Carvajal celebra con la afición del Real Madrid un gol frente al Athletic Club.

Carvajal celebra con la afición del Real Madrid un gol frente al Athletic Club. EFE

Tribunas

El Madrid que permanece

Las grandes instituciones, como lo es el Real Madrid, sobreviven cuando integran, no cuando dividen.

Publicada

Hay coincidencias que parecen escritas por la historia. El próximo 7 de junio, mientras Madrid recibe la visita del Papa León XIV, vestido del mismo blanco que identifica desde hace siglos a los pontífices de Roma, los socios del Real Madrid estamos llamados a las urnas para decidir el futuro de nuestra institución.

El blanco es una hermosa metáfora de continuidad y permanencia, de una herencia recibida y de una responsabilidad que debe transmitirse a las generaciones futuras.

Las fechas invitan además a la reflexión. El 2 de junio se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Santiago Bernabéu y, apenas un día después de las elecciones, el 8 de junio, se cumplirán 131 años de su nacimiento.

Entre ambas efemérides, los socios tendremos la responsabilidad de decidir qué rumbo queremos para nuestro club. Porque cuando votamos no elegimos únicamente a un presidente: decidimos cómo proteger una institución que pertenece a sus propietarios legítimos, los socios.

Santiago Bernabéu comprendió mejor que nadie esa idea. Durante sus treinta y cinco años al frente del Real Madrid transformó una entidad deportiva de referencia nacional en una institución global, construyó el estadio que hoy lleva su nombre e impulsó una etapa legendaria culminada con seis Copas de Europa en una década.

Sólo una vez ha vuelto a repetirse una hazaña semejante: bajo la presidencia de Florentino Pérez, entre 2014 y 2024.

No es una opinión. Es un hecho histórico.

Florentino Pérez, durante la presentación de su candidatura.

Florentino Pérez, durante la presentación de su candidatura. EFE

Naturalmente, las comparaciones entre épocas deben hacerse con prudencia. Pero existe una coincidencia difícil de ignorar: ambos presidentes llegaron al club en momentos decisivos y ambos comprendieron que la grandeza deportiva sólo puede sostenerse sobre instituciones fuertes.

Bernabéu construyó el Real Madrid moderno.

Florentino Pérez garantizó que la institución siguiera siendo el club más poderoso del mundo sin dejar de pertenecer a sus socios.

Bernabéu fue también un gran integrador. Para miles de españoles emigrados o exiliados, el club fue un punto de encuentro y una casa común. Quizá esa sea también una de las mayores aportaciones de Florentino Pérez: haber mantenido unido al madridismo bajo un proyecto compartido que trasciende ideologías, generaciones y circunstancias personales.

En el madridismo conviven sensibilidades muy distintas, empresarios y trabajadores, jóvenes y veteranos, todos unidos por unos mismos colores y una misma historia.

Las grandes instituciones sobreviven cuando integran, no cuando dividen.

Por eso conviene recordar las elecciones de 2000. Acabábamos de ganar la Octava, pero los socios entendimos que lo importante no era el último resultado deportivo, sino garantizar la independencia futura del club. Votamos pensando en la institución.

Y acertamos.

La experiencia también enseña que el éxito nunca está garantizado. Lo comprobamos tras la salida de Florentino Pérez en 2006. El club pasó de un proyecto sólido y reconocible a años de incertidumbre, divisiones internas y promesas electorales incumplidas que terminaron alimentando más las bromas de nuestros adversarios que la ilusión de los madridistas.

Quienes vivimos aquella etapa todavía recordamos los cánticos reclamando fichajes prometidos y nunca llegados. El regreso de Florentino en 2009 devolvió al Real Madrid la estabilidad y una dirección clara, inaugurando una etapa de éxitos deportivos, económicos e institucionales cuya dimensión histórica hoy resulta difícilmente discutible. Conviene no olvidarlo cuando se nos invita a sustituir certezas por incógnitas.

"Santiago Bernabéu entendió como nadie que la institución estaba por encima de cualquier persona. Quizá por eso el mejor homenaje que podemos rendirle en esta semana tan significativa sea votar con serenidad y sentido institucional"

Los resultados están a la vista: una de las etapas más exitosas de la historia contemporánea, con siete Copas de Europa, decenas de títulos nacionales e internacionales, una posición económica de referencia mundial y un estadio renovado que simboliza la fortaleza institucional del Madrid.

Porque la independencia del Club no se proclama. Se construye.

Santiago Bernabéu entendió como nadie que la institución estaba por encima de cualquier persona. Quizá por eso el mejor homenaje que podemos rendirle en esta semana tan significativa sea votar con serenidad y sentido institucional.

El próximo 7 de junio decidiremos si queremos mantener el proyecto que ha proporcionado a nuestro Madrid la etapa de mayor éxito deportivo, fortaleza económica y prestigio de su historia contemporánea o si, por el contrario, estamos dispuestos a arriesgar el futuro de nuestra institución.

Porque este club no nos pertenece sólo a nosotros. Fue de quienes construyeron el viejo Chamartín y de aquellos emigrantes y exiliados que hicieron suyo el orgullo de ver ganar al Madrid por Europa. Es también de quienes hemos tenido el privilegio de celebrar la Novena, la Décima, la Decimocuarta o la Decimoquinta y de comprobar que la ambición de ganar sólo perdura cuando va acompañada de la responsabilidad de mantener una institución económicamente sólida, independiente y fiel a sus socios.

Y será de quienes algún día lo reciban de nuestras manos para seguir engrandeciéndolo.

La historia de nuestro Real Madrid se ha construido siempre sobre la ambición de hacerlo cada vez más grande y sobre la responsabilidad de preservar aquello que otros nos legaron. Esa es también nuestra tarea hoy.

Hagamos que el futuro siga siendo blanco.

*** Fernando Luján de Frías es socio compromisario núm. 39.853 del Real Madrid.