torno al 5% del censo. No es un dato oficial del Ministerio del Interior porque, insistimos, en Italia no se desglosa el voto por religión, pero resulta creíble.
La rabia y el orgullo, de Oriana Fallaci.
Como creíble resulta que la red de mezquitas, asociaciones como UCOII o Partecipazione e Spiritualità Musulmana son ya actores políticos con capacidad para emitir una consigna y verla amplificada en cuestión de días.
Sólo dos meses más tarde, en las municipales de mayo de 2026, en Venecia, siete candidatos musulmanes presentados por el PD, con folletos en bengalí y promesas islámicas, fracasaron. Y lo mismo ocurrió en Legnano, Lecco y Agrigento.
El propio presidente de la comunidad islámica de Marghera, Sadmir Aliovski, admitió que "quizá no era el momento" de hacer de las reivindicaciones islámicas el tema de campaña.
En cualquier caso, un referéndum exige sólo una consigna, transmitida por el imam o por redes. Unas elecciones administrativas, en cambio, exigen construir una carrera política real y disputar espacio a las estructuras de partido, que no siempre es sencillo.
En 2027 tendremos numerosas citas electorales. Todo apunta a que los socialistas de todos los partidos, que decía Hayek, han aprendido que su futuro depende, en gran medida, de los nuevos electores, cuya movilización es razonable pensar que estará más relacionada con los beneficios directos que puedan obtener como colectivo, que con cualquier otra cosa.
No es descabellado pensar, como ha denunciado la polémica Katie Hopkins en Gran Bretaña, al más puro estilo Oriana Fallaci en su día, que existe una amenaza real que apunta a todo el sistema, que está surgiendo entre nosotros una coordinación de mando e instrucciones electorales para este colectivo que irá aflorando y aumentando progresivamente, terminando por condicionar todo.
La red de transmisión es evidente que ya existe, lo hemos visto en no pocos países occidentales, puede activarse de inmediato, y no sólo cuando perciben un agravio existencial, por lo que el escenario puede decirse que ha cambiado para siempre y que vamos a recordar con frecuencia la obra de Michel Houellebecq que en algunos lugares ya se está viendo incluso superada.
*** Juan J. Gutiérrez Alonso es profesor de Derecho administrativo.